SIN SPOILER
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EL DIABLO
La Mansión Torres permanecía en silencio.
Oscura.
Elegante.
Peligrosa.
La lluvia golpeaba lentamente los enormes ventanales mientras varios hombres vigilaban los pasillos con @rm@s en las manos.
Nadie hacía preguntas.
Porque cuando el joven maestro llevaba algo personalmente a la mansión…
significaba problemas.
Problemas grandes.
Adaline observaba todo desde una esquina de la habitación.
Tensa.
Desconfiada.
Seguía envuelta en el saco negro de Kain.
Sus alas permanecían pegadas a su cuerpo, ocultas lo mejor posible.
Aunque era inútil.
Nada podía esconder lo que era.
La habitación donde la dejaron era enorme.
Luces tenues.
Muebles oscuros.
Una chimenea encendida.
Demasiado lujo para personas tan peligrosas.
Ella podía sentirlo.
Oscuridad.
Violencia.
El aire mismo estaba impregnado de eso.
Y aun así…
nadie la había lastimado.
Eso la confundía más.
Kain estaba cerca de la puerta observándola en silencio.
No se había acercado demasiado desde lo ocurrido en el bosque.
Parecía entender que ella necesitaba espacio.
Aunque la realidad era otra.
Adaline no quería espacio.
Quería escapar.
Pero apenas podía mantenerse de pie.
Sus alas seguían heridas por el fuego celestial.
Cada movimiento dolía.
Uno de los hombres entró rápidamente a la habitación.
—Joven maestro…
Kain levantó la mirada.
—¿Qué pasa?
El hombre tragó saliva.
—El jefe regresó.
El ambiente cambió inmediatamente.
Incluso los guardaespaldas parecieron tensarse.
Adaline notó el cambio enseguida.
“Jefe.”
El padre de Kain.
El hombre conosido como…
“El Diablo.”
Sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Kain se mantuvo tranquilo.
Aunque por dentro sabía perfectamente lo que significaba esto.
Su padre odiaba las sorpresas.
Y llevar un ángel caída a la mansión definitivamente era una sorpresa.
Pasos comenzaron a escucharse afuera.
Lentos.
Firmes.
Imponentes.
Los hombres enderezaron la postura inmediatamente.
Adaline sintió miedo.
Mucho miedo.
La puerta se abrió.
Y Alessandro Torres entró a la habitación.
El silencio fue absoluto.
Adaline levantó lentamente la mirada…
y entendió por qué todos le temían.
Alessandro imponía incluso sin hablar.
Traje negro perfectamente acomodado.
Cabello oscuro peinado hacia atrás.
Ojos fríos.
Vacíos.
La clase de mirada que parecía capaz de decidir una mu3rt3 sin sentir nada.
El Diablo.
Adaline retrocedió instintivamente.
Sus alas se tensaron.
Alessandro notó eso de inmediato.
Pero no mostró sorpresa.
Primero miró a Kain.
Luego a los hombres.
Y finalmente…
a ella.
Sus ojos se detuvieron en las alas.
El silencio se volvió todavía más pesado.
Uno de los guardaespaldas bajó la mirada nerviosamente.
Porque nadie sabía cómo reaccionaría Alessandro.
Kain habló primero.
—La encontré en el bosque.
Alessandro siguió observando a Adaline.
—Puedo ver eso.
La voz grave del mafioso hizo que Adaline sintiera escalofríos.
No gritaba.
No necesitaba hacerlo.
Su sola presencia daba miedo.
Alessandro caminó lentamente hacia ella.
Adaline retrocedió inmediatamente.
Asustada.
Las plumas de sus alas temblaron.
Kain dio un paso adelante.
—Padre—
Alessandro levantó una mano.
Silencio.
Kain se detuvo.
Adaline observó todo con nerviosismo.
No entendía por qué el ambiente se sentía tan peligroso.
Pero podía notarlo claramente.
Todos le temían a ese hombre.
TODOS.
Alessandro se detuvo a cierta distancia de ella.
Y por primera vez…
algo parecido a curiosidad apareció en sus ojos.
—Un ángel…
Murmuró aquellas palabras como si estuviera viendo algo imposible.
Porque lo era.
En el mundo criminal existían historias.
Rumores.
Pactos oscuros.
Pero jamás pruebas reales de seres celestiales.
Hasta ahora.
Adaline bajó un poco la mirada.
No quería estar ahí.
No quería que la observaran así.
Como un objeto extraño.
Como algo que no pertenecía al mundo.
Porque eso era exactamente lo que sentía.
Alessandro notó las quemaduras en sus alas.
—Fuego celestial…
Kain lo miró ligeramente sorprendido.
—¿Sabes qué es eso?
El mafioso desvió la mirada hacia su hijo.
—Existen muchas cosas que aún no conoces, Kain.
Aquella respuesta hizo que el silencio regresara.
Adaline observó a Alessandro con confusión.
¿Cómo un humano sabía eso?
El Diablo volvió a mirarla.
—¿Cuál es tu nombre?
Ella dudó.
No quería responder.
Pero aquellos ojos fríos parecían atravesarla completamente.
—…Adaline.
Su voz salió apenas audible.
Alessandro permaneció en silencio unos segundos.
Luego habló nuevamente.
—¿Por qué el cielo expulsaría a un ángel?
El miedo cruzó el rostro de Adaline inmediatamente.
Dolor.
Tristeza.
Traición.
Todo volvió de golpe.
Ella retrocedió otro paso.
—No hice nada…
Kain observó el cambio en ella.
Su respiración comenzó a alterarse otra vez.
Como en el bosque.
Como si recordar aquello le doliera demasiado.
Alessandro lo notó también.
Y algo extraño ocurrió.
No insistió.
Simplemente siguió observándola.
Analizándola.
Como si intentara descubrir si era peligrosa.
O rota.
Tal vez ambas.
Uno de los hombres habló nerviosamente.
—Jefe… ¿qué haremos con ella?
Adaline tensó las alas de inmediato.
Miedo.
Otra vez miedo.
Alessandro desvió lentamente la mirada hacia el guardaespaldas.
Y el hombre guardó silencio enseguida.
El Diablo volvió a mirar a Adaline.
Luego a Kain.
Y finalmente dijo:
—Nadie la tocará.
Todos quedaron sorprendidos.
Incluso Kain.
Alessandro jamás protegía algo sin motivo.
Jamás.
Pero había algo en la mirada de su padre.
Algo extraño.
Como si aquel ángel le recordara algo del pasado.
Algo que no quería mencionar.
Adaline seguía desconfiando.
Claro que sí.
Pero cuando levantó lentamente la mirada hacia Kain…
notó algo inesperado.
Él tampoco entendía por qué su padre acababa de protegerla.
Y por primera vez desde que cayó del cielo…
Adaline sintió algo diferente al miedo.
Confusión
que va a pasar en el cielo
que pasará con ese embarazo ?