A pocos días de su boda, Valentina descubre que su hermana está embarazada de su prometido y que su familia apoyaba esa infidelidad. Valentina no lloro, no grito, no reclamo, solo hizo las maletas y salió de esa casa donde siempre ha sido la que sobra.
Pero justo cuando ella creía estar sola, aparece en su vida Mateo Alcázar, el hermano mayor de su ex prometido. Mateo siempre llega en el momento justo cuando ella necesita respaldo y para poder protegerla de todo lo que está por venir, Mateo le pide que se case con él, así estará bajo su protección y nadie podrá volver a humillarla.
¿Aceptara Valentina la propuesta? ¿Por qué Mateo está dispuesto a protegerla?
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Capítulo 3
Capítulo 3
La entrada de Mateo arruinó el casamiento mejor que cualquier copa tirada, cualquier grito o cualquier ex prometida vestida de negro.
Los fotógrafos giraron primero.
Después giraron los invitados.
Después Sonia, Federico, Camila.
Todos.
Yo también, obvio. No soy de piedra.
Mateo caminó por el salón como si no hubiera doscientas personas mirándolo. No saludó a nadie. Eso, en un casamiento de gente con apellido, era casi una declaración de guerra.
Se detuvo a mi lado.
—Valentina.
—Mateo.
No sé quién murmuró primero, pero bastó con eso. Mi nombre en su boca. Su nombre en la mía. Una estupidez, sí. Pero en ese salón cualquier detalle era combustible.
Federico se acercó enseguida.
—¿Ustedes se conocen?
—Compré sus cuadros —respondió Mateo.
—¿Vos? —Federico parecía genuinamente confundido—. ¿Desde cuándo te interesa la pintura?
—Desde que encontré algo que valía la pena mirar.
Camila apretó el ramo.
Yo quise no reaccionar.
Fallé un poco.
—Qué amable que hayas venido —dijo ella, con esa voz dulce que usaba cuando quería que todos vieran lo buena que era.
Mateo la miró apenas.
—No vine por vos.
La frase fue bajita, pero la escucharon los suficientes.
Camila se puso color papel.
Federico dio un paso.
—Mateo, no empieces.
—No empecé yo.
—Es mi casamiento.
—Sí. Con la hermana de tu prometida.
Silencio.
Hermoso silencio.
Camila tragó saliva. Sonia apareció como si la hubieran invocado con vergüenza.
—Mateo, vení conmigo.
—No.
—Ahora.
—Mamá, estás interrumpiendo a la novia.
Sonia me miró con un odio tan fino que casi parecía perfume.
—Valentina, por favor, no hagas esto más difícil.
Ahí me cansé.
—¿Yo? Señora, yo vine, saludé y todavía no tiré nada. Bastante educada estoy.
Alguien atrás tosió para esconder una risa.
Camila se acercó a mí.
—Siempre querés llamar la atención.
—Hoy te dejé el vestido blanco y el marido. No seas ingrata.
Su cara cambió. Por un segundo vi a la Camila real. No la embarazada frágil, no la hija dulce. La otra. La que quería ganar aunque ya hubiera ganado.
—Federico me ama —susurró.
—Entonces disfrútalo. ¿Por qué me mirás tanto?
La ceremonia empezó tarde. Yo me senté al fondo porque tampoco era necesario clavarme en primera fila como una amenaza con tacos.
Mateo se sentó dos lugares más allá.
—No tenías que quedarte cerca —murmuré.
—No estoy cerca.
—Estás a dos sillas.
—Hay una señora entre nosotros.
La señora nos miró espantada.
Casi me reí.
Casi.
Camila caminó al altar del brazo de mi papá. Esa parte sí me dolió. No esperaba que doliera tanto. Ernesto la llevaba con cuidado, como si ella fuera lo más frágil del mundo. A mí me había dejado cruzar sola medio país con una culpa que no era mía.
Me mordí la mejilla por dentro.
No iba a llorar.
Federico dijo sus votos. Habló de amor, familia, futuro.
Qué caradura.
Camila lloró en el momento exacto. La gente suspiró. Yo miré mis manos.
Cuando terminó, todos aplaudieron.
Mateo no.
En la recepción, una mujer que apenas conocía se acercó con una copa.
—Debe ser muy difícil para vos.
Sonreí.
—Más difícil debe ser abrir conversación así y pensar que una queda bien.
La mujer se fue ofendida.
Mateo apareció a mi lado.
—Mordés.
—Solo cuando meten los dedos.
—Bien.
—No necesito aprobación.
—No era aprobación. Era interés.
Esa palabra me incomodó.
Camila no tardó en volver. Arrastraba el vestido como si arrastrara a toda la familia detrás.
—No entiendo qué hacés pegada a Mateo.
—Estoy parada. El resto lo estás imaginando.
—Te conozco, Valentina. No soportás verme feliz.
—Te estoy viendo casada con Federico. Feliz no es la palabra que usaría.
Federico apareció justo para escuchar.
—Basta.
—Sí —dije—. Basta estaría buenísimo.
Camila levantó la mano.
Fue rápido.
Mateo la agarró antes de que me tocara.
No fuerte. No hizo falta. Camila se quedó helada.
—Pedile perdón —dijo él.
—¿Qué?
—Ahora.
Federico miró alrededor. Había demasiada gente mirando. Demasiados teléfonos cerca.
—Mateo, soltala.
—Cuando pida perdón.
Camila empezó a llorar.
—Estoy embarazada.
—No enferma de educación —dije.
Mateo me miró de reojo. No sé si divertido o sorprendido.
Camila apretó los dientes.
—Perdón.
—A ella.
—Perdón, Valentina.
No disfruté tanto como debería.
Me fui a la terraza porque de golpe el salón me quedaba chico. Afuera hacía frío y olía al río. Me apoyé en la baranda, respirando como si acabara de correr.
Mateo salió detrás.
—No necesitaba que hicieras eso —dije.
—Sí necesitabas.
—No soy débil.
—Nunca dije eso.
—Entonces no me trates como si fuera tu problema.
Se apoyó a mi lado.
—Todavía no sos mi problema.
Otra vez.
Todavía.
Lo miré.
—Dejá de hablar como si supieras algo que yo no.
—Sé varias cosas que vos no.
—Qué insoportable.
—También sé que Federico acaba de darse cuenta de que perderte no le salió gratis.
Me giré hacia el salón. Federico nos miraba desde adentro, con la copa en la mano y la mandíbula tensa.
Camila también miraba.
Pero ella no parecía triste.
Parecía asustada.
—¿Qué querés de mí? —pregunté.
Mateo no respondió enseguida.
Me miró la boca. Un segundo. Lo suficiente para que mi cuerpo se diera cuenta antes que mi cabeza.
—Que dejes de fingir que no necesitás a nadie —dijo.
Me reí, nerviosa.
—¿Y vos querés ser ese alguien?
—Podría.
—No sabés ni cómo tomo el café.
—Sin azúcar cuando estás nerviosa. Con azúcar cuando querés hacerte la tranquila.
Me quedé muda.
—Eso es raro —dije.
—Sí.
No lo negó.
Eso fue todavía peor.
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Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.
Pero me está aburriendo esta novela. Mucho misterio.