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Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor-odio / Ascenso de clase social
Popularitas:458
Nilai: 5
nombre de autor: Ana Luz Albarracín

Morgana tiene 24 años y siente que su vida se detuvo entre los campos de soja de Entre Ríos. Cansada de la monotonía, del trabajo pesado y de la presión de un futuro trazado por su familia, decide armar las valijas y mudarse a la provincia de Buenos Aires en busca de una nueva oportunidad.
​Sin embargo, el cambio de aire resulta ser más caótico de lo que esperaba. En medio del bullicio de la gran ciudad y durante una multitudinaria marcha manifestante, un choque fortuito cambia sus planes por completo: termina cara a cara con el hijo mimado de la presidenta de Argentina.
​Entre el choque de dos mundos opuestos -la vida rural y humilde contra el privilegio y la política de alto nivel-, Morgana se verá envuelta en un torbellino de secretos, flashes de prensa y una tensión inesperada de la que no podrá escapar tan fácilmente.

NovelToon tiene autorización de Ana Luz Albarracín para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 20

Nunca sentí un dolor tan grande en el pecho como al ver a la persona que me crió descansando, sin vida, en aquel cajón.

​Mi papá vino al entierro solo por compromiso y se marchó a los pocos minutos. A pesar del nudo en la garganta, recordé la promesa que le hice a Teté: no dejé que el rencor me consumiera, pero entendí que el lazo estaba roto. Desde ese día, mis padres pasaron a ser simplemente las personas que me dieron la vida, nada más.

Estaba arrodillada en la tierra húmeda al frente de la lápida y caía un aguacero que humedecía mi ropa, pero ya nada importaba.

​Mi teléfono no paraba de sonar, pero lo ignoraba, hasta que al final contesté, enojada:

​—¿Quién es? No estoy para nada ni para nadie.

​Escuché la voz del que se había convertido en el último año en mi consejero: Matteo Rossi.​—Lo siento, querida, por la pérdida de tu ser querido.

​Se tomó su tiempo para volver a hablar.

​—En Buenos Aires se encuentra Ivan Rocusso, un hombre italiano al que le fascina el arte. Es tu oportunidad de brillar, ya que está el evento «Le ceramiche del talento risplendono», y sabés que no es cualquier oportunidad.

Miré por un segundo la tumba cubierta de tierra húmeda y flores frescas, sintiendo cómo las gotas de lluvia se mezclaban con las lágrimas que rodaban por mi cara. Las palabras de Teté resonaron en mi mente con la fuerza de un mandato: «Quiero que cuando yo no esté no te culpes y dejés ese rencor que te consume...»

Cerré los ojos, respiré profundo y apreté el teléfono contra mi oído.

—Está bien, Matteo —dije con la voz rasposa pero firme—. Acepto.

Del otro lado de la línea se escuchó un suspiro de alivio.

—Es la decisión correcta, Morgana —respondió él con calidez—. Esta exposición es el escenario perfecto para que el mundo vea la transformación de tu arte. Te consigo el pasaje a Buenos Aires para mañana mismo.

—Gracias, Matteo —murmuré, mirando por última vez la lápida de mi abuela—. No voy a ir para demostrarle nada a nadie ni para alimentar ningún rencor. Voy por mí... y por ella.

Corté la llamada y guardé el celular en el bolsillo. Le di un beso a la punta de mis dedos y los apoyé sobre la tierra mojada, despidiéndome de Teté en silencio. Ya no había vuelta atrás. Era momento de viajar a Buenos Aires, enfrentar los fantasmas del pasado con la frente en alto y presentar la obra que marcaría el verdadero inicio de mi libertad.

Esa llamada de Matteo Rossi fue la señal que necesitaba para levantarme.

Agarré mi bolso de mano, miré la habitación del hotel por última vez y salí hacia la terminal. El viaje de Entre Ríos a Buenos Aires se sintió totalmente distinto al de venida: el aire ya no pesaba de la misma forma, el nudo en la garganta se había disuelto y el paisaje por la ventanilla me devolvía la imagen de una Morgana que finalmente caminaba liviana.

Al llegar a la capital, el vértigo de la ciudad me recibió con su ritmo frenético. Me acomodé rápido en el hotel y me preparé para la noche en la galería. Mientras me arreglaba frente al espejo, no vi a la chica lastimada del pasado ni a la artista que buscaba aprobación: vi a una mujer entera, lista para presentar su arte desde el amor y la libertad.

Cuando llegué al evento Le ceramiche del talento risplendono, las luces del lugar y el Murmullo de los invitados marcaban el inicio de esta nueva etapa. Estaba a punto de cruzar la entrada cuando lo vi a él a lo lejos, esperándome junto a la figura que menos esperaba volver a ver...

La gala iba fantástica hasta que crucé miradas con la persona que me marcó: Elian Capell.

​Él solamente se acercó y mutuamente nos abrazamos.

​—Lo siento, me comporté como una tonta. Solamente estaba celosa de que la hayas elegido a ella y no te haya dolido dejarme.

​—Tú perdóname a mí; me comporté de la manera más egoísta posible y nunca me lo perdonaré por dejarte a ti y no ayudarte a cumplir tu sueño.

Sonreí con suavidad, sintiendo cómo el último peso que llevaba en el pecho se disipaba por completo. Lo miré a los ojos con la serenidad de quien ya no hablá desde la herida.

—Elian, no guardes esa culpa —le respondí con voz firme y pausada—. Ya te perdoné hace tiempo, y hoy te lo digo mirándote a la cara: no te debo nada y vos tampoco me debés nada a mí. Ambos tomamos los caminos que teníamos que tomar para crecer.

Él me observó en silencio, como si estuviera procesando la ligereza y la madurez de mis palabras.

—Te agradezco por lo que fuiste en mi vida, pero mi presente y mi futuro van por otro lado —continué, ofreciéndole una mano en gesto de despedida—. De corazón, te deseo que encuentres tu paz y que seas muy feliz.

Elian tomó mi mano con respeto, apretándola despacio.

—Gracias, Morgana. De verdad... cuídate mucho y brillá todo lo que tengas que brillar.

Nos dedicamos un último asentimiento. Solté su mano y me di la vuelta para reunirme con Matteo e Ivan Rocusso. No había tristeza ni reproche en mis pasos; solo la certeza absoluta de que el pasado había quedado atrás y mi nueva vida acababa de empezar.

Esa noche me encontraba abrumada por la certeza de que Buenos Aires se convirtió en un lugar que me marcó para siempre.

​Mis obras no las compró Ivan, sino que un número desconocido las compró por el doble de dinero de lo que salían.

​Paseando de madrugada por las bellas calles que me vieron reír, llorar y enojarme, caminaba con una botella de champán en la mano, tomando del pico y tropezando con mis propios pies, ya que estaba muy borracha, hasta que me encontré con alguien, pero mi visión nublada por el alcohol no me dejaba identificarlo.

​La molestia del sol dándome en los ojos y el olor a huevos revueltos me hicieron despertar.

​Espera, estaba teniendo un déjà vu; esta habitación se me hacía conocida.

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Maria M. Rosario
Creo q la familia lo savo del.medio. y no es cierto q va tras Alexandra o quizas ellos se lo hiceron creer.
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