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Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Mi Mundo Termina Contigo (Vindicta Dinasty 3)

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Amor eterno / Mafia
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Romero

Años después, Chiara y Markus han construido algo más que un imperio: tienen una hija que se convierte en lo único que realmente los une.

Pero los enemigos del pasado no han desaparecido.

Las guerras que comenzaron años atrás vuelven con más fuerza, y esta vez el precio es mucho más alto. Traiciones, venganzas y viejos secretos provocan una caída devastadora.

Muchos aliados mueren, las familias se destruyen y el imperio que tanto costó mantener empieza a desmoronarse.

Chiara tendrá que enfrentarse a la decisión más difícil de su vida: seguir luchando por el poder o salvar a lo único que queda de su mundo: su familia.

NovelToon tiene autorización de Paula Romero para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitolo 5

...🥀...

Al llamar a su padre, Valeria tuvo que interrumpir una conversación entre él y su tío Volker. Sabía que aquello no sería fácil. Le costaba admitirlo, pero finalmente le contó todo a Markus.

La reacción de su padre fue inmediata.

Mandó aumentar discretamente la seguridad de Valeria.

Ella se enfureció. Sentía que Markus volvía a tratarla como a una niña, como si pudiera decidir por ella desde miles de kilómetros de distancia. Pero lo que realmente hizo estallar la discusión fue el tema que ambos habían evitado durante años.

—No pienso dejar mis responsabilidades en Londres porque creas que puedo estar en peligro por culpa de tus enemigos. Es tu guerra, no la mía.

—¿Acaso crees que no es suficiente con que te estén acosando por teléfono? ¿Que te sientas insegura incluso cuando sales a la calle? —La voz de Markus se endureció—Estar sola allá te pone en peligro y necesito que estés en un lugar donde pueda protegerte.

—Vamos, ¿en serio crees que Lombardía es el mejor lugar para protegerme? ¿No era precisamente el lugar que estabas evitando porque allí corría más peligro?

Hubo un silencio.

—Sé lo que dije —respondió Markus—Pero a estas alturas debes recordar algo, Valeria. Tú no eres una persona normal.

—No empieces.

—Eres mi hija. La hija de los capos de la mafia alemana e italiana. Puedes ocultarle al mundo tus orígenes, cambiar de apellido, construir una vida lejos de nosotros... pero el bajo mundo sabe quién eres. Y para nuestros enemigos eres un punto débil que pueden utilizar en mi contra.

—No soy un punto débil.

—Para mí sí.

Valeria apretó la mandíbula.

—Padre...

—No quiero arriesgarte más. Aquí, en Lombardía, puedes seguir trabajando. Tendrás protección y estarás cerca de nosotros.

—Pero Londres es mi hogar. ¿Sabes lo que diría la prensa si mandara un comunicado anunciando que estaré durante un tiempo en Lombardía? Averiguarían todo. Descubrirían que soy tu hija. ¿Te imaginas lo que dirían? Todo se vendría abajo. Nadie querría hacer negocios con la hija de dos de los mafiosos más buscados de Europa.

—Sé que tu mundo podría cambiar.

—¡No! No lo sabes.

Markus guardó silencio durante unos segundos.

Cuando volvió a hablar, su tono fue mucho más frío.

—Entonces escúchame bien. Tienes dos opciones. Pones primero tu vida o pones primero tu trabajo.

Valeria no respondió.

—Tú decides.

Markus colgó.

Valeria se quedó mirando el teléfono.

Las palabras de su padre comenzaron a repetirse en su cabeza una y otra vez. Incluso cuando Charlotte intentaba hablarle, apenas prestaba atención.

—Oye, Val... ¿me estás escuchando?

—¿Qué?

—Necesito que firmes estos documentos. Son las autorizaciones para exportar. Te veo muy distraída.

—Estoy reorganizando mis ideas. Ya te los firmo.

Valeria tomó el bolígrafo y firmó los documentos casi mecánicamente.

Después pidió quedarse sola.

Cuando la puerta se cerró, dejó escapar el aire que llevaba conteniendo.

Mientras tanto, muy lejos de allí, en Rusia...

Leonid permanecía sentado en un enorme sofá de piel, con un cigarrillo entre los dedos. El humo se elevaba lentamente frente a su rostro mientras varios de sus hombres permanecían alrededor, en absoluto silencio.

Leonid parecía tranquilo.

Demasiado tranquilo.

La puerta se abrió.

Klaus apareció con el rostro tenso y una expresión de agotamiento que no consiguió ocultar.

Leonid levantó la mirada.

Una sonrisa torcida apareció en sus labios.

—¿Qué pasó, viejo Klaus? —soltó con una risa baja—Parece que alguien te dio una bofetada. Mira esa mejilla... ¿o es que te sonrojaste al verme?

—No digas tonterías, Leonid.

—Entonces siéntate. Tienes cara de hombre que viene a escuchar malas noticias.

Klaus tomó asiento frente a él.

—Greta está alterada. Quiere dar rápidamente con Markus y Chiara. Quiere terminar esto de una vez por todas. No toleramos que ellos disfruten de sus vidas mientras nosotros seguimos sufriendo por la muerte de nuestros seres queridos.

Leonid dio una calada al cigarrillo.

—La vida es así, Klaus.

Expulsó el humo lentamente.

—Algunos lloran a sus muertos. Otros se aseguran de que los responsables los acompañen en la tumba.

Klaus lo miró fijamente.

—No estamos aquí para escuchar filosofía.

Leonid sonrió.

—No. Estás aquí porque necesitas algo de mí.

Klaus permaneció callado.

—Tengo información valiosa contra tu sobrino.

La expresión de Klaus cambió.

—Él dejó de ser mi sangre cuando decidió arrojarse a los brazos de esa mujer. Por poco acaba con el imperio que construí junto a mi difunto hermano Bruno y mi difunta cuñada Erika.

Leonid soltó una pequeña carcajada.

—¿Quién no caería en los brazos de Chiara? —Su sonrisa se volvió más oscura—. La edad no la envejece. La hace parecer más joven... y mucho más peligrosa.

Klaus no respondió.

Leonid apagó lentamente el cigarrillo contra el cenicero.

—Pero no estamos aquí para hablar de Chiara.

Se inclinó hacia delante.

—Estoy hablando de tu querida sobrina.

—Ella tampoco forma parte de mi familia. Si es como Markus y Chiara, entonces merece exactamente lo mismo que ellos.

—Qué curioso... —murmuró Leonid—. Eso es precisamente lo que quería escuchar.

Klaus frunció el ceño.

—¿Qué sabes?

Leonid permaneció unos segundos en silencio.

Parecía disfrutar de cada segundo de aquella espera.

—Valeria está en Londres.

Klaus no reaccionó.

—Y ha heredado de su padre algo más que el apellido —continuó Leonid—. Tiene su inteligencia para los negocios. Su capacidad para detectar amenazas. Y, sobre todo, tiene esa maldita costumbre de observar antes de actuar.

—¿Y?

Leonid sonrió.

—Ya sabe que la seguimos.

Klaus se quedó inmóvil.

—¿Entonces por qué sigues hablando como si estuviera indefensa?

—Porque saber que la observan no significa saber desde dónde.

Leonid se levantó lentamente.

Caminó hasta la ventana mientras sus hombres permanecían inmóviles.

—He estudiado sus movimientos. Sus horarios. Las personas que frecuenta. Sus negocios. Incluso la manera en que reacciona cuando siente que algo no encaja.

Klaus lo observó con creciente inquietud.

—¿Qué has hecho?

Leonid giró la cabeza.

—He decidido pasar a la fase dos.

Klaus se puso de pie.

—¿La vas a matar?

Leonid soltó una carcajada.

No fue una risa divertida.

Fue breve, fría y desagradablemente tranquila.

—¿Matarla?

Se acercó hasta quedar frente a Klaus.

—No, viejo amigo. Matarla sería demasiado sencillo.

Klaus entrecerró los ojos.

—Entonces, ¿qué demonios planeas?

Leonid bajó la voz.

—Quiero que Markus tenga miedo.

—¿Miedo?

—No. —Sonrió—. Quiero que conozca el verdadero significado de esa palabra.

Leonid caminó alrededor de Klaus como un depredador midiendo a su presa.

—Durante años Markus creyó que podía esconderse detrás de su dinero, sus hombres y su apellido. Chiara hizo exactamente lo mismo. Construyeron una vida creyendo que la guerra había terminado.

Se detuvo detrás de Klaus.

—Pero una guerra no termina porque dejes de escuchar los disparos.

Klaus permaneció inmóvil.

—¿Y Valeria?

Leonid se inclinó ligeramente hacia él.

—Valeria es el mensaje.

Klaus giró el rostro.

—¿Qué quieres decir?

Leonid sonrió.

—Quiero que Markus comprenda que no importa cuántos hombres coloque alrededor de su hija. No importa dónde la esconda. No importa cuánto dinero gaste.

Hizo una pausa.

—Siempre habrá una puerta que él no pueda cerrar.

Klaus tragó saliva.

—¿Y Chiara?

La sonrisa de Leonid desapareció.

—Ella será la primera en entenderlo.

El silencio se volvió pesado.

Leonid regresó lentamente hacia su sillón y tomó otro cigarrillo.

—No voy a destruirlos de golpe, Klaus.

Encendió el cigarrillo.

—Voy a quitarles todo poco a poco.

Una primera calada.

—Su tranquilidad.

Otra.

—Su confianza.

Otra más.

—Su seguridad.

Finalmente, levantó la mirada.

—Y cuando estén convencidos de que ya no pueden perder nada...

Sonrió.

—Les demostraré que todavía les queda algo que perder.

Klaus lo observó con una mezcla de temor y admiración.

—¿Estás seguro de que funcionará?

Leonid soltó el humo lentamente.

—No necesito que funcione.

Sus ojos se clavaron en los de Klaus.

—Necesito que tengan miedo de que funcione.

Se hizo el silencio.

—Tú solo espera —añadió Leonid—. Markus Becker y Chiara Vindicta volverán a temblar. Después de tantos años, recordarán quién comenzó esta guerra.

Una sonrisa fría apareció nuevamente en su rostro.

—Y esta vez...

Miró hacia la oscuridad de la noche rusa.

—No voy a atacar su imperio.

Pausó.

—Voy a atacar aquello que ellos consideran intocable.

...CONTINUARÁ......

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