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Existencia Y Perseo.

Existencia Y Perseo.

Status: En proceso
Genre:Mundo mágico / Acción / Multi-reencarnación
Popularitas:12.9k
Nilai: 5
nombre de autor: XintaRo

Relatos cortos del héroe multiversal Perseo, contado desde la mente de Exístencia, el creador de la realidad y del ser. Ven y ve el abismo y la luz como nunca antes creíste poder verles, adéntrate en esta historia de tragedias, triunfo que saben a derrotar y a la valentia que tiene un alma eterna que viaja libre sin las cadenas de la existencia escrita sobre su ser.

NovelToon tiene autorización de XintaRo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Parte 2.

2. Los latidos de la oscuridad.

La bota de Perseo se hundió en una capa de musgo carnoso que cubría el umbral del sector residencial de oficiales. El sonido fue similar al de una esponja empapada siendo estrujada. El hedor, que antes era solo un matiz, se volvió insoportable, una mezcla de amoníaco y carne en descomposición que el sistema de filtrado de su traje apenas lograba mitigar.

—Andrómeda, el aire está cambiando —murmuró Perseo, notando cómo una neblina carmesí comenzaba a arremolinarse alrededor de sus rodillas—. ¿Qué es esa bruma?

—Análisis en curso —respondió la IA—. Se trata de una suspensión de esporas con propiedades neurotóxicas. Están diseñadas para degradar la voluntad del huésped antes de la asimilación física. He aumentado la presión interna de tu traje para evitar cualquier infiltración. No abras el casco bajo ninguna circunstancia.

Perseo asintió, aunque sabía que ella no podía verlo físicamente, solo sentir sus constantes vitales. El rifle de pulsos pesaba en sus manos, un recordatorio metálico de una realidad que ya no existía. Avanzó por el corredor principal, donde las luces del techo parpadeaban con un espasmo eléctrico. Cada vez que la luz se apagaba, las sombras parecían estirarse, adquiriendo formas que desaparecían al volver el brillo.

De repente, un estrépito metálico resonó a su derecha. Perseo giró el arma, apuntando hacia una puerta de servicio que colgaba de una sola bisagra. De la oscuridad surgió una figura. Caminaba con un paso errático, arrastrando una pierna que terminaba en una masa de cartílago y hueso expuesto. Era Elías, el oficial de comunicaciones y mejor amigo de su padre.

—¿Elías? —gritó Perseo, la esperanza luchando contra el pavor.

La figura se detuvo. Cuando la luz de la linterna de Perseo iluminó su rostro, el joven retrocedió hasta chocar con la pared opuesta, que se sintió cálida y blanda bajo su espalda. Elías ya no tenía mandíbula inferior; en su lugar, una serie de filamentos rojos colgaban como una barba de medusa, goteando un fluido que corroía el metal del suelo. Sus ojos eran dos pozos de color púrpura brillante, sin pupilas ni iris.

—Perseo... —la voz no salió de la boca de Elías, sino de los filamentos, una vibración aérea que imitaba el habla humana—. Únete... el silencio es hermoso... Amine nos llama.

—Andrómeda, ¿qué hago? —gritó Perseo, viendo cómo la criatura comenzaba a correr hacia él con una velocidad antinatural, sus extremidades doblándose en ángulos imposibles.

—¡Fuego de supresión! Ya no hay rastro de actividad cerebral humana en el objetivo. Es una amenaza biológica activa.

Perseo apretó el gatillo. El rifle soltó una ráfaga de pulsos de energía azulada que impactaron en el pecho de la criatura. Elías salió despedido hacia atrás, pero no cayó. El tejido orgánico se cerró casi instantáneamente sobre las quemaduras, y los filamentos rojos comenzaron a tejerse entre sí para reparar el daño. La criatura soltó un alarido agudo que no pertenecía a ninguna garganta terrestre.

—¡Apunta a los nudos nerviosos en la base del cuello! —ordenó la IA.

Perseo ajustó su puntería, sus manos empapadas en sudor dentro de los guantes. Disparó de nuevo, esta vez concentrando el fuego en la unión entre la cabeza y los hombros. Una explosión de fluido oscuro bañó la pared y la criatura se desplomó, deshaciéndose en una masa de raíces que intentaron agarrarse al suelo antes de quedar inertes.

El joven se quedó allí, jadeando, mirando los restos del hombre que le había regalado su primer libro de navegación. El vacío cósmico de la situación lo golpeó. No había honor en esta batalla, solo una carnicería necesaria para no ser devorado por un jardín de pesadilla.

—Debes seguir moviéndote —insistió Andrómeda—. El disparo ha alertado a la red local. Siento múltiples firmas térmicas convergiendo en tu posición desde los niveles inferiores.

Perseo comenzó a correr. El pasillo parecía haberse estrechado. Las raíces en las paredes se habían vuelto más gruesas, formando arcos que recordaban a las costillas de una ballena colosal. El sonido rítmico que había escuchado antes se intensificó. No era un latido mecánico, era un trueno sordo que hacía vibrar el suelo y las paredes. Dum-dum. Dum-dum.

—¿Qué es ese sonido, Andrómeda? Parece que la nave entera está respirando.

—La estación Nautilos-Magna ha sufrido una integración estructural con el organismo invasor —le respondió—. Los generadores de gravedad y los sistemas de soporte vital han sido desviados para alimentar una masa biológica central ubicada en el puente de mando. El sonido que escuchas es la bomba de fluidos de la entidad. Está usando la energía de fusión de la nave para metabolizar la materia orgánica de la tripulación.

Perseo llegó a un cruce de caminos. A la izquierda, el camino hacia los laboratorios; a la derecha, el ascensor de carga hacia el puente. Las raíces en el camino de la derecha eran tan densas que formaban una pared casi infranqueable de carne palpitante.

—El ascensor está bloqueado por crecimiento de nivel cuatro —informó Andrómeda—. Tendremos que atravesar los laboratorios de hidropónica para encontrar una ruta alternativa por los conductos de mantenimiento.

Perseo giró hacia la izquierda. Al entrar en el sector de hidropónica, el horror cambió de forma brutal.

Lo que antes eran tanques de cultivo para vegetales frescos eran ahora incubadoras de algo nuevo. Dentro de los tanques, cuerpos humanos flotaban en un líquido amniótico oscuro, conectados por cables orgánicos que entraban por sus espinas dorsales. No parecían muertos, sino en un estado de transformación constante. Sus extremidades se alargaban, sus pieles se volvían transparentes, revelando órganos que no tenían lugar en la anatomía humana.

—Están siendo cultivados… —susurró Perseo, incapaz de apartar la vista.

—Están siendo optimizados —corrigió Andrómeda con su lógica despiadada—. La entidad Amine no solo consume, sino que adapta. Está creando una fuerza de defensa para la estación. Perseo, detecto un movimiento masivo bajo los tanques.

El suelo de metal bajo sus pies crujió. De las rejillas de drenaje empezaron a surgir manos, manos que tenían demasiados dedos y que terminaban en ganchos óseos. El latido de la nave se aceleró, volviéndose un rugido ensordecedor que parecía querer reventar los tímpanos de Perseo incluso a través del casco.

—¡Corre! —gritó la IA.

Perseo saltó sobre uno de los tanques de cultivo, viendo cómo las criaturas emergían de las sombras con una coordinación aterradora. Eran decenas, una marea de carne pálida y raíces rojas que fluía por el suelo de la hidropónica. Corrió hacia la puerta del fondo, disparando ráfagas cortas para mantener a raya a los que se acercaban demasiado.

Justo antes de llegar a la salida, una de las criaturas saltó desde el techo. Era pequeña, con el cuerpo de un niño, pero con el rostro reemplazado por un solo ojo enorme y húmedo. Perseo la golpeó con la culata del rifle, sintiendo cómo el hueso se quebraba bajo el impacto, pero el ser no emitió sonido alguno, solo intentó morder el sello de su cuello con dientes que parecían astillas de cristal.

Logró lanzarla lejos y cruzar la puerta, sellándola manualmente con una palanca de emergencia. El metal gimió cuando las criaturas al otro lado empezaron a golpear la superficie con una fuerza inhumana.

—Estamos a salvo... por ahora —jadeó Perseo, apoyándose en la puerta.

—No… —dijo Andrómeda, y por primera vez hubo algo parecido a la urgencia en su voz sintética—. Escucha…

Perseo pegó el casco a la pared. El sonido rítmico del corazón gigante ya no venía de lejos. Estaba justo debajo de él, y no era solo un latido. Era un coro de miles de voces susurrando su nombre en una frecuencia que hacía que sus dientes vibraran.

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meganikita
me encanta🥰un perseo sacerdote☺️
Anon
Genial un Perseo sacerdote 😮
Anonymous
😘😘😘
jotape
Me encantan las portadas🤟 la de los 4800 años la pude de pantalla de inicio en el celu
jotape
🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟🤟
jotape
Noooo perseoooo
jotape
🙀
jotape
Me encantaaaaaaaaaaaaa🤟🤟🤟🤟
latifa
algo me dice que el detective de la luz rojo carmesi es un Perseo 🤭😂
jotape: Yo creo lo mismooooo🙀
total 1 replies
jotape
Sige asi Xin
entomomoyan
Me encantaaa 🙀
entomomoyan
Noooo😭
Anon
se quedo sin Helena😭
Anon
me encanta el idioma de estos mundos👏🥰
entomomoyan
Muy buenooo
entomomoyan
Las portadas de los capítulos estan muy buenas
entomomoyan
Que buenas las historias 👍
entomomoyan
Correee Perseo
entomomoyan
😭Pobresito
entomomoyan
Me encanta👍
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