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En El Corazón De Jurubirá

En El Corazón De Jurubirá

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor prohibido / Amor eterno
Popularitas:659
Nilai: 5
nombre de autor: Yaneth González Hurtado

"En el pintoresco corregimiento de Jurubirá, en la exuberante región del Chocó colombiano, Aurora vive una vida sencilla y tranquila, ajena a los secretos que guarda su pasado. Rodeada de ríos cristalinos, selva vibrante y la calidez de su familia, cada día parece igual… hasta que la llegada de Pablo, un joven de la ciudad de Madrid, irrumpe en su mundo. Entre encuentros inesperados, emociones que desafían su corazón y secretos familiares que podrían cambiarlo todo, Aurora deberá enfrentar la diferencia de clases, los sentimientos prohibidos y la incertidumbre de un destino que jamás imaginó."

NovelToon tiene autorización de Yaneth González Hurtado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Salitre en las Venas

El primer día de Pablo como un "don nadie" comenzó antes de que el sol lograra romper la neblina del muelle. Sin un peso en el bolsillo y con la amenaza de Doña Carmen de echarlo de la posada, Pablo entendió que su apellido Rossi no servía para comprar pan. Se puso una camiseta vieja, se amarró las botas que ya estaban peladas por las rocas y caminó hacia la zona de carga.

Julio Garcés estaba allí, dirigiendo el desembarco de la sal. Al ver a Pablo, se detuvo, apoyando sus manos callosas en la cintura.

—¿Qué busca aquí, Rossi? —preguntó Julio con una voz neutra, ni amable ni agresiva—. Este no es lugar para turistas con remordimientos.

—Busco trabajo, Julio —respondió Pablo, sosteniéndole la mirada—. Carmen me va a echar de la posada si no pago hoy. Y no quiero pedirle nada a mi padre. Si tengo que sudar para comer, lo voy a hacer.

Julio lo miró de arriba abajo. Vio la determinación en los ojos del joven, pero también la fragilidad de sus hombros.

—Esos bultos de sal pesan cincuenta kilos, muchacho. Queman la piel y rompen la espalda. Si se rinde a la media hora, no le voy a pagar ni un peso.

—No me voy a rendir —sentenció Pablo.

Pasaron tres horas. El sol de Jurubirá caía como fuego líquido. Pablo sentía que los pulmones le estallaban. Cada bulto de yute que cargaba sobre sus hombros le raspaba la piel, dejando una mezcla de sangre y sal que ardía como el infierno. Sus manos, acostumbradas a las teclas de una computadora, empezaron a llenarse de ampollas que reventaban con el roce.

Aurora llegó al muelle con una canasta de pescado para el mercado. Se detuvo en seco al ver la escena. Pablo estaba tambaleándose, con la cara roja por el esfuerzo y la camiseta empapada, pero seguía caminando hacia el camión de carga.

—¡Rossi, suelte eso! —gritó Aurora, acercándose con pasos rápidos—. Se va a dar un golpe de calor. Usted no está hecho para esto.

Pablo dejó caer el bulto en el camión con un ruido seco y se giró hacia ella, jadeando.

—Tú me dijiste que mi sacrificio no valía nada porque siempre podía irme —dijo Pablo, con la voz entrecortada—. Pues mírame. No me voy. Si este es el precio para que me escuchen sin pensar en mi dinero, lo voy a pagar.

Aurora se quedó muda. Vio una gota de sudor correr por el cuello de Pablo y perderse en el pecho de su camiseta blanca, que ahora era transparente. Por un segundo, la rabia de Aurora se mezcló con una admiración que no quería sentir. El hombre de "papel" que ella imaginó se estaba convirtiendo en un hombre de verdad frente a sus ojos.

Al mediodía, Julio hizo una seña para descansar. Pablo se dejó caer sobre un tronco, con las manos temblorosas. Aurora se acercó lentamente y, sin decir una palabra, le extendió un pocillo de agua fría.

—Lávese las manos con esto —dijo ella, entregándole también un poco de cristal de sábila—. Si se le infectan esas heridas, no podrá cargar ni un coco mañana.

Pablo la miró. Sus dedos se rozaron al tomar el pocillo, y esta vez ninguno de los dos retiró la mano de inmediato. La electricidad del faro volvió, pero ahora era más terrenal, mezclada con el olor a salitre y el calor del mediodía.

—¿Por qué me ayudas, Aurora? —susurró Pablo.

—Porque no quiero que se muera en mi muelle, Rossi —respondió ella, tratando de recuperar su tono rudo, aunque sus ojos decían otra cosa—. Y porque... porque parece que de verdad es un idiota cabeza dura. Y a los idiotas hay que cuidarlos.

Aurora se alejó hacia su casa, pero se detuvo a mitad del camino y lo miró de reojo. Pablo se quedó allí, observandola, sintiendo que por primera vez en su vida, el dolor físico valía la pena. En Madrid lo tenía todo y se sentía vacío; aquí no tenía nada, pero sentía que cada gota de sudor lo acercaba más a la mujer que, poco a poco, le estaba robando el aliento.

Mientras tanto, en la casa, Sofía observaba desde la ventana, apretando el marco de madera. Sentía que el Pablo que ella amaba en sus sueños se estaba escapando, transformándose en alguien que solo Aurora podía entender.

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Yeiki Córdoba
🥰
Yeiki Córdoba
(⁠◍⁠•⁠ᴗ⁠•⁠◍⁠)⁠❤
Yeiki Córdoba
chocó 🇬🇦
Yeiki Córdoba
que bonita historia 🌹🥰/Wilt//Kiss/hola
Yeiki Córdoba: de nada señora Yaneth
total 2 replies
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