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El Frágil Lazo De Ciela

El Frágil Lazo De Ciela

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Completas
Popularitas:206
Nilai: 5
nombre de autor: SherlyBlanco

"El Frágil Lazo de Ciela" es una historia conmovedora sobre la identidad, el perdón y la valentía de amar cuando el tiempo corre en contra. Una novela que demuestra que, a veces, para sanar el cuerpo, primero hay que reconstruir el alma.

NovelToon tiene autorización de SherlyBlanco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El rastro del papel

El silencio en la casa de los tíos de Ciela no era un silencio de paz; era un silencio de secretos acumulados, de esos que se guardan en los sótanos y en las miradas que se desvían cuando alguien pregunta demasiado. Graciela entró arrastrando los pies, sintiendo que el suelo se inclinaba ligeramente bajo ella. El mareo matutino no se había ido con el helado que compartió con Diego; al contrario, se había transformado en un zumbido sordo detrás de sus orejas que parecía marcar el ritmo de su propio corazón agitado.

Se sentó en el sofá de la sala, observando las fotografías en la pared. Allí estaba ella, con cinco años, luciendo un vestido de flores y una sonrisa desdentada, flanqueada por sus padres. Siempre le habían dicho que tenía los ojos de su abuela paterna, pero esa tarde, al mirarse en el espejo del pasillo, Ciela no encontró ningún rastro de esa herencia. Solo vio una palidez enfermiza y unas ojeras que empezaban a marcarse como sombras permanentes, un recordatorio físico de que algo dentro de ella no funcionaba bien.

—¿Ciela? ¿Estás ahí? —La voz de su madre, Elena, llegó desde la cocina. Sonaba nerviosa, algo habitual desde que Miriam había confesado su situación y el caos se había instalado en el comedor familiar.

—Sí, mamá. Me duele un poco la cabeza, voy a buscar un analgésico —respondió Ciela, aunque su cuerpo le pedía algo más que una pastilla. Le pedía respuestas a ese cansancio que parecía nacerle en la médula de los huesos y que la hacía sentir como si estuviera caminando a través de melaza.

Subió las escaleras con lentitud, apoyándose en el pasamanos. Al pasar por el estudio de su padre, vio la puerta entreabierta. Una luz amarillenta y polvorienta caía sobre el escritorio desordenado. Su padre, un hombre metódico, nunca dejaba documentos a la vista, pero la crisis familiar por el embarazo de Anais y las constantes llamadas de abogados por el exconvicto que la acechaba habían roto la disciplina sagrada del hogar.

Graciela entró sin pensar, buscando quizás algún papel sobre el seguro médico; necesitaba saber si su cobertura incluía los exámenes de sangre especializados que el médico de la universidad le había sugerido tras ver sus constantes desmayos. Empezó a hojear una carpeta de cuero marrón, pero lo que encontró no fue una póliza médica ni un recibo de hospital.

Entre recibos de impuestos y actas de propiedad, apareció un sobre amarillento, sin remitente, oculto bajo un doble fondo de cartón. Al deslizar el contenido, sus dedos tropezaron con un papel de textura antigua, un certificado que no debería estar allí. "Acta de Custodia Temporal y Proceso de Adopción Final", leyó en voz alta. El zumbido en sus oídos se convirtió en un rugido de mar que amenazaba con ahogarla.

Sus ojos escanearon las líneas con una velocidad frenética, sintiendo que el aire se escapaba de la habitación. "Infante: Graciela... Progenitores biológicos: Desconocidos". El nombre de sus padres, Elena y Roberto, aparecía más abajo, pero bajo el frío título de "Padres Adoptivos".

El mundo, tal como lo conocía, se fragmentó en mil pedazos de cristal. Cada abrazo de buenas noches, cada anécdota sobre su nacimiento en una noche de tormenta, cada comentario sobre su parecido físico con la familia se transformó en una mentira hiriente y calculada. El dolor en su pecho ya no era solo la enfermedad; era el peso de veinte años de una identidad de ficción.

—No puede ser... —susurró, sintiendo que el aire se volvía espeso, casi imposible de procesar.

En ese momento, la puerta se abrió de golpe. No era su padre, sino Anais, su prima. Venía con el rostro encendido de rabia, seguramente tras otra pelea agotadora con Miriam, pero al ver a Ciela con el papel en la mano, su expresión cambió instantáneamente a una máscara de terror absoluto.

—Ciela, ¿qué haces con eso? Suéltalo ahora mismo —dijo Anais, dando un paso adelante con las manos extendidas.

—¿Tú lo sabías? —preguntó Ciela, con la voz quebrada y los ojos nublados por las lágrimas—. Anais, dime que esto es un error de oficina. Dime que no soy una extraña en mi propia casa.

Anais se quedó callada, y ese silencio fue la confirmación final que Ciela no quería escuchar. La prima, siempre tan directa y dura, bajó la mirada, incapaz de sostener la verdad frente a ella.

—No nos correspondía a nosotros decírtelo, Ciela. Mis tíos... ellos solo querían protegerte. Con todo lo que está pasando ahora con el embarazo de Miriam y ese tipo peligroso que salió de la cárcel, no querían darte más problemas de los que ya tienes con tu salud.

—¡Protegerme! —gritó Ciela, y el esfuerzo le provocó una punzada de dolor tan aguda en el costado que tuvo que doblarse sobre sí misma, apretando los dientes—. Me han mentido sobre mi propia sangre mientras mi cuerpo se cae a pedazos y yo no sé ni a quién pedirle respuestas.

...Ciela sintió que sus piernas fallaban definitivamente. Se dejó caer en la silla giratoria del estudio, apretando el acta contra su pecho como si fuera la única prueba de su existencia real. Afuera, el cielo empezaba a oscurecerse, anunciando una tormenta que limpiaría las calles pero no su alma. Diego la esperaba para cenar, pero ¿cómo podía mirar a los ojos al hombre que amaba cuando ni siquiera sabía qué nombre le pertenecía realmente o qué genes defectuosos corrían por sus venas?...

...La enfermedad, el secreto de su origen y el caos de sus primas se entrelazaron en un nudo ciego. Ciela cerró los ojos, sintiendo una lágrima helada correr por su mejilla, mientras el rastro del papel en sus manos marcaba el fin de su inocencia y el inicio de un dilema que la llevaría al límite de su propia vida....

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