Ella renace en otra época, decidida a priorizarse a si misma y a no enamorarse para no sufrir.
* Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Libros 1
El silencio en la oficina no duró demasiado.
Nelson, como si la tensión no existiera.. o como si simplemente no le molestara.. se levantó con naturalidad y comenzó a recorrer la pequeña biblioteca de Regina.
Sus dedos pasaban por los lomos de los libros con curiosidad genuina.
No apresurado.
No distraído.
Como alguien que realmente… observa.
Regina lo miraba de reojo.
Intentando parecer concentrada en su lectura.
Sin lograrlo.
—Tiene una colección interesante —comentó él finalmente.
Regina asintió levemente.
—Son útiles.
Respuesta simple.
Segura.
Pero Nelson no se detuvo ahí.
Tomó uno de los libros, lo hojeó brevemente… y luego añadió..
—Pero no veo ninguno de amor.
La frase cayó con una ligereza que contrastaba con lo que provocó.
Regina levantó la vista.
Esta vez, sin evitarlo del todo.
Y respondió.
Sin adornos.
Sin suavizar.
—No creo en el amor.
El silencio que siguió fue distinto.
Más denso.
Más… atento.
Nelson giró ligeramente hacia ella.
—¿No cree en el amor?
No lo dijo con burla.
Ni con incredulidad exagerada.
Sino… sorprendido.
De verdad.
Regina cerró el libro que tenía en las manos.
Ya no tenía sentido fingir que leía.
—No.. El amor solo trae sufrimiento, dependencia… y problemas.
Cada palabra fue dicha con claridad.
Como si no fuera la primera vez que lo pensaba.
Como si lo hubiera repetido muchas veces.
Quizás en silencio.
Quizás como un recordatorio constante.
Y en ese momento…
Ni siquiera pensó en medir lo que decía.
Simplemente… lo dijo.
Solo después…
Se dio cuenta.
Había sido demasiado honesta.
Demasiado directa.
Y eso no era propio de ella.
No en ese tipo de conversación.
No con alguien como él.
Pero no se retractó.
Porque, en el fondo…
Sabía por qué lo había hecho.
No era para convencerlo a él.
Era para convencerse a sí misma.
Para escucharlo en voz alta.
Para reafirmarlo.
Nelson la observó unos segundos más.
Procesando.
Interesado.
Y, en lugar de cambiar de tema…
Avanzó.
—Es una forma… bastante dura de verlo.
Su tono seguía siendo tranquilo.
Pero ahora había algo más.
Un leve desafío.
Regina no dudó.
—Es una forma realista de verlo.
Nelson dejó el libro sobre la mesa.
Se apoyó ligeramente contra uno de los estantes.
—¿Y la ilusión? ¿La emoción de conocer a alguien? ¿La conquista?
Sus palabras no eran intensas.
No eran insistentes.
Pero sí… constantes.
Como si no estuviera dispuesto a soltar el tema tan fácilmente.
Regina sostuvo su mirada un segundo.
Esta vez, sin apartarla de inmediato.
—Son emociones pasajeras.. Momentos que desaparecen.
Su voz no tembló.
No dudó.
—Después… solo queda el abandono o el dolor.
Y en esa frase…
Había algo más.
No solo lógica.
No solo análisis.
Sino experiencia.
Recuerdos.
Algo vivido.
Algo aprendido de la peor forma.
Nelson se quedó en silencio.
Mirándola.
Ahora sin esa ligera sonrisa.
Sin ese aire curioso.
Sino… verdaderamente sorprendido.
Porque lo que había escuchado no era una simple opinión.
Era una convicción.
Firme.
Profunda.
Casi… defensiva.
Regina desvió la mirada primero.
No porque hubiera perdido la discusión.
Sino porque…
Había dicho demasiado.
Había mostrado algo que normalmente mantenía bajo control.
Y eso…
La incomodaba más que cualquier otra cosa.
El silencio volvió a instalarse.
Pero ya no era el mismo de antes.
Ahora estaba lleno de palabras no dichas.
De pensamientos que ninguno de los dos terminó de expresar.
Y Nelson, aún observándola, entendió algo con claridad..
Regina no era alguien que simplemente “no creyera en el amor”.
Era alguien que había decidido…
No permitirlo.
Nelson no cambió de tema.
No como lo habría hecho cualquier otra persona.
No con Regina.
Se quedó ahí.
Sosteniendo la conversación.
—¿Por qué? ¿Por qué no cree en el amor?
Regina lo miró.
Esta vez, sin esquivar del todo la pregunta.
Sin rodeos.
Sin suavizar.
—Porque no es confiable.
Su respuesta fue inmediata.
Precisa.
—Depende de emociones que cambian. De personas que cambian.
Nelson frunció levemente el ceño.
No en desacuerdo.
Sino… pensando.
—Pero eso no lo hace inútil.. Solo… humano.
Regina negó suavemente.
—Lo hace inestable.
Y ahí estaba.
Su forma de verlo.
No romántica.
No idealista.
Sino… estructurada.
Como si hablara de un negocio.
De una inversión.
De algo que debía evaluarse en términos de riesgo.
—El amor crea dependencia.. Y cuando esa dependencia se rompe… deja a las personas sin nada.
Su voz era tranquila.
Pero firme.
Demasiado firme para ser solo una idea teórica.
Nelson la observó con atención.
Cada palabra que decía no cerraba el tema.
Lo abría más.
—Nunca he estado enamorado —admitió entonces.
La confesión fue sencilla.
Sin vergüenza.
—No sé exactamente qué se siente.
Regina no respondió de inmediato.
Pero lo escuchó.
—Pero he visto a mi hermana.. Y ella es feliz.
Hubo una pausa.
—Eso… me hace pensar que el amor puede traer felicidad.
No era una defensa apasionada.
No era una declaración idealista.
Era… una observación. Honesta.
Regina lo miró.
Y por un momento…
No vio a un socio.
Vio a un hombre que realmente… estaba intentando entender.
Pero eso no cambió su respuesta.
—La felicidad no dura para siempre.
Las palabras salieron con la misma precisión que antes.
Pero esta vez…
Había algo más.
Algo más profundo.
Más personal.
—Mis padres fueron felices —continuó.
Y su voz no tembló.
Pero bajó apenas.
—Por un tiempo.
El silencio se hizo más pesado.
—Después… mi madre murió de pena.
La frase cayó con una suavidad que la hizo aún más dura.
—Por las infidelidades de mi padre.
No había dramatismo.
No había lágrimas.
Pero tampoco había distancia.
Nelson no interrumpió.
No dijo nada.
Solo… la miró.
Y fue ahí cuando lo vio.
No en sus palabras.
Sino en lo que había detrás de ellas.
Dolor. No expuesto.
No evidente para cualquiera.
Pero presente.
Contenido.
Convertido en lógica.
En reglas.
En decisiones.
Y algo en él…
Se encendió.
No como una chispa impulsiva.
Sino como una comprensión.
Como si, de pronto, todo encajara.
La frialdad.
La distancia.
El rechazo.
No eran falta de emoción.
Eran protección.
Regina desvió la mirada.
Como si cerrar el tema fuera tan simple como dejar de verlo.
—Por eso no creo en el amor.. Porque siempre termina igual.
El silencio que siguió…
No fue incómodo.
Fue denso.
Lleno.
Y Nelson, sin apartar la vista de ella, entendió algo con claridad que no esperaba sentir..
No quería discutirle.
No quería convencerla.
Pero tampoco…
Quería dejar esa idea intacta.
Porque, por primera vez…
No veía una teoría equivocada.
Veía una herida.
Y eso…
Era mucho más difícil de ignorar.