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HERIDAS DEL CORAZÓN

HERIDAS DEL CORAZÓN

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Milagros Ulloa

Narra la historia de una hermosa chica llamada Gabriela que sufre mucho tras el abandono de su novio.

NovelToon tiene autorización de Milagros Ulloa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LO QUE NUNCA SE DIJO

La lluvia no cesó durante toda la noche.

Gabriela apenas logró dormir. Cada vez que cerraba los ojos, imágenes del pasado regresaban sin permiso: risas compartidas, promesas hechas en voz baja y aquella despedida que jamás tuvo sentido. Se levantó antes de que sonara la alarma, agotada, con esa sensación extraña de que algo estaba por suceder.

El amanecer apenas iluminaba su departamento cuando preparó café. El silencio era tan profundo que podía escuchar el leve temblor de sus propias manos al sostener la taza.

—Solo es un nuevo trabajo… nada más —se repitió.

Pero su corazón estaba inquieto.

Como si recordara algo que su mente aún no comprendía.

Se arregló con cuidado, eligiendo ropa formal que le diera seguridad. Frente al espejo, intentó sonreír, aunque sus ojos la traicionaban. Había aprendido a ocultar el dolor, pero no a borrarlo.

Salió rumbo al trabajo intentando concentrarse en lo importante: comenzar de nuevo.

El ambiente en la oficina estaba más agitado que el día anterior. Personas caminaban apresuradas, teléfonos sonaban sin descanso y las conversaciones giraban alrededor de una sola noticia.

—¿Ya te enteraste? —preguntó Claudia apenas Gabriela llegó.

—¿De qué?

—Habrá una alianza empresarial enorme. Una nueva compañía está creciendo rápido y quieren trabajar con nosotros. El gerente está como loco preparando todo.

Gabriela dejó su bolso sobre el escritorio.

—Suena importante.

—Lo es. Dicen que el dueño empezó desde cero y ahora está cerrando contratos gigantes.

Gabriela sonrió levemente sin darle mayor importancia y encendió su computadora. Sin embargo, algo en su pecho se tensó sin razón aparente.

Matías apareció minutos después.

—Reunión general en quince minutos —anunció con voz firme—. Todos a la sala principal.

El murmullo aumentó inmediatamente.

Gabriela tomó su libreta y caminó junto a sus compañeros hacia la sala de reuniones. El espacio era amplio, con una mesa larga y pantallas encendidas mostrando gráficos y proyecciones.

Se sentó al final, intentando pasar desapercibida.

Matías comenzó a hablar.

—Estamos frente a una oportunidad decisiva. La empresa con la que negociaremos ha demostrado un crecimiento impresionante en poco tiempo. Si esta alianza funciona, cambiará nuestro posicionamiento en el mercado.

Las luces se atenuaron mientras aparecía el logotipo de la otra compañía en la pantalla.

Gabriela observó distraídamente… hasta que el nombre apareció completo.

Sintió que el aire desaparecía.

Ese nombre.

Lo conocía demasiado bien.

El corazón comenzó a latir con fuerza descontrolada.

—La reunión oficial será este viernes durante la gala empresarial —continuó Matías—. El director ejecutivo asistirá personalmente.

Gabriela dejó de escuchar el resto.

Una presión insoportable creció en su pecho.

No podía ser coincidencia.

No después de tantos años.

No ahora.

Respiró profundo, intentando convencerse de que estaba equivocada. Muchas personas podían tener el mismo apellido. Muchas historias podían parecer similares.

Pero el presentimiento no desaparecía.

Y los presentimientos nunca se equivocaban con él.

A la misma hora, León observaba la ciudad desde el ventanal de su oficina. El éxito finalmente estaba frente a él, tangible, real. Documentos firmados, nuevos proyectos y un futuro prometedor.

Todo lo que había construido… lo hizo pensando en un solo objetivo.

Protegerla.

Aunque eso significara convertirse en el villano de su historia.

Su socio entró sin tocar.

—Confirmado. La empresa Herrera aceptó la reunión final en la gala del viernes.

León asintió.

—Perfecto.

—Será un evento grande. Toda su área administrativa estará presente.

León tomó la carpeta sin mucho interés.

Hasta que vio la lista del personal participante.

Sus ojos se detuvieron en un nombre.

El tiempo pareció romperse.

Gabriela Ríos.

El aire abandonó sus pulmones.

Durante dos años imaginó ese momento miles de veces… y ahora que era real, no estaba preparado.

—¿Todo bien? —preguntó su socio al notar su expresión.

León cerró la carpeta lentamente.

—Sí… solo necesito un momento.

Cuando quedó solo, apoyó las manos sobre el escritorio, intentando controlar la emoción que lo atravesaba.

Ella estaba ahí.

Tan cerca.

El destino, al que tanto intentó desafiar, volvía a unirlos sin pedir permiso.

Y esta vez no habría distancia suficiente para evitarlo.

Gabriela pasó el resto del día distraída. Cometió pequeños errores, olvidó respuestas simples y revisó varias veces el mismo documento sin entenderlo realmente.

El pasado golpeaba con fuerza.

Al terminar la jornada, Matías se acercó.

—¿Todo bien? Hoy estás diferente.

Ella dudó antes de responder.

—Solo estoy cansada.

Matías la observó unos segundos más, como si intentara descifrar algo oculto.

—La gala del viernes es obligatoria —añadió con suavidad—. Sé que puede ser incómodo para algunos, pero confío en que sabrás manejarlo.

Gabriela asintió.

No tenía opción.

Tendría que asistir.

Y enfrentar lo que fuera que el destino estuviera preparando.

Esa noche, el insomnio regresó.

Gabriela caminaba de un lado a otro en su departamento, incapaz de tranquilizarse. Cada recuerdo que había logrado enterrar volvía con intensidad cruel.

La última discusión.

El silencio de León.

Su partida sin explicación.

Las noches llorando sin entender qué había hecho mal.

—¿Por qué ahora? —susurró al vacío.

Se dejó caer en el sofá, abrazándose a sí misma.

Había tardado años en reconstruirse. Aprendió a vivir sin respuestas, a aceptar que algunas personas simplemente se marchan.

Pero el destino parecía decidido a abrir nuevamente una herida que apenas comenzaba a cerrar.

Su teléfono vibró.

Un mensaje de Claudia:

"¡Ya confirmaron todo! El director de la otra empresa es joven y muy atractivo. Dicen que es un genio de los negocios."

Gabriela sintió un escalofrío.

No necesitaba ver una foto para saber quién era.

Su corazón ya lo sabía.

León tampoco logró dormir.

Conducía sin rumbo por la ciudad mientras la lluvia golpeaba el parabrisas. Cada calle le recordaba momentos compartidos, risas que creía olvidadas y promesas que jamás dejó de cumplir en silencio.

Había tomado la decisión más difícil de su vida al alejarse de ella.

Las amenazas eran reales.

El peligro también.

Romper su propio corazón fue el precio para mantenerla a salvo.

Pero nunca imaginó tener que verla nuevamente.

Porque sabía algo con certeza absoluta:

Si volvía a mirarla a los ojos, sería incapaz de dejarla ir otra vez.

Detuvo el auto frente a un semáforo en rojo y cerró los ojos.

—Perdóname… —murmuró, aunque ella no pudiera escucharlo.

El destino ya estaba en marcha.

Y ninguna de las heridas que ambos cargaban permanecería oculta por mucho tiempo más.

El viernes se acercaba.

Y con él, la noche que cambiaría sus vidas nuevamente.

Porque algunas historias no regresan para repetir el pasado…

Regresan para obligar a enfrentar la verdad que nunca se dijo.

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