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TOME SU LUGAR

TOME SU LUGAR

Status: En proceso
Genre:Venganza / Escuela / Mujer poderosa
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yesid Cabas

Se burlaron. La humillaron. La destruyeron.
Pero cometieron un error…
Nunca supieron que tenía una gemela.
Y ella no perdona.

NovelToon tiene autorización de Yesid Cabas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 21: EL VACÍO QUE DEJÓ

A veces la verdadera consecuencia no es lo que ocurre.

Es lo que deja de ocurrir.

Un asiento vacío.

Un nombre que no responden en lista.

Un pasillo donde alguien ya no aparece.

Y esa mañana…el asiento de Mateo estaba vacío.

Lo vi apenas entré al salón.

La silla al fondo.

La mochila no estaba.

Su chaqueta tampoco.

Nada.

Solo el espacio.

Vacío.

Por un segundo el aire se volvió más pesado, como si el salón entero sintiera la ausencia antes de entenderla.

Valentina fue la primera en mirar hacia ese lugar.

Luego los demás.

Murmullos.

Preguntas bajas.

Dudas.

Perfecto.

Pero también…peligroso.

Porque una desaparición nunca pasa desapercibida.

El profesor entró con la misma rigidez de siempre, dejó sus libros sobre el escritorio y comenzó a pasar lista.

—Mateo Ríos.

Silencio.

Repitió el nombre.

Nada.

Vi cómo levantaba la mirada.

Frunció ligeramente el ceño.

—¿Alguien sabe por qué no vino?

Silencio.

Nadie respondió.

No porque no quisieran.

Porque no sabían.

O al menos eso creían.

Mi rostro no cambió.

No aparté la mirada.

No hice nada.

Porque ahora lo importante era parecer exactamente lo que todos veían.

Una estudiante más.

Nada más.

Pero el ambiente no tardó en tensarse.

A mitad de la clase, la puerta se abrió.

La coordinadora académica.

Su expresión seria.

Demasiado seria.

—Necesito hablar con algunos estudiantes al finalizar la jornada.

Esa frase cayó sobre todos como una piedra.

Valentina bajó la mirada.

Uno de los chicos del grupo se puso rígido.

Adrián giró apenas hacia mí.

No dijo nada.

Pero entendí.

Ya estaba pasando.

El rumor comenzó en el descanso.

Mateo no había llegado a casa la noche anterior.

Su familia lo estaba buscando.

Habían llamado al colegio.

A algunos compañeros.

A Valentina.

Incluso a profesores.

El miedo se expandió rápido.

Porque la ausencia ya no era simple.

Ahora era desaparición.

Y esa palabra…siempre trae consecuencias.

Me acerqué a una de las ventanas del pasillo y observé el patio desde arriba.

Todo parecía igual.

Pero no lo era.

Nunca lo sería otra vez.

Adrián apareció a mi lado.

—Esto se salió de control —murmuró.

Lo miré.

—No desapareció por mi culpa.

Silencio.

Esa frase lo hizo observarme con más atención.

—¿Estás segura?

Lo sostuve con la mirada.

—Sí.

Y era verdad.

No sabía dónde estaba Mateo.

Solo sabía que después de anoche…él tenía demasiadas razones para moverse primero.

Para esconderse.

O para atacar.

Eso me inquietó más de lo que estaba dispuesta a admitir.

Al final de la jornada nos llamaron a la oficina de coordinación.

Uno por uno.

Preguntas simples.

Demasiado simples.

—¿Lo viste ayer?

—¿Habló contigo?

—¿Notaste algo extraño?

Respondí con calma.

—No.

Una mentira limpia.

Fácil.

Sostenible.

Pero mientras hablaba…sentí algo.

La profesora me observaba más de la cuenta.

Como si quisiera atravesar cada palabra.

Como si no le bastara la respuesta.

—Sara —dijo finalmente—, necesito que me informes si recuerdas algo.

Asentí.

—Claro.

Salí de la oficina con una sensación extraña en el pecho.

No era culpa.

Era incertidumbre.

Y la incertidumbre…es peor.

Cuando llegué al pasillo, Valentina estaba esperándome.

Su rostro estaba pálido.

Los ojos tensos.

—¿Qué le hiciste?

Su voz salió baja.

Quebrada.

La miré.

Sin pestañear.

—Nada.

Ella negó.

—Después de hablar contigo, desapareció.

Silencio.

Esa frase…podía destruirlo todo.

Di un paso hacia ella.

—Ten cuidado con lo que insinuas.

Valentina retrocedió.

Pero no dejó de mirarme.

—Esto no es normal.

Sonreí apenas.

—Nada aquí lo es.

Me alejé sin decir más.

No podía quedarme.

No podía pensar ahí.

Porque una pregunta no dejaba de crecer dentro de mí.

Si Mateo no estaba…

¿era miedo?

¿era estrategia?

¿o estaba preparando algo mucho peor?

Al salir del colegio, mi teléfono vibró.

Número desconocido.

Un mensaje.

Solo una línea.

“Aún no he hablado. Pero pronto todos sabrán quién eres.”

Mi respiración se detuvo.

Mateo.

Estaba vivo.

Y no había desaparecido.

Se estaba preparando.

Porque a veces el verdadero peligro no es quien desaparece… sino quien regresa con la verdad.

1
Rubiia sanz
no dejes que caiga sube maaas
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