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Esposa Sustituta

Esposa Sustituta

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mafia / Completas
Popularitas:12.6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es obligada a tomar el lugar de su hermana en un matrimonio arreglado entre clanes de la mafia

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 4

—¡Alma! —exclamó Gerónimo mientras ella caminaba por el pasillo.

La voz de Gerónimo irrumpió en el silencio con una brusquedad que me hizo girar de inmediato. Mi corazón dio un vuelco, no por el susto, sino por el nombre que había pronunciado. Alma. Mi nombre. No Ariana. Él sabía quién era yo, claro que lo sabía, pero escucharlo en voz alta, en medio de aquella mansión donde todos me llamaban por el nombre de mi hermana, me heló la sangre.

Apreté las manos a los costados y me volví con la expresión más neutra que pude reunir.

—¿Qué sucede? —pregunté, intentando mantener la calma.

Él se acercó con pasos firmes, demasiado firmes. Sus zapatos resonaban en el mármol del pasillo como un metrónomo que marcaba el ritmo de mi ansiedad. Su expresión no dejaba lugar a dudas: estaba molesto. No ese tipo de enfado pasajero que se disuelve con el tiempo. Era algo más profundo, más contenido.

—Debes ser obediente con él —dijo en voz baja, pero cargada de tensión. Sus ojos oscuros me perforaban con una intensidad que me obligó a mantener la mirada fija en su rostro—. Tu hermana lo era. Siempre buscaba complacerlo, siempre estaba a su lado. No cuestionaba nada.

Fruncí ligeramente el ceño, conteniendo la irritación que comenzaba a crecer en mi interior como una planta venenosa. Me molestaba que me comparara con ella. Me molestaba que diera por sentado que debía seguir sus pasos. Me molestaba, sobre todo, que hablara de ella con ese tono de admiración que yo nunca había recibido de nadie.

—Ella pidió dormir con él en su habitación después de la boda —continuó, observándome con dureza—. ¿Por qué pediste otra?

Su tono no era una simple pregunta. Era una acusación disfrazada de curiosidad. Una prueba. Quería ver si me doblegaba, si me disculpaba, si bajaba la cabeza como había hecho toda mi vida.

Respiré hondo antes de responder. El aire entró en mis pulmones con una lentitud deliberada, dándome tiempo para elegir las palabras con cuidado.

—Porque yo no soy ella —dije con firmeza, sintiendo cómo cada sílaba se asentaba en el espacio entre nosotros como una declaración de principios—. No voy detrás de nadie, y mucho menos de un hombre que apenas conozco. Si tanto te molesta, encuéntrala y tráela de vuelta. Así todo esto se termina.

Por un instante, el silencio se volvió pesado entre nosotros. Tan pesado que casi podía palparlo. Gerónimo me observó con una mezcla de sorpresa y fastidio, como si no esperara que yo, la hermana invisible, la que siempre callaba, me atreviera a responderle de esa manera.

—Eso es exactamente lo que estoy haciendo —replicó, acercándose un paso más. Su voz bajó hasta convertirse en un murmullo que solo yo podía escuchar—. Cuando la encuentre, será traída de regreso… y tú serás libre. Te irás lejos, muy lejos.

La palabra "libre" sonó dulce en mis oídos. Demasiado dulce. Porque sabía que, en su boca, no era una promesa. Era una advertencia.

Antes de que pudiera reaccionar, su mano se cerró alrededor de mi brazo con fuerza.

El dolor fue inmediato. Sus dedos se hundieron en mi piel con la precisión de quien sabe exactamente dónde apretar para causar más daño sin dejar marcas visibles. O al menos, sin marcas que un ojo distraído pudiera notar.

—Suéltame —murmuré, apretando los dientes para que mi voz no temblara. No quería darle el placer de verme doblegarme.

—Hasta entonces —añadió, ignorando mi protesta como si mis palabras no tuvieran peso—, harás lo que se espera de ti. No darás problemas. No harás preguntas. No te alejarás de lo que te corresponde hacer.

Su agarre se tensó un segundo más, como si quisiera asegurarse de que su mensaje quedaba grabado en mi piel.

—¿Ocurre algún problema, primo?

La voz de Alessandro llegó desde atrás, tranquila… pero peligrosa.

Nunca había escuchado algo así. No era el tono de quien pregunta por cortesía. Era el de quien ya ha visto lo suficiente y solo espera confirmación antes de actuar.

Gerónimo me soltó al instante.

Su mano cayó a su costado con la rapidez de quien ha sido sorprendido en falta. Vi cómo sus dedos se abrían y cerraban una vez, dos veces, como si expulsaran el rastro de mi piel.

Al girarme, lo vi acercarse con la misma calma imponente de siempre. Alessandro caminaba por el pasillo como si el mundo entero estuviera diseñado a su medida. Sus movimientos eran pausados, calculados. Llevaba la misma camisa negra de antes, con los dos botones superiores desabrochados, y sus dedos se movían con parsimonia ajustando el reloj en su muñeca.

Como si nada fuera fuera de lugar.

Pero había algo en su mirada que endureció el ambiente en cuestión de segundos. Algo helado. Algo que no admitía disimulo.

—No, ninguno —respondió Gerónimo con rapidez. Demasiada rapidez. Su voz sonó más alta de lo necesario, y vi cómo su pecho se elevaba y descendía con una respiración que intentaba controlar—. Solo le estaba explicando algunas reglas de convivencia.

El silencio que siguió fue breve, pero tenso. Tan tenso que habría bastado una palabra para romperlo.

Alessandro desvió la mirada hacia mi brazo.

Fue solo un instante. Un parpadeo. Pero lo vi. Sus ojos recorrieron el lugar donde los dedos de Gerónimo habían estado apretados, donde aún podía sentir el calor del agarre, donde seguramente la piel comenzaba a enrojecerse.

Registró cada detalle.

Luego volvió a fijar la mirada en su primo.

—No toques a mi esposa —dijo.

Su voz fue baja. Firme. Imposible de ignorar.

No fue un grito. No hizo falta elevar el tono. La amenaza no estaba en las palabras, sino en la forma en que fueron pronunciadas. En la seguridad absoluta con la que salieron de su boca. En el silencio que dejaron a su paso.

Fue una orden.

Y en esa casa, las órdenes de Alessandro Moretti no se discutían.

Gerónimo bajó ligeramente la cabeza. No fue una reverencia, pero estuvo cerca. Un gesto apenas perceptible que delataba jerarquías que yo apenas comenzaba a entender.

—Lo siento —murmuró.

No sonó arrepentido. Sonó calculador. Como quien reconoce una derrota momentánea, pero ya está planeando el próximo movimiento.

La diferencia de poder entre ambos quedó clara en ese simple gesto. Gerónimo era primo, confidente, quizás incluso aliado. Pero Alessandro era el jefe. Y en su mundo, eso lo significaba todo.

Yo permanecí en silencio, observando la escena con el corazón aún acelerado. Sentía aún el rastro del agarre en mi piel, ese dolor sordo que late después de que la presión desaparece. Pero también sentía algo más.

Algo más difícil de definir en el pecho.

Porque no sabía qué era más inquietante.

Si la forma en que Gerónimo intentaba controlarme, como si fuera una pieza más en su tablero…

O la manera en que Alessandro acababa de dejar claro que, al menos ante los demás, yo le pertenecía.

Que no era libre.

Que nunca lo había sido.

Que solo había cambiado de dueño.

Gerónimo se alejó sin añadir nada más. Sus pasos resonaron en el mármol hasta perderse en algún lugar del ala oeste de la mansión.

Alessandro no se movió.

Permaneció donde estaba, con las manos ahora en los bolsillos del pantalón, observándome con una calma que me resultaba tan inquietante como la furia contenida de su primo.

—¿Te hizo daño? —preguntó al fin.

La pregunta fue directa. Sin rodeos. Sin la cortesía vacía con la que otros habrían disfrazado el asunto.

Tardé un segundo en responder.

—No —mentí.

Él sostuvo mi mirada un momento más. Luego bajó los ojos hacia mi brazo, hacia el lugar que mis dedos habían comenzado a rozar sin que me diera cuenta.

No dijo nada.

Pero su silencio dijo más que cualquier palabra.

Porque en él hubo una certeza: sabía que le mentía.

Y algo en su expresión, algo que no supe nombrar, me hizo pensar que no le gustó. No porque le importara mi dolor, seguramente. Sino porque, en su mundo, mentirle a él era un acto que nadie cometía dos veces. Y algo se Que no le gusta que toquen sus cosas y yo ahora era algo se su propiedad

1
Paula
me enavnto ...muy linda historia ....
Paula
hay q angutia
Paula
hay dios mio q salga todo bien
Paula
maldito loco 🥹🥹
Paula
maldito sicopata 😱😱😱
Paula
🥹🥹🥹🥹💔
Paula
hay siiii maldito infeliz
Paula
q hdp geronimo no dice nada ...i feliz .....hay Alessandro por favor q sufra por todo lo q le esta haciendo a Alma
Paula
hay dios 🥹🥹🥹
Nerika Moreno
Caramba las joyas que le regaló no son tan valiosas porque solo le alcanza para andar en autobús de pueblo en pueblo
Nerika Moreno
Mujer termina de desaparecer que nervios
Nerika Moreno
La pobre quedó para tapete
Nerika Moreno
ojalá si logré escapar y irse bien lejos😒
Paula
que bueno q geronin9 no.quiera traisionarlos
Paula
amo q estén tan enamorados ....😍
Nilce montilla
de verdad muy bonita historia, felicidades a la autora y que siga cosechando éxitos 👏👏👏👏
Paula
pero lo conoce tanto Alessandro como no se va dar cuenta qel ya sabe quien es su esposa ...q es alma y no ariana. lonpeor qes q lo va a traicionar a alesandro
Paula
jajaja me muero me imagino la cara del padre...q algo q tendría q ser un secreto todo el mundo lo sabe 🤭🤭🤭🤭
Geral Lj
no entiendo, en algunas ocasiones Alessandro la llama Alma, será que él realmente sabe que es ella?
Paula
el de la fiesta 😱😱😱😱
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