Más allá de la tormenta es la historia de Juan Manuel, un hombre noble y humilde que se enamora de Adela, una joven que trabaja en una casa de placer, Pero la vida no los deja estar juntos. todo cambia cuando nuestro protagonista recibe una herencia de su padre y por vueltas del destino, se casa con Elena, una joven un poco rebelde y de ciudad, que debe adecuarse a la vida en el campo.
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capitulo 3: NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN
CAPÍTULO 3: NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN.
Juan Manuel comenzó a prepararse para su gran viaje a la ciudad de Córdoba, mientras todos los seguían detrás para convencerlo de de que no se vaya.
-No es prudente, Manuelino.- decía María casi llorando. La mujer de unos 50 años, había sido amiga de su madre y lo quería como un hijo -¿Y si la herida se vuelve a abrir o te pasa algo?-
-¡María! ¡Por favor, no empieces con tus ideas!- exclamo él.
-Pero es verdad, juan.- tercio, Carito.
-Por lo menos deja que te acompañe,- propuso Raúl.
-Hermano...- agrego Juan Manuel poniendo su mano en el hombro del hombre -Tienes que hacerte cargo de los animales y de la casa en mi ausencia.-
-Amigo mío, peñi (Hermano en araucano)…- insistió su amigo.
-Déjenlo...- tercio, Alcira, al fin, que había llegado para hacerle las curaciones diarias a Juan Manuel y los observaba en silencio -Si el hombre lo desea, tiene que hacerlo.-
Él la miró como en un momento de paz.
-Solo déjeme preparar mis hierbas pa' que se unte en la herida. No deje de hacerlo ¿Me oyó?-
Él viaje no fue fácil, si bien, por momentos se le presentaban árboles, había zonas en las que escaseaba cualquier tipo de vegetación, cada tanto, algún pequeño pueblo o algún paraje en dónde se permitía descansar unos minutos. El calor del verano no lo ayudaba mucho.
Por momentos, la herida le dolía, Pero cada vez que paraba, aprovechaba para untarse la preparación de doña Alcira.
Después de tanto viajar, al fin, llegó, pero... ¿Por dónde comenzar a buscar? Si bien, él y su madre habían trabajado con su hermano Genaro García Teagle, no estaba muy al tanto de la vida de su hermano Ramón.
La ciudad, definitivamente, no se parecía a los pequeños pueblos que él acostumbraba. Por un momento entro en pánico, pero se repuso y. comenzó a preguntar por el señor García Teagle por doquier. Al parecer, nadie lo conocía, solo una persona le menciono que le parecía que era el dueño de una estancia. el calor se había vuelto sofocante y de a ratos sentía desfallecer, la herida comenzaba a doler otra vez.
La noche llegó, decidió ir a un hotelero muy precario. Estaba muy cansado, comió algo rápido en la pulpería que se encontraba en el piso inferior y fue a recostarse. La habitación era muy sencilla, Pero en ese momento la cama parecía ideal. Pensó en bañarse, Pero el cansancio lo venció rápido y se durmió.
Al otro día despertó temprano. El calor ya parecía abatible desde la mañana. Pregunto si le podían preparar una bañera, solo agua fría. Eso sí fue reconfortadle, desayuno algo rápido y comenzó de nuevo su búsqueda, Pero está vez a pie. Luego de mucho caminar llegó hasta un puente y empezó a mirar allí el río, después hacia todos los lados,no veía, ya el hotelito ¿Cómo había llegado hasta ahí?
Decidió preguntarle a una pareja que pasaba, en dónde podía comer algo y le dieron la dirección de la pulpería de doña Chabela.
Cuando llegó pidió un guiso y la mujer se lo trajo acompañado de un pan casero y vino. La señora Chabela era alta, camisa y con asiento español. Un peculiar dato que le sorprendió en su, apenas, estadía en la ciudad: se había cruzado con muchos inmigrantes españoles e italianos.
La mujer se acercó para ofrecerle más vino, entonces, aprovecho para preguntar, aunque ya había perdido las esperanzas.
-Oiga ¿Usted no conoce a un hacendado, creo? ¿Gracias Teagle? Pregunto.
-mm... ¿García Teagle?... Me suena.- respondió doña Chabela, como dudando -¡Oye, José!- le pregunto a su esposo que permanecía del otro lado del mostrador -¿García Teagle no se apellidaba ese fulano que se casaría hoy en la catedral de NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN?-
-Haber muje', déjame pensa'... Creo que sí.- respondió el hombre.
-¿En la catedral ha dicho?- pregunto él rápidamente, mientrasse preparabaa para pagar.
-Sí, la que está en frente a la plaza y...-
-Junto al cabildo ¡He pasado por ahí!- exclamó levantándose muy veloz -¡Muchas gracias, señora!-
Al salir de la pulpería oyó sonar, a lo lejos, las campanas provenientes del edificio eclesiástico y salió lo más rápido que pudo. Por más que seapuróo y corrió, parecía que no llegaba más, y el calor está cada vez más intenso.
Al fin, llegó a la esquina, una cruzando la plaza, cuánto vio que la gente iba saliendo de la iglesia, hasta que pudo ver salir a los novios... ¡Maldición!. El corazón se le paralizó por un segundo. Imaginaba que en realidad, era lo que estaba viendo, pero tenía la ilusión de que se trataba de un error.
Allí estaba su hermosa Adela, vestida de blanco, junto a su flamante esposo, Ramón García Teagle... ¿Cómo fue capas? Sintió un golpe en el pecho y como si se le estrujara el corazón. Sus ojos se le llenaron de lágrimas. De repente sintió una en su hombro, miro hacia un costado y ahí estaba, parado junto a él, su gran y fiel amigo Raúl.
-¿Qué haces aquí?- pregunto sin apartar la vista de la escena de los novios subiendo al carruaje.
-No podía dejarte solo, hermano.- respondió el hombre.
-Se casó con otro.- dijo Juan Manuel, cerrando los ojos y dejando caer las lágrimas, al fin.
Luego abrazo a su amigo, llorando, como un niño buscando refugio en los brazos de su padre, después de dejar caer al piso su dulce.
-Vamos...- dijo con voz tranquila, aun con la mano en el hombro de su amigo.
Así, Juan Manuel se marchó de la plaza con la cabeza gacha una opresión en el pecho provocado por el dolor de la pena y producto del desamor.
En la vida, Adela no había podido disimular la amargura, reflejada en su rostro. Por suerte, el evento luego del casamiento, en la estancia "la higuera", de su flamante esposo había sido muy corto. Ahora se encontraba en su cuarto recordando los eventos de esos últimos días.
Recordaba todo, lo de ese día,. En casa de doña Alcira, cuando hirieron a Juana Manuel, la angustia de mi saber si estaba vivo. Al día siguiente, al verla tan reacia y arisca el francés le confirmo que el hombre que tanto amaba, acababa de morir. ¡No lo podía creer! Su corazón se rompió en mil pedazos, lloro y lloro en su cuarto, con la incertidumbre de no saber qué pasaría en su futuro.
Jean-Claude le dio dos opciones: quedarse allí y continuar con su vida, en contra de su voluntad; o marcharse con Ramón, quien estaba dispuesto a pagar lo que sea con tal de llevársela.
En un primer momento, pensó en quedarse, para poder escapar ante la primera oportunidad. Pero luego, al enterarse de que en su vientre crecía en fruto de su gran amor con Juan Manuel, se dio cuenta de lo peligroso y difícil que esto podía ser. No permitiría perder lo único que le quedaba de ese hombre que tanto había amado. Decidió, al fin, aceptar la propuesta de Ramón.
Ahora, miraba por la ventana mientras ponía la mano en su vientre. "De todos los hombres con los que había estado, en sus entrañas llevaba al hijo del único hombre que amo", se dijo, y por eso debía luchar, no podía rendirse por l bien de su bebé, lo haría todo. Ser la esposa de un hacendado, aunque fuese un hombre tan repulsivo como García Teagle, no podía ser peor que ser prostituta... O eso creyó.
Ramón entró de golpe al cuarto y la interrumpió de sus pensamientos. Comenzó a quitarse la chaqueta y la camisa, ella lo miraba desde donde estaba.
-Ven aquí.- le ordenó el hombre señalando la cama.
-Ramón, no creo que sea muy buena idea...- trato de decir ella.
-¡QUE VENGAS AQUÍ!- grito su esposo.
-Pero Ramón...- insistió ella.
Entonces el señor García Teagle fue hacia su esposa y la tomo de la muñeca.
-¡Te respeté durante estos días, que es mucho para lo que eras!- dijo arrastrándola, prácticamente y tirándola en la cama.
-Es que estoy muy cansada…- dijo la mujer levantándose, pero su esposo arrojándola de nuevo sobre el pecho nupcial de un bofetón.
-¡Luego de haber pagado durante tanto tiempo por ti no voy a desaprovechar ahora que puedo tenerte gratis!- exclamó lanzándose sobre ella.
comenzó a besarla y pasarle la lengua por el cuello y los pechos, mientras Adela apartaba su rostro con asco. había Sido suya muchas veces, pero desde que estuvo con Juan Manuel algo en ella había cambiado, ahora sentía más repulsión que antes por ese hombre que ahora la estaba tomando.