Dario es el hombre mafioso más temido de la ciudad.
Aria es una chica ordinaria viviendo su vida al día.
Son dos polos opuestos.
Para el mundo, él es un monstruo sin piedad, el heredero de un imperio construido sobre el miedo. Para ella, él es solo el extraño de mirada intensa que apareció de la nada para alterar su tranquilidad.
Mientras ella lucha por llegar a fin de mes y cumplir sus sueños, él lucha una guerra interna entre su deber con la mafia y la obsesión que siente por la única persona que lo ve como un hombre y no como un criminal.
Un amor nacido en el lugar equivocado, donde el precio de la felicidad se paga con amor y no con sangre.
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Capítulo 21
"Lo siento Aria" dijo su jefe levantándose de su escritorio con un largo silencio, "Aunque sabes qué?, podría darte otra oportunidad... Si te acuestas conmigo", dijo su jefe descaradamente hacia Aria quien lo miró con asco. "¿Perdón? Señor Mozos no sabe lo que dice", dijo aria recordando que Dario estaba escuchando todo.
"Vamos Aria, yo quiero una noche contigo y tú necesitas el trabajo para sobrevivir, ¿No te parece justo?", preguntó su jefe con desdén.
"Lo siento señor, pero no pasará, me retiro, espero mi liquidación en 24 horas", dijo aria levantándose bruscamente y dirigiéndose a la salida la cual le fue bloqueada por su jefe para evitar que saliera.
"Señor Mozos, déjeme ir, no sabe lo que puede causar", dijo aria con seguridad en su voz, un escalofrío recorrió su cuerpo cuando su jefe comenzó a tocarla "Señor, no me toque", dijo aria con autoridad.
La risa burlona del jefe, el tono lascivo con el que sugirió el intercambio de favores, fue como una detonación en el interior de Dario. Por un instante, el mundo se volvió blanco, y todo lo que existió fue el eco de esas palabras sucias saliendo de la boca de ese miserable.
"¡Sergei!", gritó en ruso con una ferocidad que hizo que el conductor pisara el freno. "Encuéntralo. Ahora. Quiero su dirección, su historial médico, todo. Este hijo de puta va a aprender lo que es respeto".
Su mano libre golpeó el reposabrazos con tanta fuerza que el cuero crujió. A través del auricular podía escuchar la indignada negativa de Aria, la dignidad en su voz contrastando brutalmente con la basura que acababa de proponerle.
La frase "acostarse con él" cortó el aire como un disparo, haciendo que la mano de Dario se congelara sobre el teléfono. El tono desesperado en la voz de Aria, suplicando por una oportunidad que ese gusano le negaría deliberadamente, encendió una furia fría y calculada dentro de él.
Su mirada se clavó en la ciudad que pasaba velozmente, cada semáforo en rojo en el que Dario esperaba era un insulto personal a la mujer que acababa de ser humillada por un don nadie.
Sergei estacionó rápidamente frente a la cafetería, Dario salió del coche hecho una furia y se dirigió hacia el sonido de la voz de Aria qué aún estaba discutiendo con su jefe.
Dario entró al despacho donde estaba Aria y su jefe el cuál tomaba a Aria de un brazo bruscamente, Dario caminó rápidamente hacia el hombre que estaba junto a ella, lo tomó por la camisa y con un tono de voz demandante le dijo, "¿Crees que puedes despedirla?", murmuró en inglés para sí mismo, su acento ruso volviéndose más pronunciado por la ira. "No sabes con quién estás jugando".
La mano del jefe sobre el brazo de Aria fue la señal de muerte para Dario. La distancia entre ambos se disolvió en un instante; ya no estaba en su sedán blindado, sino que estaba de pie junto a ella, su imponente figura proyectando sombra sobre ambos.
"Sergei, saca a este perro de encima de mi mujer", espetó con una frialdad mortal mientras su mano se cerraba alrededor de la muñeca del jefe. Con un movimiento seco y preciso, lo apartó de Aria como si fuera una basura. "Ahora vas a aprender por qué nunca debes ponerle las manos encima a lo que es mío", espetó Dario con un tono de voz demasiado tenebroso.
"¡Dario!", dijo Aria sorprendida de su presencia, pero agradecida con él, estaba muerta de miedo, hasta que Dario llegó ella comenzó a llorar.
El sonido de su llanto, la forma en que su cuerpo temblaba de puro terror mientras miraba al hombre quien era su jefe siendo sacado del lugar hizo que algo primal y protector estallara dentro de Dario. La furia helada que sentía hacia el jefe se mezcló con una ternura salvaje hacia ella.
"Shhh, malyshka, estoy aquí", murmuró en ruso, su voz perdiendo parte de su dureza mientras la rodeaba con su abrazo, atrayéndola contra su costado. "Nadie te hará daño jamás mientras yo respire".
"Mírame", ordenó suavemente, esperando hasta que sus ojos llorosos se encontraran con los suyos.
Aria lo miró con vulnerabilidad, la vulnerabilidad en la mirada de Aria, el modo en que sus ojos azules buscaban refugio en los suyos, fue como un interruptor para algo profundo dentro de él. La ira asesina que había sentido momentos antes se transformó en una posesividad protectora casi abrumadora.
"Así es, mírame", dijo con una voz que era ahora solo para ella, dejando de lado al hombre que recientemente había sido sacado del lugar, "Siempre que estés asustada, siempre que necesites ayuda, solo piensa en mí. Yo soy tu fortaleza, ¿entiendes?".
Una de sus manos se movió para acariciar su mejilla húmeda por las lágrimas, limpiando delicadamente una lágrima con su pulgar. El gesto era sorprendentemente gentil para alguien cuyos dedos estuvieron a punto de aplastar la garganta de otro hombre.
"Este hijo de puta no merece ni siquiera respirar el mismo aire que tú", repitió Dario con una frialdad mortal. "Y mucho menos tocarte".
Su mirada se desvió hacia el jefe por un segundo, una promesa silenciosa de muerte lenta y dolorosa en sus ojos negros.
"Sergei, hazle entender por qué nunca más se le deben ocurrir ideas tan estúpidas como esta".
Sergei asintió con la cabeza y salió fuera del café mientras emitía órdenes en ruso a los otros hombres afuera.
Dario volvió su atención completa a Aria, envolviéndola más firmemente en su abrazo.
Su mano libre acarició su cabello dorado con una suavidad que contradecía la violencia que acababa de demostrar. "Respira, malyshka. Ya se acabó. Él no puede tocarte nunca más".
El sonido de los coches arrancando afuera indicaba que Sergei y sus hombres estaban desapareciendo con el antiguo jefe de Aria. Dentro de la cafetería ahora vacía, solo quedaba el olor a café y el eco de su llanto.
Dario inclinó la cabeza para mirar los rostros de los otros empleados que observaban desde la distancia, asegurándose de que captaran la escena: él protegiéndola como un depredador defendiendo a su pareja.
"Esto es lo que significa ser mía", dijo en voz baja, pero clara para que todos escucharan. "Significa que nadie te vuelve a faltar el respeto. Significa que tienes mi nombre para protegerte".
"Muchas gracias por todo Dario", dijo aria mientras lo apretaba más en su abrazo y enterraba su pequeña cabeza en el pecho del hombre.
La sensación de sus brazos rodeándolo con gratitud, la forma en que su cuerpo delgado se presionaba contra el suyo, envió una corriente de calor a través del pecho de Dario. Era una sensación extraña, casi desconcertante - ser apreciado por algo más que miedo o lealtad.
"De nada", murmuró contra su pelo, inhalando el aroma a champú de fresas que se había fijado en su memoria desde anoche. "Pero no me agradezcas. Esto es lo mínimo que mereces".
Su mano subió por su espalda, trazando círculos lentos y reconfortantes. La tela de su camisa se sentía fina bajo sus dedos, acostumbrados a manejar armas y dinero, no a consolar a mujeres vulnerables.
"Ahora ven conmigo", dijo con un tono que no admitía réplica.
hombres y mujeres que van viviendo su vida, caminando por calles cruzándose con perfectos desconocidos y de repente surge este milagro de cruzarte con esa persona que que marcara tu vida en un antes y un después y nada vuelve Aser igual.
es algo que ha ocurrido hasta el sol de hoy 😳