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LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

LAS DOS CARAS DE LA MONEDA

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Amor-odio / Malentendidos / Completas
Popularitas:965
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

En este juego de espejos, nadie es quien dice ser y la moneda está a punto de caer del lado de la justicia... o del caos.

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capitulo 11

El olor en la clínica de Ginebra no era el de los hospitales públicos ni el de la enfermería del penal. Olía a una limpieza estéril y costosa, a flores frescas que nunca llegaban a marchitarse y a ese silencio denso que solo el dinero puede comprar. Me miré en el espejo de la suite privada por última vez antes de que el anestesista entrara. Mi rostro, el que Arturo y Beatriz me habían dado, estaba marcado con rotulador quirúrgico. Parecía un mapa de demolición.

—¿Está segura, mademoiselle? —preguntó el Dr. Vogel, un hombre cuyas manos habían esculpido a la mitad de la aristocracia europea—. No es solo un retoque. Estamos hablando de una reestructuración ósea completa. El dolor será... considerable durante las primeras semanas.

—Doctor —dije, y mi voz sonó más firme de lo que él esperaba—, he pasado cinco años sintiendo cómo mi alma se deshacía en una celda de hormigón. Un poco de dolor físico para borrar mi pasado es un precio que pagaría con gusto diez veces.

Él asintió, impresionado por la frialdad de mis ojos. Lo que él no sabía era que yo no buscaba la belleza; buscaba una máscara. Una armadura de carne y hueso que me permitiera caminar frente a mis padres y mi hermana sin que un solo músculo de sus rostros se moviera por el reconocimiento.

El crisol del quirófano

La oscuridad de la anestesia me reclamó. Durante las horas que siguieron, el Dr. Vogel rompió mis pómulos para elevarlos, afiló mi mandíbula, redefinió mi nariz para que fuera más recta y aristocrática, y cambió la forma de mis párpados para darme una mirada más felina, más profunda. No se detuvo ahí. El plan de "La Maestra" incluía un cambio de color de ojos mediante implantes de iris de última generación: del café oscuro de los De la Vega a un gris tormenta, gélido y magnético.

Cuando desperté, el mundo era un borrón de gasas y punzadas eléctricas. Mi rostro estaba envuelto en vendas, pero no sentía miedo. Sentía una satisfacción sorda. Cada latido de dolor en mis mejillas era un paso más lejos de la chica que fue sacrificada en el asfalto.

Pasé tres meses en esa clínica. Tres meses aprendiendo a hablar con una nueva cadencia, practicando un acento que mezclaba lo europeo con lo cosmopolita, eliminando cualquier rastro de la vulnerabilidad de Marina. Antonia me enviaba libros y carpetas de información a través de canales seguros. Estudié la historia de la familia Valerius, una rama extinta de la nobleza menor europea que Antonia había "resucitado" legalmente para mí.

—Ya no eres Marina —me repetía frente al espejo, incluso cuando las vendas seguían puestas—. Eres Elena Valerius. Eres una inversora de riesgo con un pasado misterioso y una fortuna que nadie puede rastrear hasta su origen.

El espejo de la nueva realidad

El día que Vogel retiró las últimas vendas, el silencio en la habitación fue absoluto. Él mismo dio un paso atrás, admirando su obra maestra.

Me acerqué al espejo. Lo que vi no era una versión mejorada de mí misma. Era otra persona. La mujer que me devolvía la mirada era impactante. Tenía una belleza fría, casi letal. El cabello, que ahora crecía en un rubio platino casi blanco por los tratamientos químicos, enmarcaba un rostro de ángulos perfectos. Mis ojos grises eran dos témpanos de hielo que no guardaban ni un gramo de la piedad que casi me cuesta la vida.

—Es perfecta —susurró Vogel—. Nadie, ni siquiera su propia madre, podría reconocerla ahora.

—Esa es la idea, Doctor —respondí. Mi voz, ahora un poco más grave por un procedimiento en las cuerdas vocales, era el toque final—. Mi madre nunca me conoció realmente. Solo conocía la mancha que quería borrar.

Salí de la clínica con un pasaporte suizo a nombre de Elena Valerius y una cuenta bancaria alimentada por los desvíos inteligentes que Antonia y yo habíamos orquestado desde la prisión. No era la fortuna de los De la Vega, pero era suficiente para comprar el escenario de mi regreso.

El regreso a la guarida del lobo

Volví a mi ciudad natal seis meses después de salir de prisión. El avión aterrizó en la terminal privada. Al bajar, el aire me resultó familiar, pero yo ya no era la misma presa que lo respiró por última vez. Vestía un traje de sastre color crema, gafas de sol oscuras y una seguridad que emanaba de cada poro de mi piel.

Me instalé en el ático de uno de los hoteles más exclusivos, curiosamente situado a pocas manzanas de la torre corporativa de Arturo De la Vega. Mi primera misión era simple pero crucial: verlos desde las sombras. Necesitaba confirmar que mi máscara era impenetrable.

Esa noche, se celebraba el "Baile de la Rosa", el evento social más importante del año. Era el lugar perfecto. Compré una entrada de benefactora bajo el nombre de Elena Valerius, haciendo una donación lo suficientemente grande como para que mi nombre estuviera en la lista VIP de la entrada.

Llegué en un Maserati negro. Al bajar, los flashes de los fotógrafos me rodearon. No me escondí. Caminé por la alfombra roja con una sonrisa gélida, disfrutando de la atención que antes me aterraba.

Entré al gran salón. El lujo era asfixiante, el mismo lujo que cinco años atrás me hacía sentir pequeña. Ahora, me parecía vulgar. En el centro de la sala, rodeados de una corte de aduladores, estaban ellos.

Arturo De la Vega lucía más viejo, pero su aura de poder seguía intacta. Beatriz estaba a su lado, cubierta de esmeraldas, riendo con una copa de champán en la mano. Parecían no tener ni un solo remordimiento, ninguna sombra en sus conciencias. Eran felices sobre mi tumba.

Y entonces, la vi a ella.

Isabella. Entró en el salón del brazo de Federico. Llevaba un vestido rojo sangre que gritaba protagonismo. Su belleza seguía siendo deslumbrante, pero ahora, con mis ojos educados en la prisión, podía ver la tensión en la comisura de sus labios, la forma en que sus ojos escaneaban la habitación buscando amenazas. Se sentía la reina del mundo.

Me acerqué a la barra, a pocos metros de donde ellos se encontraban. Mi corazón latía con fuerza, pero mi mano no temblaba al sostener la copa.

—¿Una noche encantadora, no cree, señorita? —dijo una voz a mi lado.

Era Arturo. Se había acercado a la barra para pedir un whisky. Se detuvo a mi lado y sus ojos se posaron en mi perfil. Mi padre, el hombre que me había tenido en sus brazos de bebé y que me había condenado a una celda, me estaba mirando con el interés depredador de un hombre de negocios ante una mujer hermosa.

—Absolutamente, Sr. De la Vega —respondí. Giré el rostro lentamente y lo miré directamente a los ojos. Mi mirada gris se clavó en su café oscuro—. Aunque a veces, el exceso de luces oculta las grietas más profundas de una habitación.

Arturo parpadeó, desconcertado por un segundo. No me reconoció. Ni un ápice de duda cruzó su rostro. Para él, yo era solo una desconocida fascinante.

—Vaya, una filósofa en un baile de gala —rió él, extendiendo una mano—. Arturo De la Vega. No creo haber tenido el placer de conocerla, señorita...

—Elena Valerius —dije, estrechando su mano con firmeza—. He oído mucho sobre su familia, Sr. De la Vega. Especialmente sobre su... impecable reputación.

—Espero que solo haya oído cosas buenas —intervino Beatriz, acercándose con curiosidad—. Arturo, no me has presentado a nuestra invitada.

—Elena Valerius, mi esposa Beatriz —dijo él—. Elena es nueva en la ciudad.

Beatriz me recorrió con la mirada, buscando cualquier falla en mi vestuario o en mi porte. No encontró nada más que una elegancia que superaba la suya.

—Encantada, Elena —dijo mi madre con una sonrisa falsa—. Espero que encuentre nuestra sociedad a su altura.

En ese momento, Isabella se unió al grupo. Me miró de arriba abajo, y por un microsegundo, sentí que el aire se detenía. Sus instintos de competitividad se encendieron de inmediato.

—¿Y quién es esta belleza que tiene a mis padres tan entretenidos? —preguntó Isabella con un tono que pretendía ser amable pero cargaba con un filo de advertencia.

—Elena Valerius —repetí, sosteniéndole la mirada—. Acabo de llegar de Suiza. He venido a explorar algunas... oportunidades de inversión.

Isabella sonrió, pero sus ojos azules permanecieron fríos.

—Suiza es un lugar encantador. Pero aquí los negocios son un poco más... feroces. Espero que tenga la piel dura, Srta. Valerius.

—No se preocupe por eso, Isabella —respondí, bajando la voz lo justo para que solo ella sintiera el peso de mis palabras—. He pasado tiempo en lugares mucho más duros que este salón. He aprendido que la piel más delicada suele ocultar las cicatrices más feas.

Isabella frunció el ceño, confundida por la encriptación de mi mensaje, pero antes de que pudiera responder, Federico la llamó para saludar a otro invitado. Los De la Vega se alejaron, dejándome sola en la barra.

Me quedé allí, viendo cómo se movían por el salón. El experimento había sido un éxito total. Había estado a centímetros de ellos, les había hablado, les había tocado la mano, y no habían visto nada. Para ellos, Marina estaba muerta y enterrada. Elena Valerius era una extraña.

Sentí una mezcla de triunfo y una amargura que quemaba. El hecho de que ni siquiera una chispa de instinto biológico les hubiera advertido de mi presencia era la prueba final de su traición. No solo me habían abandonado; me habían borrado de tal forma que ya no existía en su memoria celular.

—Perfecto —susurré para mí misma, bebiendo el resto del champán—. Si no pueden verme, no verán venir el golpe.

El primer movimiento en el tablero

Al día siguiente, desde mi oficina en el ático, inicié la fase de ataque. Usando las tácticas de "La Maestra", empecé a comprar pequeñas deudas de las empresas constructoras de Arturo. Movimientos discretos, a través de empresas fachada en paraísos fiscales. Estaba tejiendo una red alrededor de sus activos, tal como él había tejido la red de mentiras alrededor de mi juicio.

Pero había una pieza que aún no encajaba en mi plan. Una persona que seguía siendo una variable incontrolable.

Julián Torres.

Había investigado su paradero. No le había ido bien. La indemnización que Arturo le dio por la muerte de su hermana se había esfumado en deudas médicas de su madre, quien murió de pena un año después de Lucía. Ahora, Julián trabajaba como mecánico en un taller de mala muerte, consumido por el odio hacia la mujer que él creía que mató a su hermana: yo.

—Es hora de visitarlo —decidí.

Sabía que Julián era la clave. Si quería destruir a los De la Vega, necesitaba a alguien que tuviera tanta sed de justicia como yo de venganza. Pero para ganármelo, tendría que enfrentarme al odio que yo misma, bajo el nombre de Marina, había aceptado cargar.

Me puse una gabardina negra y conduje hacia los barrios bajos. La metamorfosis estaba completa en el exterior, pero el encuentro con Julián pondría a prueba si Elena Valerius era capaz de manejar la culpa de una muerte que no era suya, pero que cargaba en su expediente.

Llegué al taller al atardecer. Julián estaba bajo un coche, con las manos llenas de grasa y el rostro marcado por el cansancio. Se levantó al ver mi coche lujoso estacionarse frente a su puerta.

—Estamos cerrando —dijo con voz áspera, limpiándose las manos en un trapo sucio.

Bajé del coche y me quité las gafas de sol. Lo miré con mis nuevos ojos grises.

—No vengo a que arregle mi coche, Sr. Torres —dije—. Vengo a hablarle de justicia. De la verdadera justicia que los De la Vega le robaron hace cinco años.

Julián se tensó. El nombre de los De la Vega actuó como una descarga eléctrica en él.

—No sé quién es usted, ni me interesa —escupió—. Váyase de aquí con su dinero y su elegancia antes de que pierda los modales.

—Mi nombre es Elena Valerius. Y sé que Marina De la Vega no conducía ese coche la noche que su hermana murió.

El silencio que siguió fue absoluto. El odio en los ojos de Julián se transformó en una confusión violenta. El juego había comenzado.

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Hope Mag Vasquez
Wuaoooo!!!! hasta cuándo el tablero va a dejar de moverse /Frown//Frown/
Hope Mag Vasquez
Unas joyitas los de la Vegas..... se hicieron millonarios sobre bases de algodón
Hope Mag Vasquez
Quien sabe... a lo mejor sigue siendo estúpida.....
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Muy bonita la novela, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Wow mas mentiras, quien es realmente el padre del niño, y que pasara con Julian y Marina?
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay tantos secretos entre todos que ya me late que son todos unos desgraciados infelices peleando como buitres
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Cuantas cosas ocultas mas tendrán que salir a la luz, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay cuantas cosas mas saldrán a la luz 😭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Chuta, de quien eres hija Marina? 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Esta muy buena e intrigante 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
No entiendo porque Sebastian es su nieto, si Federico es el esposo de Isabella, pero el niño es con otra mujer 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Ese hijo a de ser la recluta que escribía cartas que nunca se enviaron 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Viejo desgraciado se a de están quemando en el infierno, nunca quisieron a nadie, ya que la vieja sabía todo igual 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Al fin estas haciendo justicia, por ti, por Lucía y todos los que han sido estafados 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que pasara ahora, se mataran, oh Julian intervendra
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Trabajando juntos lo lograron, falta la zorra de Usabelja y su madre 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que desgraciado este viejo de Arturo, cree que hará tonta a Elena 🤣🤣👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bien Elena aprendiste con la mejor Maestra que jamas te unieras imaginado y con Julian de apoyo hará un gran equipo 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que bueno que Julian acepto aliarse con ella, asi se dará cuenta realmente quienes son esos desgraciados sin escrúpulos 🤭👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Yo creo que Julian ya sabía eso, ojalá se unan para acabar con esos desgraciados y también porque no enamorarse 🤭👏👏👏
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