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BAJO LA MISMA ORDEN

BAJO LA MISMA ORDEN

Status: En proceso
Genre:Romance / Malentendidos
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Leidy Ocampo

Después de años de separaciones, heridas y secretos, Natalie Cardona, una valiente capitana de élite, y Dereck Stein, un estratega marcado por la guerra, se reencuentran entre el deber y el amor que nunca pudieron apagar, descubren que incluso las almas rotas pueden volver a latir...

NovelToon tiene autorización de Leidy Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

De vuelta a la base

El viento frío de Berlín me recibió con ese golpe seco que siempre recordaba de los amaneceres en la base. Habían pasado cuatro años desde la última vez que pisé esas instalaciones, y sin embargo, todo se sentía igual: el eco de las botas contra el suelo metálico, el olor a aceite de armas, el zumbido lejano de los helicópteros despegando al otro lado del hangar. Era como si el tiempo no hubiera pasado, aunque yo sí.

Ajusté la chaqueta de cuero y subí el cierre hasta el cuello. El atuendo era simple: jeans ajustados, botas negras de tacón bajo, una blusa lisa y el cabello recogido en una coleta alta. Nada del uniforme, nada que gritara "Capitana Cardona". Solo Natalie. Al menos por unas horas más.

El guardia de seguridad en la entrada me pidió la identificación. Su expresión cambió apenas vio el sello de ARMA en la credencial temporal.

-Bienvenida de nuevo, capitana -dijo con un leve asentimiento.

Capitana. La palabra aún me pesaba en el pecho.

Crucé los pasillos blancos, impecables, donde las pantallas mostraban informes de operaciones y mapas tácticos. Todo me resultaba demasiado familiar: el olor del café fuerte de las máquinas, las voces cruzadas, el sonido de las puertas automáticas. Cada paso me devolvía recuerdos que creía enterrados.

Y entonces, la escuché.

-No puede ser... -dijo una voz femenina a mis espaldas, cargada de incredulidad y alegría.

Me giré y ahí estaba ella: Emma Walsh, mi ex compañera de unidad, con el cabello más corto pero la misma sonrisa amplia de siempre. Llevaba el uniforme azul oscuro y una carpeta bajo el brazo.

-¡Emma! -dije sonriendo, sin poder evitar el impulso de abrazarla.

-¡Maldita sea, Natalie! -rió, abrazándome con fuerza-. ¡Pensé que no volvería a verte!

-Yo también lo pensé -contesté, soltándola y mirándola de arriba abajo-. Mírate, todavía en pie, condecoraciones nuevas y todo.

-Y tú... -me miró con curiosidad-. No creí que volverías a ponerte un pie en esta base.

-Ni yo -admití con una sonrisa suave-. Pero aquí estoy.

Emma chasqueó la lengua.

-Si Richard te llamó, debe ser serio. Él no hace "reencuentros sentimentales".

Reí.

-Eso pensé.

De pronto, una voz masculina resonó desde el pasillo.

-¿Estoy soñando o la Capitana Cardona volvió de entre los muertos?

Giré la cabeza y vi a James Parker, alto, de complexión atlética, con el mismo humor de siempre. Venía acompañado de Marcos Díaz, el ingeniero táctico del equipo, y Lana Kovacs, la médico de campo. Todos se detuvieron al verme.

-Vaya -dijo James, cruzándose de brazos-. Y yo que pensaba que nos habías olvidado.

-Nunca podría olvidarlos -contesté, sonriendo genuinamente-. Solo... necesitaba distancia.

Marcos se acercó y me dio un abrazo rápido, fuerte.

-Nos hiciste falta, Cardona. Las misiones ya no eran tan divertidas sin ti gritándonos que nos apuráramos.

-Aún puedo hacerlo si lo necesitan -respondí con ironía.

Lana, siempre elegante y callada, me observó con una sonrisa discreta.

-Se te ve bien. Diferente, pero bien.

-Supongo que el aire de Colombia hace milagros -contesté.

Pasamos un rato poniéndonos al día. Emma habló sobre las nuevas operaciones, James sobre su traslado a inteligencia, y Marcos sobre un nuevo sistema de drones que estaban probando. Escucharlos me hizo sentir una mezcla de nostalgia y vértigo. Era como si el tiempo hubiera retrocedido, como si nunca me hubieran quitado las insignias.

Pero en el fondo sabía que nada era igual. Yo no era la misma soldado. Ni la misma mujer.

-Por cierto -dijo Emma con tono travieso-, ¿ya te contaron quién está al mando de la unidad táctica ahora?

La miré con curiosidad. Fingi demencia, obvio que ya lo sabía.

-No. ¿Quién?

Ella sonrió de lado.

-Te vas a enterar pronto. Pero te advierto... no será una sorpresa agradable.

Sentí un leve nudo en el estómago.

No necesitaba que dijera el nombre.

Ya lo sabía.

Dereck Stein.

El hombre que había firmado mi baja.

El hombre que había destruido mi carrera...

y mi corazón.

-Perfecto -susurré con sarcasmo, alzando la vista hacia los ventanales del edificio-. Justo lo que necesitaba para sentirme en casa.

Emma rió, dándome una palmada en el hombro.

-Bienvenida de nuevo, capitana. Esto va a ponerse interesante.

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