El dolor fue el puente. En un segundo, el Capitán de la Unidad de Élite sentía el frío del asfalto tras un tiroteo mortal. Al siguiente, sentía el peso sofocante de un cuerpo sudoroso y el hedor a rancio de una habitación cerrada.
-¡Quédate quieto de una puta vez!- rugió una voz ronca sobre él.
El policía abrió los ojos. No estaba en la morgue ni en el hospital. El techo estaba manchado de humedad y la luz de una bombilla desnuda oscilaba sobre su cabeza. Un hombre de hombros anchos y rostro desencajado por la ira lo inmovilizaba sobre un colchón mugriento.
En ese instante, una descarga de recuerdos que no le pertenecían inundó su mente como torrente de agua helada. Se vio a sí mismo o mejor dicho, al dueño de ese cuerpo, como un ser roto. Un omega llamado Ren, cuya existencia se reducir a cuatro paredes, golpes, y el miedo constante a un esposo alfa que lo trataba como ganado. Ren acababa de morir... (ambientado con el estilo staempunk)
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¿Quién es esta joya que no conocía?
Ren no se dejó intimidar. Se sentó en una silla sin que nadie lo pidiera.
-Y usted debe ser el hombre que pierde el tiempo mandando a matones a recoger un omega qué solo quiere vivir en paz. ¿Qué quiere de mí?-
Valerius tenía la sonrisa de un depredador que acaba de encontrar un juguete nuevo.
-Me gusta tu actitud. No tiemblas, no bajas la mirada y tus feromonas huelen a tormenta. Eres fascinante Ren.-
-Vaya al grano. Tengo que volver con mi hijo.- Habló Ren con voz seria.
-Tengo un problema.- El alfa se recostó en ka silla. -Un político corrupto me roba dinero y lastima a personas inocentes. Necesito a alguien invisible para el trabajo. Alguien como tú.-
-¿Quiere que sea su asesino? Soy un omega ¿recuerda?- Ren Soltó una risa amarga.
-Eres un soldado atrapado en el cuerpo de un omega.- el alfa se inclinó hacia delante -Si trabajas para mí, tú y tu bebé estarán bajo mi protección. Nadie volverá a molestarlos. Pero si te niegas... Sabes como funciona el mundo para un omega solo.-
Ren sintió rabia. Era un chantaje. Pero también era una oportunidad.
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-Si acepto, quiero reglas. No tocarán a mi hijo. No me marcarán. Y yo elijo como hacer el trabajo.-
Valerius caminó y se detuvo muy cerca del omega. Ese aroma de bosque, lluvia y poder se extendió envolviendo a Ren. Era una sensación extraña, casi embriagadora, pero el policía se resistió a ella.
Valerius estiró la mano y tocó un mechón del cabello del omega con mucha suavidad.
-Trato hecho pequeño fantasma. Pero recuerda algo... ahora me perteneces. Y yo nunca dejo ir lo que es mío.-
Ren lo miró con desafío.
-Eso ya lo veremos.-
Valerius sintió una chispa de obsesión nacer en su pecho. Por primera vez en su vida, había encontrado a alguien que no le tiene miedo. La cacería de Valerius no era solo por el asesino. Era por el corazón del omega quw tenía el alma de un guerrero.
El reloj de la pensión marcaba las seis de la tarde. Ren vestía un traje de seda color azul medianoche. Diseñada para ajustarse al cuerpo de un omega delgado, pero también le permite movilidad.
-Esto es solo un uniforme más Leo.- le habló al bebé que estaba sentado sobre la cama, tambaleándose un poco mientras intentaba agarrar sus propios pies.
Leo ya tenía cinco meses. Ojos grandes y brillantes y ya comenzaba a bslbucear, derretía al Capitán de hierro. Ren lo tomó en brazos y aspiró el olor a talco y bebé limpio.
-Papá tiene que ir a trabajar. Quédate con la abuela Martha, no tardaré.- susurró con una ternura que nadie más conocía.
La señora Martha entró a la habitación y se quedó con la boca abierta al ver a Ren.
-Si alguien me dijera que eres el mismo que restriega pisos, no lo creería.-
-Solo voy a hacer un negocio Martha.- Mintió con una sonrisa tranquila -Por favor, si no vuelvo para medianoche, cierra la puerta con doble llave.-
Ren bajó las escaleras, ya lo esperaba el mismo coche de lujo. En el trayecto, el Capitán repasaba el plan es su mente, como en sus días de gloria en la unidad de élite.
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El auto se detuvo en la mansión de Valerius, el guardaespaldas lo guió al salón principal. Allí estaba el alfa, impecable en un traje negro, bebiendo de una copa en el ventanal.
Cuando vio a Ren, el alfa quedó sin palabras. Ren tenía una belleza para nada débil. Había algo en su postura, en la manera de sostener la mirada, lo hacía parecer un arma envuelta en seda.
-Llegas a tiempo.- Dijo Valerius recuperando la composición, pero sus ojos brillaban con una intensidad peligrosa. -El azul te queda bien. Casi olvido que llevas un cuchillo escondido en el muslo.-
Ren arqueó una ceja.
-Dos cuchillos, una dosis de veneno, un cable de acero. No me subestimes señor.-
Valerius Soltó una carcajada y se acercó al omega. El aroma del alfa, madera y poder, llenó 3l espacio personal de Ren, colocó un pequeño broche en el traje del omega.
-Este broche tiene un micrófono y un rastreador. No quiero que nada le pase a mi mejor inversión.-
-No soy su inversión- apartó la mano del alfa con firmeza -soy su socio temporal. Y no necesito que me rescate. Quédese ene l coche y disfrute del espectáculo.-
-Veremos si mantienes esa arrogancia cuando estés rodeado de alfas hambrientos, pequeño fantasma.- Valerios sonrió de la manera depredadora que Ren odia tanto.
El coche lo dejó cerca de la mansión. Ren entró caminando con la cabeza en alto. Sus instintos estabas más despiertos qué nunca.
-¡Vaya! ¿Quién es esta joya que no conocía?- Preguntó un alfa gordo y sudoroso. Intentó tocar a Ren.
Ren le dedicó una mirada tan fría que el hombre retrocedió un paso sin saber porqué.
-Busco al ministro Weber. Tenemos un asunto pendiente.- dijo Ren con voz suave y cortante.
-Está en el balcón del segundo piso.- respondió el hombre algo intimidado.
Ren caminó entre la multitud. A través del micrófono, escuchó la voz de Valerius en su oído.
-Cuidado Ren, Weber tiene dos guardias en la puerta del balcón.-
Al llegar a la puerta del balcón, dos guardias lo detuvieron.
-El Ministro no quiere interrupciones.- dijo uno de ellos.
Ren puso su cara más inocente, dejando que sus feromonas de omega se volvieran dulces y suaves por un momento, el camuflaje perfecto.
-Oh, por favor... el Ministro me pidió que viniera personalmente. Dijo que tenía un regalo para mí.-
Los guardias se miraron y sonrieron de forma asquerosa. Al ver un omega tan pequeño y refinado, bajaron la guardia.
-Pasa bonito, pero no tardes mucho.-
En cuanto entró al balcón y se cerró la puerta, Ren cambió por completo. El Ministro era un hombre mayor, con aspecto arrogante.
-¿Quién eres tú? No te llamé.- dijo molesto el Ministro.
-No, no lo hizo.- Dijo el omega acortando la distancia. -Pero muchas personas que usted lastimó, si me llamaron.-
El Ministro quizo gritar pero Ren fue más rápido. El omega le tapó la boca con una mano y con la otra le Clavó una aguja en el cuello.
-Es un veneno que imita un ataque al corazón.- El hombre comenzaba a desplonarse. -En diez minutos, sus guardias lo encontrarán y pensarán que el exceso de vino y la comida lo mató. Justicia poética. ¿No cree?-
Ren sostuvo el cuerpo de Weber hasta que se quedó sin vida, acomodándolo en una silla para que pareciera que estaba durmiendo. Luego limpió cualquier rastro y salió del balcón con la misma calma con la que entró.
Al pasar junto a los guardias y les guiñó un ojo.
-Se quedó dormido, lo despierten.-
El coche negro lo esperaba a la vuelta de la esquina. Cuando Ren entró y se sentó, Valerius lo estaba mirando con una mezcla de respeto y algo mucho más oscuro.
-Seis minutos y doce segundos.- Dijo el alfa mirando su reloj. -Ni un mancha de sangre. Ni un grito. Eres un monstruo, Ren. Un monstruo precioso.-
Ren se Soltó la corbata y suspiró. Estaba exhausto.
-Solo hice mi trabajo. Ahora Llévame a casa. Mi hijo me espera.-
Valerius no arrancó el coche de inmediato. Se acercó a Ren, invadiendo su espacio de nuevo. Esta vez Ren no se alejó, estaba demasiado cansado para pelear. Valerius le acarició la mejilla con el pulgar.
-Eres diferente a cualquier omega que haya conocido.- Murmuró el mafioso. -Tienes el alma de un guerrero y la mirada de alguien que ha visto la muerte de cerca. Me pregunto que más escondes.-
-Escondo muchas cosas que usted no querría saber.- respondió el omega -Ahora cumpla su parte. Protección y comida para mi hijo.-
-Lo tendrás todo.- por primera vez, su voz no sonaba a negocio, sino a una promesa personal -Pero a cambio, quiero que sigas a mi lado. Este mundo es peligroso, pequeño fantasma, y yo soy el único que puede mantenerte a salvo de tipos como yo.-
Ren cerró los ojos mientras el coche arrancaba. Sabía que se estaba metiendo en la boca del lobo, pero mientras tuviera a Leo a su lado y su mente de policía intacta, estaba seguro de que él sería quien pondría las reglas en ese juego de poder.