NovelToon NovelToon
BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de Delenis Valdés Cabrera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 1

La ciudad de San Jude no perdonaba a los débiles, y Elena lo sabía. Con sus 1.45 de estatura, siempre había tenido que caminar con la cabeza en alto para no ser invisible. Su pelo castaño y lacio caía como una cortina de seda sobre sus hombros, y sus ojos café, grandes y expresivos, solían ver más de lo que la gente sospechaba.

Esa noche, Elena salía tarde de la biblioteca. Decidió tomar un atajo por un callejón iluminado por una sola farola mortecina. De repente, el sonido de disparos rompió el silencio.

Al doblar la esquina, se quedó paralizada.

Un hombre estaba de pie sobre un cuerpo caído. Era una mole de músculos, vestido con un traje negro impecable que parecía brillar bajo la lluvia. Era Viktor Volkov, el heredero del imperio criminal más grande del estado. Medía casi dos metros, y su sola presencia emanaba un aura de peligro absoluto.

Viktor giró la cabeza. Sus ojos gélidos se clavaron en la pequeña figura que lo observaba. Los hombres de Viktor levantaron sus armas, pero él hizo una señal para que se detuvieran.

Nunca había visto algo así. Frente a él estaba una mujer que parecía una muñeca de porcelana, delicada y frágil, pero que no estaba gritando. Elena lo miraba con una mezcla de terror y una extraña curiosidad, sus ojos café brillando con el reflejo de las luces de la ciudad.

— Eres muy pequeña para estar en un lugar tan sucio, ratoncita —dijo Viktor con una voz que era un gruñido profundo.

Él caminó hacia ella. Cada paso de sus pesadas botas hacía que el suelo vibrara. Cuando se detuvo frente a Elena, la diferencia era absurda: ella apenas le llegaba a la boca del estómago. Viktor tuvo que inclinar la cabeza totalmente hacia abajo para verla.

— He visto lo que no debía, ¿verdad? —susurró Elena, con la voz temblorosa pero firme.

Viktor extendió una mano enguantada y, con un solo dedo, levantó el mentón de la chica. La suavidad de su piel castaña contrastaba violentamente con el cuero negro de su guante.

— Así es —respondió él, con una sonrisa oscura que no llegó a sus ojos—. Y en mi mundo, los testigos desaparecen... o se convierten en propiedad.

Esa noche, Elena no regresó a su casa. Fue llevada a la mansión de los Volkov, comenzando una odisea donde su tamaño sería su mayor engaño y el corazón de piedra de Viktor, su mayor desafío.

(...)

El despertar en la mansión Volkov no fue como Elena imaginaba. No había celdas oscuras ni cadenas. Se encontró en una habitación inmensa, con techos tan altos que la hacían sentir aún más pequeña de lo normal. La cama era tan grande que Elena parecía perderse entre las sábanas de seda gris.

Se levantó y caminó hacia el gran ventanal. Afuera, el jardín estaba custodiado por hombres armados. Su pelo castaño y lacio estaba algo enredado, y sus ojos café reflejaban el cansancio de una noche de miedo.

De pronto, la puerta doble se abrió de par en par. Viktor entró con la misma energía dominante de la noche anterior. Ya no llevaba el traje manchado de lluvia, sino una camisa negra con los primeros botones abiertos, dejando ver el inicio de un tatuaje de cuervo en su pecho.

Él se detuvo en seco al verla. Ella estaba de pie, descalza, viéndose diminuta frente a la escala monumental de la habitación. Viktor sintió una punzada extraña; era como tener un pájaro herido en una caja demasiado grande.

— La ropa que dejé para ti es demasiado grande —observó Viktor, recorriendo con la mirada la camisa de seda que Elena se había puesto, que le llegaba por debajo de las rodillas—. Mañana vendrá un sastre. Te harán un guardarropa a tu medida.

— No quiero un guardarropa —dijo Elena, cruzando los brazos—. Quiero irme a casa. Tengo cosas que atender y mi gato no ha comido.

Viktor soltó una risa seca, un sonido bajo que hizo que a Elena se le erizara la piel. Se acercó a ella con pasos lentos. Cuando estuvo a pocos centímetros, la sombra de Viktor cubrió por completo a la chica. Tuvo que inclinar la cabeza hacia atrás, sintiendo que el cuello le dolía, solo para sostenerle la mirada.

— No lo entiendes, Elena —dijo él, bajando la voz hasta que fue un susurro peligroso—. No eres una invitada. Eres un cabo suelto. Y yo no dejo cabos sueltos caminando por la calle.

Él extendió su mano y tomó un mechón de su cabello castaño, enrollándolo en su dedo índice. El contraste entre su mano gigante y la delicadeza de Elena era casi artístico.

— Desde hoy, este es tu mundo. Mi palabra es tu ley. Y si intentas cruzar esa puerta sin mi permiso... —hizo una pausa, acercándose más a su oído—, recordaré por qué me llaman "El Carnicero".

Viktor se dio la vuelta para salir, pero antes de cerrar la puerta, Elena gritó:

— ¡Es una jaula muy grande para alguien tan pequeña, Viktor! ¿Realmente me tienes tanto miedo?

Viktor se detuvo, pero no se giró. Por primera vez en su vida, una mujer lo retaba. Una mujer que apenas le llegaba al pecho. Cerró la puerta con un golpe seco, pero una pequeña sonrisa, casi imperceptible, apareció en su rostro.

Esa "ratoncita" tenía garras.

1
Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play