Elena yacía en el asfalto, envuelta en su propia sangre, preguntándose cómo el amor de su vida, su hermana y su mejor amiga habían terminado convirtiéndose en sus verdugos. Diez años de matrimonio, confidencias y promesas rotas se desvanecían en un segundo de traición absoluta.
Pero la muerte no fue el final.
Un parpadeo, un susurro de deseo no pronunciado, y el tiempo retrocedió. Diez años exactos. El mismo día, la misma decisión fatal que lo cambió todo. Ahora Elena despierta con el sabor metálico del miedo en la boca y un fuego frío en las venas: sabe lo que viene. Sabe quiénes son en realidad.
Esta vez, no será la víctima.
Una mujer traicionada, un plan imposible, y una fortuna que todos quieren.
¿Hasta dónde llegará Elena para evitar que la historia se repita?
¿Y qué precio pagará por jugar con el destino?
HASTA QUE EL DIVORCIO NOS SEPARE
Porque algunas segundas oportunidades no son un regalo… son una guerra.
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El Primer Paso
Salí del baño del orfanato con las manos aún temblando bajo la servilleta húmeda. La mujer de mediana edad me miró preocupada, pero no le di tiempo a preguntas. Caminé directo hacia la sala de firmas, donde Marcos revisaba los papeles con esa sonrisa de vendedor de autos usados que ahora me provocaba náuseas. Entré en la pequeña oficina dejando que mi rostro mostrara una sonrisa tímida, Marcos estaba allí , sentado frente a la directora con una carpeta de papeles en la mano y , esa expresión de esposo perfecto que también conocía ahora como falsa.
—Elena, cariño —dijo sin levantar la vista— Ya casi terminamos. El bebé está sano, los papeles están listos. Solo falta tu firma.
El bebé ..o mejor dicho su bebé. El que él y Sofía habían tenido en secreto y ; que yo había criado como propio durante una década. Al recordar esto, senti como algo se atoraba en mi garganta.
—No voy a firmar..—dije con voz firme, aunque por dentro me temblaba todo.
Marcos alzó la cabeza de golpe. Y aquellos ojos azules, los mismos que me habían cautivado en la universidad... ahora se posaban sobre mí como dos cuchillas filosas a punto de desgarrarme.
—...¿Qué?
—No me siento preparada. —Me crucé de brazos, fingiendo vulnerabilidad— He estado pensando… tal vez deberíamos intentarlo con tratamientos de fertilidad otra vez. O… no sé. Esto es demasiado rápido.
El silencio que siguió fue tan denso que casi podía tocarlo. La trabajadora social ,una mujer flaca con gafas de montura metálica, carrasco incómoda. Yo en cambio, miraba a Marcos a los ojos fingiendo que las lágrimas se asomaban en los míos.
—Marcos… no puedo. Lo siento tanto, pero al verlo… me di cuenta de que no estoy lista. Sigo dolida por no poder tener un hijo propio. Quiero intentarlo una vez más con tratamientos, o al menos esperar. La empresa está pasando por un momento difícil, ¿recuerdas? No sería justo traer un niño ahora.
Su rostro cambió en fracción de segundos; pasando de la sorpresa, a la irritación que disimuló rápido. —Pero amor, ya lo hablamos. La adopción es la mejor opción. Ese bebé nos necesita.
Negué con la cabeza, soltando sus manos. —No, Marcos. Hoy no. Necesito tiempo.
—Señora, el proceso ya está avanzado…
—Entonces lo detengo aquí —la corté, sin apartar la mirada de Marcos— No voy a adoptar a un niño que no siento como mío. No ahora.
Marcos apretó la mandíbula; y yo conocía perfectamente esa expresión. Era la misma que ponía cuando perdía una discusión de negocios.
—Hablaremos de esto en casa —dijo entre dientes, recogiendo los papeles con brusquedad— Gracias por su tiempo, señora Ramírez.
Salimos del orfanato en silencio, pues ninguno dijo nada. El aire de noviembre era frío, pero no tanto como la mirada que me lanzó cuando abrió la puerta del auto.
—¡¿Qué demonios te pasa, Elena? ! —siseó apenas cerré la puerta—Llevo meses planeando esto... ¡Y tú...!
—¿Planeando...?—repetí, saboreando la palabra— Qué curioso. Yo pensaba que éramos un matrimonio tomando decisiones juntos.
Él arrancó el motor con violencia.
—No seas dramática. Es un bebé. Un niño que necesita un hogar.
“Un niño que necesita mi herencia, querrás decir”, pensé.
Durante el trayecto a casa, mi mente iba a mil. Tenía que actuar rápido. Si Marcos sospechaba que yo sabía algo, acelerarían el plan. Recordaba perfectamente cómo había sido; primero la adopción, luego los “accidentes” que me dejaron estéril, después el testamento modificado “por amor al niño”. Y al final… el asfalto. No paso mucho cuando llegamos alapartamento. Marcos tiró las llaves sobre la mesa de la entrada y se sirvió un whisky.
—Explícame —dijo, dándome la espalda— ¿De verdad vas a tirar todo por la borda por un capricho?
—No es un capricho —Saqué mi teléfono del bolso y fingí revisar mensajes— Acabo de recibir un correo del doctor Herrera. Dice que hay una nueva clínica en España con un 70 % de éxito En casos como el mío. Quiero intentarlo.
Marcos se giró lentamente. Y vi el cálculo en sus ojos.
—¿España? Eso cuesta una fortuna.
—Tengo una fortuna —respondí con calma— Y es mía.
El silencio volvió a caer, pero esta vez era diferente. Era el silencio de alguien que acababa de darse cuenta de que el tablero se movió sin que él lo viera.
—Está bien —dijo al fin, forzando una sonrisa— Si eso te hace feliz… lo intentaremos.
Pero yo ya no era la Elena que se tragaba sus mentiras. Y mientras él subía a ducharse, saqué un segundo teléfono del cajón secreto del estudio. Abrí la app de mensajes encriptados y escribí
A: Detective R. Castillo
Asunto: Urgente
Necesito vigilancia 24/7 sobre Marcos Vidal y Sofía Mendoza. Fotos, audios, todo.
Pago el doble si empiezas esta noche.
No contactes a mi número principal.
Presioné enviar. Luego borré el mensaje.
Arriba, el agua de la ducha seguía corriendo. Abajo, yo acababa de declarar la guerra.
👏más....