“El misterio de las dos hermanas y los gemelos comienza cuando una oscuridad ancestral marca a una de ellas, mientras los hermanos descubren que su destino está ligado a dos lunas muy distintas que podrían salvar… o destruir… el bosque.” 🌒✨
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La ciudad en sombras
Al amanecer, la ciudad parecía despertar lentamente, con luces doradas filtrándose entre los edificios y calles todavía vacías.
Pero dentro del hotel, la tensión no había disminuido. Alison y Alisa seguían evitando cruzarse. Cada movimiento, cada respiración parecía cuidadosamente calculada para no tocar la otra, como si el simple contacto pudiera encender la sombra que ya comenzaba a crecer entre ellas.
La oscuridad no descansaba. Cada noche susurraba en los sueños de Alison y Alisa, manipulando sus pensamientos. Los susurros ya no eran solo dudas: ahora eran órdenes disfrazadas de consejo.
“Sin ella serías más fuerte.”
“Ella te debilita.”
Alison sentía la voz interna más persistente que nunca. Su marca palpitaba con fuerza, y la sombra a su alrededor se agitaba como un animal hambriento. Alisa, por su parte, sentía que su luz se apagaba poco a poco, como si la distancia emocional que la oscuridad sembraba entre ellas la debilitara físicamente.
—No quiero estar cerca de ti —dijo Alison sin mirar a su hermana. La voz era dura, fría.
—¿Qué…? —Alisa apenas pudo respirar, sorprendida y herida.
—Tal vez… es mejor así. —Alison se apartó, sintiendo un alivio extraño al mantener la distancia.
El padre las observaba desde la puerta. No podía intervenir todavía. No podía decirles la verdad sobre la madre. Sabía que la oscuridad había aprendido de la historia pasada y que cualquier revelación incorrecta podría ponerlas en peligro inmediato.
Mientras tanto, en el bosque que rodeaba la ciudad, Jael y Dael avanzaban rápido.
Sus sentidos estaban alerta, sintiendo la desconexión entre las hermanas como un vacío que les atravesaba el pecho. Cada paso hacia la ciudad les recordaba que la oscuridad no solo estaba manipulando los poderes de las chicas, sino también su relación.
De repente, un grupo de lobos salvajes emergió de entre los árboles. Sus ojos brillaban con un tono amarillo intenso, y sus gruñidos resonaban en la noche. No eran simples lobos; eran atraídos por la energía fragmentada de las hermanas, alimentándose de la tensión y el miedo que la oscuridad había sembrado.
—¡Preparados! —gruñó Jael, su cuerpo temblando mientras comenzaba una transformación parcial, suficiente para aumentar fuerza y reflejos.
Dael se colocó a su lado, ajustando la postura, preparado para lo que viniera. Los lobos atacaron en oleadas rápidas, moviéndose con instinto perfecto. Jael esquivó al primero, derribándolo contra un árbol con un movimiento rápido. Dael bloqueó al segundo, sintiendo los colmillos rasgar su ropa, pero no la piel.
El tercero intentó rodear, buscando la espalda de Dael. Jael lo interceptó y lo lanzó lejos. La batalla fue corta pero intensa, y los lobos finalmente huyeron al percibir que la energía de los gemelos no era vulnerable. Sin embargo, el mensaje estaba claro: la oscuridad estaba activando peligros externos.
—No fue casualidad —dijo Jael, respirando con dificultad.
—No —asintió Dael—. La energía que sentimos, la grieta entre ellas, está afectando todo a su alrededor.
De regreso en la ciudad, Alison se sentó frente a la ventana. La marca brillaba con intensidad irregular, oscilando entre sombras profundas y destellos tenues. La sensación de separación con Alisa era tangible, casi física. La luz de Alisa, aunque presente, parecía incapaz de sostener la conexión que antes las unía.
El padre entró en silencio, sosteniendo el medallón antiguo de su esposa. Su corazón estaba cargado de miedo y de recuerdos que no podía compartir. Sabía que la oscuridad que había arrebatado a la madre ahora estaba intentando lo mismo con sus hijas. Pero también sabía que cualquier revelación prematura podría destruirlas completamente.
—Chicas… —comenzó, con voz firme pero suave—. Hoy solo quiero que estén atentas y seguras. No necesito que confíen en mí ahora, pero confíen en ustedes mismas.
Alison lo miró de reojo, con desconfianza. Alisa respiró hondo, intentando controlar la luz que parecía temblar en su interior.
Ninguna de las dos estaba lista para acercarse otra vez.
Esa noche, la oscuridad no se limitó a los susurros. En sus sueños, la presión emocional se intensificó. Alison soñó que Alisa se alejaba de ella, caminando por calles vacías que se llenaban de sombras amenazantes. Cada paso que daba su hermana, la luz se debilitaba y la sombra de Alison crecía, oscura y peligrosa.
Alisa soñó lo mismo: Alison caminando hacia lejos, la distancia aumentando con cada movimiento. Su luz parpadeaba con miedo y dolor, incapaz de sostener lo que había antes sido fuerte y cálido.
El padre, consciente del efecto, permaneció en la habitación, sentado en silencio, sintiendo que la historia de la madre comenzaba a repetirse. La diferencia era que ahora él podía intentar intervenir, aunque todavía no podía contarles la verdad completa. La oscuridad estaba manipulando su miedo, la memoria de la madre, y su propia incapacidad para protegerlas totalmente.
Muy lejos, Jael y Dael finalmente divisaron las luces de la ciudad. El viento traía consigo una mezcla de energía: el miedo, la desesperación, y un hilo débil de poder que aún mantenía la conexión entre las hermanas.
—Tenemos que llegar antes de que la oscuridad logre separarlas por completo —dijo Jael, apretando los puños.
—Sí —respondió Dael—. No solo lucharemos contra lobos. Si llegamos tarde, tendremos que enfrentarnos a algo mucho más fuerte que ellos.
La luna se alzó, llena y brillante, bañando la ciudad en un resplandor que hacía que cada sombra se viera más larga. Y mientras la oscuridad trabajaba para separar a Alison y Alisa, los gemelos comprendieron que el verdadero peligro ya no era físico.
Era emocional, invisible, y devastador: una grieta en la confianza entre hermanas que la oscuridad planeaba explotar.
El padre miró la ventana, apretando el medallón. Sabía que la verdad que ocultaba podría cambiarlo todo, pero también sabía que cada segundo de demora daba ventaja a la sombra que había tomado a su esposa años atrás. La historia se repetía… y esta vez, no podía fallar.