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Villana Por Destino, Reina Por Elección.

Villana Por Destino, Reina Por Elección.

Status: Terminada
Genre:Romance / Mundo mágico / El Ascenso de la Reina / Completas
Popularitas:11.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

El destino teje hilos oscuros, pero el poder verdadero reside en decidir qué nudos desatar y cuáles cortar con tu propia voluntad

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Capítulo 01

El corsé de seda de Lady Alessia Ashworth estaba tan apretado que cada respiración se sentía como un acto de rebelión. El vestido, una obra maestra de encaje plateado y perlas traídas de las costas de Zafiro, pesaba sobre sus hombros, pero nada pesaba tanto como la tiara de diamantes que descansaba sobre su frente. Era la tiara de la futura reina, un símbolo de que, por fin, la profecía que la había perseguido desde su nacimiento estaba muerta.

O eso quería creer ella.

El Gran Salón de Vyrwel era un espectáculo de excesos. Miles de velas de cera de abeja colgaban de candelabros de cristal, bañando a la nobleza en una luz dorada y cálida. El aroma a lirios blancos y carne asada en especias flotaba en el aire, mezclándose con el perfume costoso de cortesanos que sonreían con los labios, pero observaban con ojos de halcón.

Alessia miró a su lado. Allí estaba él. El Príncipe Heredero Caleb de Vyrwel. Su prometido. Su ancla.

Caleb era la personificación del sol. Con su cabello rubio ceniza y sus ojos de un azul tan claro que parecían cristal, representaba todo lo que Alessia no era. Ella, con su cabello negro como el ala de un cuervo y su piel de porcelana, siempre había sido vista como "la sombra" que acechaba en los pasillos de la casa Ashworth.

—Estás muy tensa, mi amor —susurró Caleb, acercándose a su oído. Su aliento cálido rozó su piel, provocándole un escalofrío que, por un segundo, ella confundió con adoración—. Relájate. Esta es nuestra noche. La noche en que el reino verá que no hay nada que temer de ti.

Alessia forzó una sonrisa, apretando sus manos sobre el regazo.

—Es solo que... las miradas, Caleb. Siento que esperan que me convierta en un monstruo en cualquier momento —respondió ella en un susurro cargado de una vulnerabilidad que solo mostraba ante él—. ¿Sabes lo que dicen en los mercados? Dicen que el cielo se tiñó de rojo el día que nací. Dicen que mi sangre es veneno.

Caleb tomó su mano y la apretó. Sus dedos eran fuertes, protectores.

—Deja que hablen. Mañana, cuando nos casemos, sus lenguas se secarán. Eres mi futura reina, Alessia. Mi elección. Nadie puede quitarte eso.

Alessia cerró los ojos un momento, dejando que las palabras de Caleb calmaran los latidos erráticos de su corazón. Ella lo amaba con una desesperación nacida del aislamiento. Él había sido el único que no se había alejado cuando los sacerdotes leyeron los hilos de su destino. Él había sido su escudo contra el desprecio de su propio padre y el miedo del pueblo.

El banquete avanzó entre risas huecas y brindis interminables. Pero, a medida que la noche alcanzaba su cénit, un silencio antinatural empezó a filtrarse en la sala, como una mancha de tinta en el agua.

El Rey Alaric, un hombre marchito por los años y la paranoia, se puso en pie. El estruendo de su copa de oro contra la mesa de roble hizo que la música se detuviera en seco.

—¡Nobleza de Vyrwel! —tronó el Rey, su voz vibrando con una rabia contenida—. Durante años, hemos albergado una serpiente en nuestro seno. Hemos intentado purificar lo que es inherentemente impuro. Hemos intentado ignorar las advertencias de los antiguos dioses.

Alessia sintió un pinchazo de ansiedad en la base de la nuca. Miró a su padre, el Duque Ashworth, quien estaba sentado a unos metros. El hombre estaba pálido, evitando la mirada de su hija.

—Caleb... —susurró Alessia, buscando la mano de su prometido bajo la mesa—. ¿Qué está pasando?

Caleb no la miró. Sus dedos, antes cálidos, ahora se sentían fríos como el mármol. Lentamente, él soltó su mano.

—Hoy —continuó el Rey, señalando directamente hacia Alessia—, las pruebas han salido a la luz. La corrupción de la casa Ashworth no tiene límites. Se ha descubierto una conspiración para envenenar la línea real y entregar nuestro reino a las artes oscuras. Y la arquitecta de esta traición no es otra que la mujer que pretendía sentarse en el trono a mi lado.

Un murmullo de horror recorrió la sala. Alessia se puso en pie de un salto, su corazón golpeando sus costillas como un animal enjaulado.

—¡Eso es mentira! —gritó ella, su voz rompiéndose—. ¡Majestad, yo jamás...! ¡Padre, dile que es un error!

El Duque Ashworth se levantó, pero no para defenderla. Se arrodilló ante el Rey, con la cabeza gacha.

—Pido perdón por el pecado de mi sangre, Majestad —dijo el Duque con voz monótona—. No sabía que mi propia hija practicaba la magia de las sombras en secreto. Las pruebas encontradas en sus aposentos... el grimorio de sangre... no dejan lugar a dudas.

—¿Qué? —Alessia retrocedió, tropezando con su propia falda—. ¿Grimorio? ¿De qué estás hablando, padre? ¡Yo nunca he tenido tal cosa! ¡Caleb, ayúdame! ¡Tú sabes que he estado contigo todo el día! ¡Diles que es imposible!

Alessia se giró hacia Caleb, con lágrimas quemando sus mejillas. Esperaba ver indignación en su rostro, esperaba verlo desenvainar su espada para protegerla. Pero Caleb solo la miraba con una expresión de profunda lástima, una máscara tan perfecta que casi parecía real.

—Alessia —dijo Caleb, su voz suave, pero proyectándose para que todos la oyeran—. Desearía poder salvarte. Pero yo mismo encontré el veneno bajo tu almohada esta mañana. Intentaste matarme, Alessia. A mí, que te di todo.

El mundo de Alessia se detuvo. El sonido de su propio corazón era lo único que escuchaba, un tambor fúnebre.

—¿Tú... encontraste...? —balbuceó ella, el aire abandonando sus pulmones—. Caleb, tú lo pusiste ahí. Tú lo pusiste allí, ¿verdad?

La realización la golpeó con la fuerza de un rayo. No era un error. No era una confusión de los sacerdotes. Era una ejecución pública de su honor. Caleb, el hombre por el que ella habría dado su vida, la estaba entregando al matadero.

Caleb se acercó a ella, su rostro a escasos centímetros del suyo. Por un breve segundo, la máscara de lástima se deslizó, y Alessia vio la verdad en sus ojos: una ambición fría, calculadora y despiadada.

—El destino dijo que serías una villana, Alessia —susurró él, tan bajo que solo ella pudo oírlo—. Y el pueblo necesita una villana para que yo pueda ser su héroe. Gracias por tu sacrificio.

Caleb retrocedió y, con un gesto dramático, se arrancó el broche de compromiso de su capa y lo arrojó al suelo, donde rodó hasta los pies de Alessia.

—¡Guardias! —gritó el Príncipe—. ¡Llévense a esta criatura de las sombras! ¡Que sea despojada de su nombre y exiliada a las Tierras del Abismo! ¡Que nadie vuelva a pronunciar el nombre de Alessia Ashworth a menos que sea para maldecirlo!

—¡NO! ¡CALEB, POR FAVOR! —el grito de Alessia fue un desgarro de agonía pura.

Dos guardias de la Guardia Negra la agarraron por los brazos. Ella luchó, forcejeó, sus uñas se enterraron en el metal de sus armaduras, pero era inútil. La arrastraron por el pasillo central del Gran Salón, mientras los mismos nobles que minutos antes le hacían reverencias, ahora le escupían al paso del vestido.

—¡Monstruo!

—¡Bruja!

—¡Siempre supimos que eras malvada!

Alessia buscó la mirada de su padre una última vez. El Duque Ashworth ni siquiera la miró mientras los guardias la arrastraban hacia la salida. En ese momento, Alessia entendió que su familia la había vendido para salvar su propio pellejo.

Al llegar a las puertas del palacio, el frío de la noche la golpeó. Los guardias la lanzaron escaleras abajo, y su hermoso vestido plateado se desgarró contra el mármol, las perlas rodando por el suelo como lágrimas petrificadas.

Caleb salió al balcón superior, observándola desde las alturas, rodeado de luz. Parecía un dios juzgando a un mortal.

Alessia se levantó lentamente, con las rodillas ensangrentadas y el rostro sucio de barro y llanto. Su tiara de diamantes estaba torcida, colgando de un mechón de su cabello oscuro. Se la arrancó con un movimiento brusco, sintiendo cómo algunos cabellos se quedaban prendidos en las joyas.

Miró hacia arriba, hacia el hombre que amaba, hacia el hombre que la había destruido.

—¡CALEB! —rugió ella, y esta vez su voz no tenía rastro de miedo. Era una promesa de muerte—. ¡Me condenaste por una profecía que yo intenté evitar! ¡Me convertiste en la villana de tu cuento de hadas!

Alessia apretó la tiara en su mano hasta que el metal le cortó la palma y la sangre empezó a gotear sobre las piedras blancas.

—¡Recuerda este momento! —gritó, su voz resonando en toda la plaza—. Porque si el destino me quiere villana, seré la peor pesadilla que este reino haya conocido. ¡Volveré, Caleb! ¡Y cuando lo haga, me sentaré en ese trono, no por tu elección, sino por la mía! ¡Y tú estarás de rodillas suplicando el perdón que hoy me niegas!

Caleb simplemente se dio la vuelta y entró al salón, cerrando las pesadas puertas de oro tras de él.

Los guardias la golpearon con la culata de sus lanzas, obligándola a caminar hacia las carretas de los exiliados, aquellas que viajaban hacia el Abismo, un lugar de donde nadie regresaba.

Alessia fue arrojada a una jaula de hierro, rodeada de ladrones y asesinos que la miraban con recelo. Mientras la carreta empezaba a moverse, alejándola de la única vida que conocía, Alessia dejó de llorar. El dolor, tan agudo que amenazaba con partir su alma en dos, empezó a cristalizarse. Se volvió frío. Se volvió sólido.

Miró sus manos cubiertas de sangre y suciedad. El anillo de compromiso de Caleb seguía allí, una burla de oro. Se lo quitó y lo tragó, sintiendo el metal frío bajar por su garganta. Un recordatorio interno de la traición que ahora alimentaría su existencia.

Vyrwel creía haber enterrado a una villana. No sabían que acababan de plantar la semilla de una reina que no gobernaría con piedad, sino con la voluntad inquebrantable de quien ya no tiene nada que perder.

El banquete había terminado, pero la guerra de Alessia acababa de comenzar.

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Seok
Excelente
Sara Rojas Retamal
y no tuvieron hijos?🤭
MARIA FERNANDA OSPINO PAHUANA
excelente
Barbara Cecilia Barraza Vega
buenísima me encantó mucho !!!! 🤩🤩🤩
Maria Elena Gomez
Bueno
Roxana C Añez
Muyyyy buena novela, devoré sus páginas, adoro cuando son cortas y sin tantas vueltas y personajes de relleno. Me gusta tu forma de escribir, gracias por compartir tu hermoso don, un abrazo.
Olga Lidia Leal
maravillosa, gracias
Lorena Itriago
Excelente Novela, Felicidades
Para trabajo Y negocios
Me encantó 🙏🏻🥰
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