⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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Mi amor
El plan para desaparecer de la Torre Kim sin encender las alarmas del patriarca requería la precisión de un robo. Kim Sung-won mantenía un registro estricto de los movimientos del vehículo oficial de su hijo y de sus cuentas de gastos corporativas, esperando cualquier desvío sospechoso.
Para evitar ser rastreado en su viaje, Tae-jun ejecutó su escape de manera brillante el viernes por la noche, justo después de dejar a Jun-seo temblando en su oficina. Regresó a la Torre Kim con su habitual paso elegante, firmó el registro de salida oficial de la gerencia a las siete de la tarde y se subió al ascensor privado de la empresa. Sin embargo, en lugar de bajar al estacionamiento subterráneo donde su chofer lo esperaba, Tae-jun descendió en el piso intermedio de mantenimiento técnico.
Allí, en un pasillo oscuro alejado de las cámaras de seguridad, se despojó de su abrigo de diseñador y de su reloj con localizador satelital, arrojándolos dentro del casillero privado de un operario Beta al que ya le había pagado una fortuna en cuentas anónimas del bajo mundo.
Vistiendo solo unos pantalones negros ajustados, botas de cuero mullidas y un suéter oscuro de cuello alto que cubría de manera celosa las viejas marcas, Tae-jun salió del edificio corporativo por la puerta de servicio de la cocina. Se subió a un vehículo de alquiler antiguo, un auto común y corriente sin ningún rastro del apellido Kim, encendió el motor y aceleró directo hacia la autopista, cortando el diluvio que comenzaba a caer sobre los rascacielos de la metrópolis.
El viaje de horas a través de la llovizna constante y las carreteras oscuras del bosque fue una tortura de impaciencia. La agitación interna le hacía apretar el volante con tanta fuerza que sus dedos se entumecían. La fiebre de la abstinencia biológica, liberada del peso del bloqueador químico que Tae-jun ya se había negado a usar, quemaba sus venas con una urgencia demente. Su olfato buscaba en el aire acondicionado el rastro del cedro amargo, devorando los kilómetros con el único objetivo de rescatar a su lobo robusto.
Mientras tanto, en la cabaña de madera y piedra, el silencio era absoluto.
Min-hyuk se encontraba sentado en el suelo de madera fría, con la espalda apoyada en la base del gran sillón, observando cómo los últimos leños de la chimenea se transformaban en ceniza gris. Su cuerpo imponente mostraba un deterioro físico que habría hecho llorar a cualquiera. Llevaba días vistiendo los mismos pantalones deportivos oscuros, descalzo, con la mandíbula cubierta por una barba desordenada y áspera. Su aroma a tormenta eléctrica era una esencia tan sutil, débil y amarga que delataba que sus entrañas estaban muriendo por la falta de su igual.
De repente, el aire de la cabaña cambió en un parpadeo.
No fue un sonido exterior lo que despertó los sentidos adormecidos de Min-hyuk; fue una ráfaga masiva que cortó el olor a pino húmedo del bosque como un relámpago dulce. El perfume adictivo a tabaco fino y cereza negra estalló a través de las rendijas de la puerta principal de la cabaña, inundando el espacio con una violencia territorial destructiva.
Min-hyuk abrió sus ojos de par en par, sus pupilas dilatándose por el choque eléctrico del contacto biológico. Su corazón dio un vuelco salvaje dentro de su pecho. Era imposible. Sus delirios de la fiebre de la abstinencia debían estar alcanzando el punto más alto de la locura.
Las puertas de madera de la cabaña se abrieron de golpe, dejando entrar el viento frío de la llovizna exterior y la silueta de su Alfa.
Tae-jun se detuvo en el umbral, con el cabello largo empapado por las gotas de agua, cayendo en mechones desordenados sobre su pecho húmedo. Sus ojos brillaban con una luz intensa y salvaje en la penumbra de la habitación. Al ver la figura descuidada de Min-hyuk tirada en el suelo, una mezcla de dolor profundo y un hambre voraz le partió el alma.
Min-hyuk intentó levantarse, pero sus piernas temblaron por la debilidad física del exilio. Se sostuvo del brazo del sillón, obligando a su mandíbula a endurecerse, intentando activar una armadura fría de mentiras que ya no tenía fuerza para sostener.
—¿Qué haces aquí, Tae-jun? —gruñó Min-hyuk de forma ronca, tosca y raspada por la falta de uso—. Te dije que te fueras en la oficina… Lo nuestro terminó. Tienes un compromiso familiar que cumplir con ese Omega. ¡Vete de este lugar! ¡Fuera de mi territorio!
El Alfa robusto intentó liberar su aroma a tormenta para echarlo, pero la ráfaga fue tan amarga, débil y desesperada que dio lástima. Era el grito de un lobo herido que intentaba ladrar para ocultar que se estaba muriendo por dentro.
Tae-jun no dio un paso atrás. Al contrario, cerró la puerta a su espalda con un golpe sordo, cruzó la sala de madera con zancadas rápidas y seguras, y se lanzó de rodillas directamente sobre el regazo de Min-hyuk. Sus manos de dedos largos y pálidos atraparon el rostro áspero del Alfa imponente, obligándolo a mirarlo de frente.
—Cállate la boca, Alfa estúpido —susurró Tae-jun con una voz suave, sibilante y cargada de una ternura que hizo que a Min-hyuk se le cortara la respiración por completo —. Ya sé todo. Sé lo de los micrófonos ocultos debajo de nuestra cama. Sé sobre las grabaciones del audio y el chantaje de la red. Sé que saboteaste tu propia empresa y entregaste tu presidencia solo para ganar tiempo y mantener mi nombre a salvo de la deshonra social.
Min-hyuk se quedó inmóvil, con los ojos desorbitados y el pulso desbocado bajo las palmas calientes de Tae-jun.
—Jun-seo ya no tiene nada contra nosotros, mi amor. Lo acorralé en su oficina esta tarde y borré la última copia de ese maldito audio, amenazándolo con la cárcel por espionaje ilegal. La rata está fuera del tablero. Todo está bien ahora. Ya no tienes que fingir que no me deseas. Mírame… el juego de las fachadas se terminó.
Al escuchar esas palabras y notar la verdad honesta en los ojos de su pantera, la armadura de Min-hyuk se rompió en mil pedazos en el suelo de la cabaña. Una lágrima caliente y cargada de un alivio rodó por su mejilla, mezclándose con la humedad del rostro de Tae-jun. El lobo se rindió por completo ante su igual, entregando su fuerza bruta al calor de las feromonas que volvían a estallar en el ambiente con una violencia incontrolable.
No alcanzaron a llegar al dormitorio principal de la cabaña. El deseo acumulado durante los días de tortura biológica y silencio asfixiante se convirtió en un fuego salvaje que requería una entrega pasional inmediata sobre el suelo de madera, justo frente al resplandor moribundo de la chimenea.
Min-hyuk atrapó los labios carnosos de Tae-jun en un beso loco, posesivo y destructivo que hizo arder los ojos de ambos por la pura carga emocional del reencuentro. No hubo espacio para la cortesía; se besaban mordiéndose las lenguas, saboreando el alcohol de sus propias esencias y la sangre sutil que brotaba de sus bocas heridas. Entre beso y beso, se lanzaban promesas prohibidas con las voces rotas por la lujuria.
“Te amo, Kim… Jodidamente eres el único dueño de este cuerpo”, gruñía Min-hyuk contra su cuello pálido, sus colmillos creciendo por el instinto salvaje del celo que comenzaba a enturbiar la mente de ambos.
“Y tú eres mi único Alfa, Min-hyuk… Nadie más va a poner un dedo sobre mí”, respondía Tae-jun con un gemido hondo y rasgado que rebotó en los techos altos de la cabaña.
La preparación previa fue un espectáculo de versatilidad carnal y posesividad cruda. Min-hyuk desgarró el suéter negro de Tae-jun de un solo tirón, dejando el pecho liso y estilizado expuesto al calor del fuego. Con dedos grandes y torpes por la urgencia de la fiebre, Min-hyuk se llevó la mano a la boca, empapándola con su propia saliva mezclada con la sangre de sus labios rotos, y bajó hacia la estrechez del Alfa pálido. Hundió dos de sus dedos preparados sin ninguna sutileza, forzando las paredes tensas que protestaron con un gemido alto y erótico de Tae-jun.
Tae-jun arqueó la espalda sobre la madera, con las lágrimas de la excitación corriendo por sus mejillas, pero de inmediato invirtió el juego que los caracterizaba. Usando su agilidad, empujó los hombros de Min-hyuk contra el suelo, invirtiendo las posiciones y quedando él arriba. Preparó la entrada del Alfa robusto con sus propios dedos largos empapados en saliva y se posicionó con su miembro completamente rígido y pulsando por la urgencia de la marca.
Tae-jun se hundió de un solo golpe dentro de Min-hyuk.
El Alfa robusto soltó un rugido animal, un grito rudo de puro éxtasis que vibró en todo su pecho mientras sus manos grandes se clavaban en las caderas de Tae-jun, dejando marcas moradas sutiles en la piel pálida. Las embestidas en el suelo de madera fueron rápidas, profundas, cargadas de una intensidad salvaje que hacía que los leños de la chimenea temblaran sutilmente. Tae-jun controlaba el ritmo con una gracia letal, hundiéndose en el interior de su igual hasta el fondo, buscando hacerlo temblar en una rendición absoluta.
Buscando una forma de reclamarse tras la tortura del exilio, Tae-jun bajó la cabeza y mordió el hombro de Min-hyuk con tanta fuerza que sus dientes desgarraron la carne, dejando una cicatriz ensangrentada que lavó el rastro de la abstinencia. Min-hyuk jadeó por el dolor placentero, pero de inmediato se giró sobre el suelo, cambiando el rol una vez más con una fuerza destructiva.
Min-hyuk se colocó entre las piernas largas de Tae-jun, las abrió de par en par y se empujó hacia adelante con un movimiento firme y seco, penetrándolo de manera total. El impacto físico los hizo perder el juicio por completo. Los ojos de ambos Alfas dominantes brillaban con esa luz intensa y desorbitada, un estado de celo destructivo donde las sábanas ya no eran necesarias para consumirse en el fuego. Min-hyuk embestía con una furia territorial asfixiante, levantando las caderas de Tae-jun del suelo para poseerlo más profundo, marcando su clavícula blanca con nuevas mordidas profundas que sellaron su lazo invisible.
El clímax los alcanzó juntos en medio de un torbellino de feromonas salvajes que llenó la cabaña de un olor asfixiante a ozono, tabaco dulce y sangre. Tae-jun se aferró al torso marcado de Min-hyuk, soltando un gemido largo y rasgado mientras se venía sobre su abdomen, al mismo tiempo que el Alfa robusto liberaba su simiente con un rugido de victoria animal que disipó la fiebre de sus venas para siempre.
Dos horas más tarde, el diluvio del exterior continuaba golpeando las ventanas de madera de la cabaña, pero adentro el ambiente era de una calma y sincronía perfectas.
Tae-jun estaba recostado sobre el pecho amplio y velludo de Min-hyuk, con su cabello largo desparramado sobre los hombros anchos del Alfa robusto. Tenía los ojos entornados por el cansancio físico placentero, sintiendo que su cuerpo finalmente recuperaba su temperatura natural tras respirar el cedro amargo desde la fuente. Sus dedos largos jugaban de manera distraída con la pequeña cicatriz en la ceja de Min-hyuk.
Min-hyuk lo rodeaba firmemente con su brazo grande, manteniendo una pierna larga entrelazada con las del Alfa pálido en una postura de dependencia absoluta que bloqueaba la realidad del sistema tradicional. El Alfa robusto bajó el rostro, frotando su nariz contra la mejilla de Tae-jun, liberando ráfagas cálidas de su tormenta eléctrica para consentirlo.
Tae-jun se estiró un poco, humedeciendo sus labios carnosos de forma deliberada, y miró fijamente los ojos oscuros del Alfa imponente.
—Ya limpié la suciedad de la oficina —susurró Tae-jun acariciándole la mandíbula desordenada con el pulgar— Pero esta cabaña es demasiado fría para nosotros… Mañana es sábado. Firmemos la tregua. Regresemos a nuestro departamento, mi amor.
Min-hyuk escuchó la palabra "amor" de la boca del rey intocable y sintió que el corazón le daba un vuelco tan dulce que le borró cualquier rastro de brusquedad. El Alfa imponente, el depredador que hacía temblar a los demás en las juntas de negocios, sonrió con una ternura melosa, casi infantil, que jamás habría mostrado frente a su padre o la junta directiva.
Se inclinó sobre los labios carnosos de Tae-jun, dándole un beso corto, tibio y húmedo, abrazándolo con una sumisión emocional que desafiaba todas las leyes.
—Vamos a donde tú digas, mi vida —respondió Min-hyuk con una voz baja, desprovista de su tono tosco habitual, sonando de una manera tan melosa que parecía otro hombre—. Ese departamento es mi único hogar. Te sigo a donde me lleves, mi rey.
Tae-jun soltó una risa feliz, acomodando su cabeza en el hombro de su Alfa, sabiendo que la cacería de la rata había terminado, pero que la revolución de los predadores apenas estaba por comenzar en las oficinas de la gran ciudad.
⚠️🔞🔥Mis Chickis, ¡Qué reencuentro tan absoluto y cargado de pasión biológica! El quiebre emocional y el contraste entre la dominancia en la cama y la dulzura de Min-hyuk al final es el balance perfecto, ¿no les parece?😈❤️🔥 Definitivamente, ¡amo el amor! Y dejen un poco de amor también... 👍🎁🌟🗳 Gracias por estar, mis bebés.🔥🔞⚠️
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪