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SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

SIN QUERER, TERMINE COMO LA AMANTE DEL MAFIOSO

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Lía Castillo solo quería convertirse en una estrella.

Como vocalista de Lumina Hearts, su grupo de idols empieza a conquistar seguidores y cumplir sus primeros sueños. Pero una noche de celebración, unas copas de más y un tropiezo cambian su vida para siempre.

Lía termina frente a un hombre demasiado atractivo para ser real. Sin saber quién es, lo llama guapo, lo besa y pasa la noche con él.

Al despertar, huye convencida de que todo quedó atrás.

Hasta que Dante Varela aparece.

Él es el líder de la familia criminal más poderosa y temida de la región. Y no está dispuesto a olvidar a la mujer que se atrevió a besarlo sin miedo.

Cuando Dante amenaza con destruir la carrera de Lumina Hearts, Lía se ve obligada a elegir entre su sueño y convertirse en la amante del mafioso.

Pero Dante pronto descubrirá que retenerla será mucho más fácil que hacerla enamorarse de él.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El cambio, el pago y el mensaje

—Sabes que me gusta diversificar los negocios —dijo Dante con calma, guardando los documentos—. Y el mundo del entretenimiento es un sector con mucho potencial. Nada más.

El asistente asintió y salió de la oficina. Dante no mencionó a Lumina Hearts, no dio explicaciones extra. Para el resto del mundo, era solo una inversión más. Pero para él, era mucho más que eso.

Mientras tanto, en el estudio de grabación, las tres estábamos respirando aliviadas. Márquez ya no estaba. Estaba hospitalizado, lejos, incapacitado. No podía ponernos trabas, no podía amenazarnos, no podía acercarse. Una sensación de paz y alivio nos envolvía. Todo parecía haber vuelto a su lugar.

Nos presentaron a nuestra nueva directora vocal. Era una mujer de unos cuarenta años, de mirada firme y expresión seria, pero desde el primer momento notamos la diferencia. No había gritos, no había empujones, no había comentarios inapropiados. Solo exigencia, respeto y verdadero interés.

—Tú —me dijo, mirándome directamente después de escucharme cantar—, tienes una voz extraordinaria, muchacha. ¿Has estudiado canto de forma profesional? Se nota el entrenamiento. ¿Tuviste profesores desde niña?

—Sí, señora —respondí, sorprendida por su sinceridad.

—Pues deberías tomar clases adicionales —aseguró, asintiendo—. Tu registro vocal da para mucho más de lo que muestras. Podrías cantar una gran variedad de ritmos, no solo orientarte al pop. Tienes el timbre para ello. Piénsalo.

Asentí, con el pecho lleno de una calidez que no sentía hace mucho. Luego se giró hacia las chicas:

—Y ustedes no se queden atrás —les dijo con una sonrisa leve—. Tú —señaló a Mila— eres de las mejores bailarinas que he visto en mucho tiempo. Tienes ritmo, fuerza y presencia. Y tú —miró a Luna— destacas tanto cantando como bailando. Eres equilibrada y completa. Las tres forman un equipo muy sólido. Sigan así. No se separen.

—Muchas gracias —dijimos las tres al unísono, emocionadas, sintiendo que por fin alguien nos veía de verdad.

Salimos del estudio con el ánimo por las nubes, cuando nuestro manager nos alcanzó en el pasillo, caminando rápido para alcanzarnos.

—¡Chicas, caminan demasiado rápido! —jadeó, riendo un poco—. Disculpen, ¿podemos hablar un momento? Tengo algo para ustedes.

Nos entregó tres sobres blancos, gruesos.

—Su pago correspondiente a estas semanas. Como no dejaron número de cuenta para depositar, la administración decidió entregarles el dinero en efectivo. Por favor, mañana pasen por recepción y llenen el formulario con sus datos bancarios para poder hacer los abonos mensuales sin problemas. No queremos que se queden sin su sueldo.

Las tres nos miramos, sorprendidas.

—¡Se nos olvidó por completo! —exclamó Luna, tapándose la boca—. Con toda la emoción de la firma del contrato y los ensayos… no se nos ocurrió darles el número de cuenta.

—Entonces no era que no nos querían pagar —dijo Mila riendo—. ¡Era culpa nuestra por distraídas!

Regresamos a recepción, llenamos los formularios con nuestros números de cuenta y salimos de la agencia sintiéndonos las personas más afortunadas del mundo.

—¡Tenemos dinero! —gritó Mila—. ¡Vamos a celebrar! ¿Qué les parece unas costillas a la barbacoa? ¡Yo invito!

Compramos la comida, regresamos al departamento y celebramos como nunca. Comimos hasta saciarnos y abrimos unas cervezas. Al día siguiente teníamos el día libre, así que podíamos desvelarnos sin culpa. Brindamos una y otra vez.

—¡Por nosotras! —decía Luna levantando su botella—. ¡Por nuestros sueños! ¡Porque nada nos detenga!

—¡Por nosotras! —repetimos las tres chocando las botellas.

Recordamos cómo nos conocimos en el instituto, cómo cantábamos en los pasillos sin saber que algún día sería nuestra vida, cómo prometimos que llegaríamos a ser idols sin importar qué. Reímos hasta que nos dolió el estómago, sintiendo que el futuro, por fin, nos pertenecía.

Cuando terminó todo y cada una se fue a su habitación, me acosté en la cama, mirando el techo, con una sonrisa todavía en los labios. Algo me hizo tomar el celular, buscar su nombre y escribir sin pensarlo mucho:

Dante, no olvides abrigarte y comer bien. Te quiere, Lía.

Lo envié. Apagué la pantalla y me quedé dormida casi al instante, sin saber que ese pequeño mensaje cambiaría el rumbo de todo.

 

Mientras tanto, en una habitación oscura y fría, Dante estaba de pie frente a un hombre arrodillado en el suelo, con las manos atadas a la espalda y el rostro golpeado. La tensión en el aire era densa, casi irrespirable.

—Vas a decirme quiénes son los que te incitaron a engañarme —dijo Dante con voz baja, sin levantarla, pero cada palabra pesaba como plomo—. Y espero que no me mientas.

—Señor Don… yo no sé nada… lo juro, lo juro por mi vida… —balbuceó el hombre, temblando de miedo.

—¿Sigues mintiendo? —Dante hizo una seña con la cabeza—. Córtale un dedo.

El hombre a su lado dio un paso adelante, sacando un cuchillo. El prisionero cerró los ojos, gritando, esperando el dolor. Y en ese preciso instante, el celular de Dante vibró en su bolsillo.

Lo sacó, miró la pantalla… y algo cambió en su rostro. La dureza de sus rasgos se suavizó casi de inmediato. Una sonrisa pequeña, genuina, se dibujó en sus labios al leer esas simples palabras. Guardó el teléfono y miró a los presentes.

—Saben qué… —dijo, dando un paso hacia atrás—. Estoy de buen humor. No le corten el dedo a este imbécil. Solo golpéenlo lo suficiente para que aprenda la lección y métanlo en la celda. No saldrá de ahí hasta que decida decirme la verdad y los nombres de los otros traidores.

—Sí, señor Don —respondieron los hombres al unísono.

Dante salió de la habitación, dejando atrás los gritos y el miedo. Caminó por el pasillo, pensando en ese mensaje, en esa chica que sin saberlo acababa de salvarle un dedo a un traidor solo por preocuparse de que él comiera bien y se abrigara. Sonrió de nuevo. Ella no tenía idea de quién era él de verdad. No tenía idea del mundo en el que se había metido. Pero en ese momento, nada de eso importaba. Porque alguien, por primera vez en mucho tiempo, se preocupaba por él. No por su dinero, no por su poder… sino por él.

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