Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.
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Capitulo 4
Valeria
No dormí.
Y no lo necesitaba.
Estoy sentada en el estudio, con las piernas cruzadas, el cabello recogido sin demasiado cuidado, y las fotografías extendidas frente a mí como si fueran simples documentos, como si no fueran… lo que son.
Las miro.
Una por una.
Sin temblar.
Sin llorar.
Eso ya pasó.
Ahora pienso.
—Maldita Camila… —murmuro, apenas, con una sonrisa que no tiene nada de amable—. Esta me la pagas.
Daniel está frente a mí, apoyado contra el escritorio, en silencio. No me interrumpe, no intenta suavizar nada. Eso es lo que necesito.
Levanto una de las fotos, la observo un segundo más y la dejo caer sobre la mesa.
—¿Sabes qué es lo más interesante? —digo, inclinándome apenas hacia adelante—. Que ella cree que él la ama.
Daniel no responde.
Pero lo entiende.
—Cree que está ganando —añado, con un deje de ironía—. Que es especial.
Suelto una pequeña risa, seca.
—Pobre.
Me levanto, camino despacio por la habitación, como si estuviera organizando ideas en el aire.
—Primero destruiré a Camila.
Daniel se endereza apenas.
—¿Cómo?
Me detengo, lo miro, y sonrío. Esta vez sí.
Pero no es la misma sonrisa.
—Tocando exactamente donde más le duele.
Camino de nuevo, lenta, midiendo cada palabra.
—Quiero que dude.
Quiero que sienta lo que yo sentí… pero peor.
Hago una pausa.
—Quiero que deje de sentirse elegida.
El silencio se queda unos segundos en la habitación.
Luego me giro hacia él.
—Conoces el tipo de mujeres que le gustan a Santiago.
Daniel frunce apenas el ceño.
—Sí.
Asiento.
—Bien.
Me acerco un poco más.
—Contrata a una.
Daniel parpadea, sin procesarlo del todo.
—¿Qué?
—Una mujer —repito, con calma—. Exactamente el tipo que no puede ignorar.
Inclino la cabeza, pensativa.
—Métela en su empresa.
Cerca.
Lo suficiente como para que la vea todos los días.
Hago una pausa breve.
—Y si es posible…
Lo miro directo.
—En su cama también.
Daniel me observa fijamente.
Evaluándome.
—¿Estás segura?
Sostengo su mirada.
—Completamente.
Me giro, vuelvo a la mesa, paso los dedos sobre las fotos como si ya no significaran nada.
—Camila no soportaría eso —añado—. No porque lo ame…
Sonrío apenas.
—Sino porque necesita sentirse única.
Levanto una de las imágenes y la dejo caer de nuevo.
—Vamos a quitarle eso.
Hago una pausa.
—Ah… y la boda.
Daniel levanta la mirada.
—¿Qué pasa con la boda?
Inclino ligeramente la cabeza.
—Quiero un notario falso.
Silencio.
—¿Qué?
—Y un sacerdote también —añado, tranquila—. Alguien que parezca completamente legítimo.
Camino despacio.
—Todo será perfecto.
Todo se verá real.
Nadie dudará.
Me detengo frente a él.
—Pero no será válido.
Lo miro directamente.
—No voy a atarme a él legalmente. Ni un segundo.
El aire cambia.
—Que crea que ganó…
Mi voz baja apenas.
—Mientras en realidad no tiene nada.
Daniel
La escucho.
Y la reconozco… y no.
Pero esta versión es más clara.
Más peligrosa.
—Lo haré.
No dudo.
—El notario y el sacerdote… me encargo.
Nadie va a notar la diferencia.
Valeria
Asiento.
—Perfecto.
Camino hacia la ventana.
La casa está en movimiento.
Todo sigue.
Como si nada hubiera pasado.
—Mañana me caso…
Pero no hay emoción.
Solo estrategia.
—Y quiero que todo siga exactamente como está.
Miro mi reflejo.
Serena.
Intacta.
Irreconocible.
—Ellos creen que están jugando…
Una pausa.
—Pero no entienden las reglas.
Santiago
La habitación del hotel está en silencio. Las luces bajas. La ciudad apenas visible detrás de las cortinas.
Estoy frente al espejo, ajustando el traje.
Siento sus manos antes de verla.
Camila se acerca por detrás.
—Mañana te casas…
Apoya la barbilla en mi hombro.
No dejo de mirarme.
—Sí.
Ella sonríe.
—Y aun así estás aquí.
Giro apenas la cabeza.
—Sabes por qué.
Camila se mueve frente a mí.
Me ajusta la corbata con lentitud.
—¿Ya todo listo?
—Más que listo.
La miro.
—Valeria no sospecha nada.
Camila sonríe, satisfecha.
—Te lo dije… es tan fácil.
No la corrijo.
—Está completamente enfocada en la boda.
Cree que todo es perfecto.
Camila inclina la cabeza.
—Porque quiere creerlo.
—Y eso la hace manejable.
Su mano se desliza por mi pecho.
—¿Y después?
La miro.
No respondo de inmediato.
—Después… todo cambia.
Camila sonríe, como si eso le bastara.
—Solo no te acostumbres demasiado a ella…
Se acerca más.
—No me gusta compartir.
La observo.
Silencio.
Porque en mi mente…
todo ya está decidido.
Valeria
Sigo mirando por la ventana.
Tranquila.
Calculando.
—Esto apenas empieza…
Sonrío.
Y ahora…
no hay nada inocente en eso.