"Él fue mi primer amor y yo el suyo, estuvimos juntos en nuestros peores y mejores momentos, sin embargo ahora me estaba cambiando por alguien más joven."
Karla nunca estuvo preparada para descubrir la infidelidad del hombre que consideraba el amor de su vida, y mucho menos para ser echada a la calle tras una vida entera de entrega. Por si fuera poco, el desprecio de sus propios hijos —al no encajar en su ideal de madre— termina de destrozar su mundo. Con el corazón roto y la vida en ruinas, Karla se encuentra en un punto de no retorno: dejar que el dolor la consuma o reunir las fuerzas para sanar y reconstruirse desde cero.
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Eran un pedazo de mi alma
— Debes buscar un abogado, Karla. Tienes todas las de ganar. Mira la marca en tu cuello y la forma en la que te desalojó; con un buen abogado, el que tendrá que salir de la casa será Armando. No importa cuánto haya manipulado a las personas, al final del día, él es el que te fue infiel. En cuanto a tus niños… legalmente él no te los puede quitar, Karla. Ellos lo entenderán.
Traté de dejar de morderme las uñas mientras miraba al taxista; luego volví a ver a Regina.
Entendía su punto, pero realmente no quería luchar. Los niños habían sido más que claros: a ellos no les gustaba estar conmigo, querían estar con su padre, parecían despreciarme.
¿Qué sentido tenía obligarlos a estar conmigo? ¿Qué podía hacer si decían ser infelices conmigo?
— Ya los escuchaste, Regina. Ellos no quieren estar conmigo. No me quieren —traté de hablar con firmeza, pero la voz se me quebró—. No puedo obligarlos a que me quieran. No puedo.
Regina me acunó entre sus brazos a manera de darme consuelo.
— Tranquila, tranquila. Vas a ver que todo se solucionará. Además, ellos son niños, no saben lo que dicen.
— Lo sé. Pero igual me duele. Viste cómo Karina dijo que le gustaba más esa mujer. Incluso Kian, que no es tan abierto con las personas, le tomó la mano por iniciativa.
— ¡Ay, Karla!
Negué con la cabeza mientras trataba de ahogar mis sollozos.
¿Cómo podía luchar cuando mi primera batalla fue una gran pérdida? ¿Cómo podía seguir queriendo pelear por una casa y por mis hijos cuando ellos mismos me despreciaban? ¿Cómo podía obligarlos a que me quisieran? Yo solo quiero que ellos sean felices, que crezcan sanos y salvos. Y si ellos se sienten a gusto con el papá, no podía hacer nada para cambiarlo; no quería que me odiaran más.
— Sé que tal vez Armando los manipuló para que me dijeran ese tipo de cosas. Pero aún me duele. Son mis hijos, los he amado desde el primer instante en que me enteré de sus existencias, hice muchos sacrificios para que pudieran tener una buena educación, renuncié a muchos de mis sueños por ellos. Y no entiendo qué fue lo que hice mal. ¿Qué hice tan mal?
— No has hecho nada mal, Karla.
— Les di los mejores años de mi vida…
Cerré los ojos mientras dejaba las palabras colgando.
— Vas a ver cómo Armando se va a arrepentir…
— Él no lo hará, Regina. Nunca se arrepentirá. ¿Quién sabe cuánto tiempo ha estado planeando esto? Dios, ¿cómo fue que me enamoré de él? ¿Cómo fui tan ciega para no ver lo retorcido que estaba por dentro?
Es que fui tan tonta, tan burra para pensar ingenuamente que me había ganado la lotería con mi marido.
— Así es la vida —dijo Regina.
— Vi las señales, pero me hice la ciega. Me dejé llevar por mis sentimientos y mírame cómo terminé. Desechada como un trapo viejo. Incluso mis propios hijos me odian.
Cuando llegué a la comisaría, la tristeza y desolación que sentí habían menguado, al menos un poco. Por lo que, cuando vi a Armando, pude guardar la compostura a pesar del asco y la furia que me daba ver su cara.
Marcus y Jhon estaban parados a un lado esperando el veredicto. Parecía que ya llevaban un tiempo intentando llegar a un acuerdo. Me sentí tan mal al ver a mis amigos en esta situación debido a mis problemas personales.
— …Como no tienen registro criminal, lo mejor sería que lleguen a un acuerdo con el señor Armando. Usted, ¿qué opina, señor Armando?
— Me parece lo justo. Tampoco quiero problemas. Entiendo que se hayan dejado llevar por las mentiras de mi exesposa, por lo que solo les pediré que paguen mis gastos médicos.
— ¡Armando! Tú eres el que debería estar siendo juzgado —le dije sin poder contenerme mientras señalaba mi cuello.
Armando palideció ante mis palabras por un momento antes de volver a actuar como el cobarde y manipulador que es. Miró a los oficiales con ojos de cachorro herido.
— Lo siento. Me dejé llevar por el enojo —comentó con ligereza—. Ya sabe, oficial, descubrir que tu mujer te es infiel es difícil.
— ¡Maldito! —gruñó Marcus.
Jhon a su lado apretó los puños como si estuviera conteniendo algo.
Bueno, ellos no eran los únicos que deseaban matar a Armando. Podía ver a Regina mordiéndose la lengua para no escupir su veneno.
— Lo entiendo. Es solo que debes controlar ese carácter, amigo. Tú no eres así. ¿Recuerdas cuando íbamos a la secundaria? Siempre te dijimos que ella no era la indicada y no nos hiciste caso. Ahora mírate. Tsk.
Sí, era esta la razón por la que también me estaba conteniendo de hacer un escándalo. Armando era muy amigo del oficial de turno, así que ya sabíamos a quién le creería y a quién no. Por supuesto que sabía que, a pesar de todo, yo tenía las de ganar buscando un buen abogado y la evidencia suficiente de las transgresiones que Armando me había hecho; pero en este momento no tenía la fuerza ni la energía para hacerlo. Es más, no le vi sentido.
Mi vida había perdido rumbo, no sabía qué hacer. Sin embargo, lo único que tenía presente es que no podía dejarme vencer, no podía seguir sintiéndome miserable; no quería que él pensara que me había destruido. Yo quería renacer como un ave fénix, resurgir de mis cenizas y demostrarle que podía aplastarme, pero no derrotarme.
Los niños algún día crecerán y se darán cuenta de la verdad; mientras tanto, velaré por la seguridad y el bienestar de ellos. Solo esperaba que no sufrieran por las malas decisiones de los adultos.
Me dolía dejarlos ir. Eran un pedazo de mi alma. Pero tampoco podía imponerme a sus deseos cuando me decían que no me querían y que no era una buena madre.
Armando y Cristel que quieren ahora 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Ahora llegará acompañada de Johan y Armando se agarrará de allí veremos qué pasará en la fiscalía.
Karla lo mejor que te ha pasado es haber salido de ese parásito bueno para nada tienes ahora a tus hijos, a Johan que te está conquistando y de paso te ganas la lotería mejor imposible.
Karla se acaba de ganar la lotería ya tiene el dinero para montar su propio taller, comprar una casa y darle una buena vida a sus hijos.