Carlos está decidido a cobrar venganza, sin importar que el corazón se le esté partiendo en dos.
Lucia, envuelta en una venganza sin retorno...
Las cenizas serán lo único que quede de aquella guerra.
NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
16
### Carlos
La escena que se desplegó frente a mis ojos me llenó la sangre de un odio puro y unos celos corrosivos. La rabia me cegó por completo; el pecho me ardía como si tuviera brasas encendidas por dentro. Me acerqué a toda prisa hacia donde estaba mi Lucía, entregada en un beso con ese imbécil.
De un solo tironazo violento, aparté a Lucía del tipo, interponiéndome entre ambos.
—¿Qué... qué haces? —preguntó Lucía, desconcertada y con los ojos muy abiertos por mi reacción intempestiva.
El sujeto me miró fijamente, con la mandíbula tensa y una mezcla de confusión y desafío en la cara.
—Nos vamos. Ahora mismo —le ordené a Lucía, sujetándola del brazo para arrastrarla conmigo.
Ella intentó zafarse y negarse, pero me importó un demonio. La saqué prácticamente en vilo del segundo piso, bajando a tropezones hasta llegar a la arena de la playa. El tipo nos siguió a paso firme y, al llegar abajo, se interpuso bruscamente, jalando a Lucía para esconderla detrás de su espalda.
Protegiéndola. De mí.
El dolor en mi pecho se volvió una punzada insoportable. Observé a Lucía por encima del hombro del sujeto y vi en su rostro un miedo evidente, una aprensión hacia mí que me destrozó por dentro.
He sido su peor pesadilla, el monstruo de su historia; sin embargo, no podía dominar la posesividad enfermiza que me gritaba que ella era mía. Solo mía.
—Ven conmigo, Lucía —le dije en un tono autoritario, frío y tajante.
Ella dio un paso al frente de manera casi sumisa, pero el tipo la detuvo tomándola con firmeza de la muñeca.
—¿Estás segura de que te quieres ir con él? —le preguntó el muchacho, con una preocupación genuina reflejada en la mirada.
—Él es mi amigo... —respondió ella en un murmullo, soltándose del agarre del sujeto con delicadeza.
El tipo no tuvo más remedio que dejarla ir. La tomé de la mano de inmediato y eché a andar a paso largo, sin darle espacio para despedirse.
—¡Espera! —exclamó Lucía, zafándose de mi agarre con molestia para regresar sobre sus pasos.
Ante mis ojos atónitos, se inclinó y le plantó un beso suave en la mejilla al tipo antes de volver a mi lado.
—Eres un verdadero cavernícola —soltó, pasando de largo con los brazos cruzados sobre el pecho y los labios apretados por la molestia.
La seguí en absoluto silencio. ¿Qué mierda le iba a explicar? No tenía justificación alguna. Ella no me recordaba, no tenía memoria de las atrocidades que le hice. De todas las personas del mundo, tuvo que olvidar precisamente mi rostro y mis actos. Y para colmo, fui yo quien se negó rotundamente a que recuperara los recuerdos, aterrado de que volviera a ver al monstruo que le destrozó la vida.
Trataba desesperadamente de jugar al papel del mejor amigo, la figura que le brindara paz y seguridad, pero tenerla tan cerca me carcomía. No la quería como amiga. Y sabía con desgarradora certeza que apenas me recordara, me odiaría. Me iba a aborrecer con toda su alma.
—No puedes volver a actuar así, ¡lo estaba pasando increíble! —protestó, deteniendo el paso en seco para encararme con la mirada ardiendo—. Llegaste en el peor momento posible —añadió, señalándome con un dedo acusador—. Si ibas a venir a buscarme, debiste avisarme, no aparecerte como un loco posesivo.
Yo solo contemplaba cómo sus ojos perdían ese brillo vibrante que tenían minutos atrás, cuando bailaba a gusto con ese infeliz.
—¿Por qué tuviste que venir? —insistió, trayéndome de vuelta a la realidad.
—Es tarde —dije, esquivando su mirada y pasándole por el lado—. No escribiste ni respondiste a ninguno de mis mensajes.
—¿Para qué? Si tenías a tus gorilas pisándome los talones, informándote de cada respiración que daba —reclamó, volviendo a bloquearme el paso—. Ni siquiera me dejaste despedirme como es debido —añadió, apartándose con rabia un mechón de cabello frágil que le cubría la cara.
Me acerqué un paso y, rompiendo su distancia defensiva, me tomé el atrevimiento de acomodarle ese mechón detrás de la oreja con extrema delicadeza. Su respiración se enganchó y se quedó en absoluto silencio, sorprendida por la calidez inesperada de mi toque.
—¿Tanto te gusta ese idiota? —pregunté, incapaz de ocultar el tono más amargo y celoso que había salido de mi boca en años.
Traté de corregir el matiz de mis palabras, pero ya era demasiado tarde. Ella captó la agresión en mi voz y me miró con un enojo renovado.
—No es ningún idiota. Se llama Esteban, y ha sido inmensamente amable y dulce conmigo —soltó, dándome la espalda con altivez para caminar a paso firme hacia el vehículo que nos aguardaba en la salida del complejo.
—No respondiste a mi pregunta —la seguí, exigiendo la verdad aun sabiendo que la respuesta me destruirla por dentro—. ¿Te gusta?
—Pues sí. Me gusta —declaró sin titubear, abriendo la puerta del auto—. Me trata increíblemente bien... y además besa espectacular.
Esto último tuvo un efecto demoledor en mi sistema. Sentí como si me clavaran un puñal en las entrañas.
—¿Y cómo podrías saber tú si besa bien o mal, si no has besado a nadie más en todo este tiempo? —atacué, intentando desestimar sus palabras.
—Bueno, recordé fragmentos de cómo se siente que me besen... y sin duda Esteban besa hermoso —sentenció, subiendo al asiento trasero y cerrando la puerta de un golpazo seco.
Solté un suspiro cargado de frustración y apreté los puños, elevando la vista al cielo nocturno para evitar que la rabia me hiciera perder el control por completo. Juro por Dios que la próxima vez que cruzara a ese infeliz, le partiría la cara.
Fue entonces cuando la escena de esa misma mañana, cuando fui a la cabaña del tipo, regresó a mi mente como una ráfaga hiriente:
*—Toma este dinero y te prohíbo terminantemente que la toques. Si me entero de que le pusiste un solo dedo encima, te juro que te mato —le advertí, lanzando la paca de billetes sobre la mesa.*