Catalina solo conoció un amor, el de su padre. La única persona que la quiso se fue de éste mundo sabiendo todo lo que tendría que afrontar su pequeña.
Hay personas que nacen para sufrir, la protagonista es una de ellas 💔
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20 LOS TIEMPOS FELICES
Me contó todo como fue, caminaba y lloraba. Lo importante que fueron sus abuelos en su vida. Lo feliz de cumplir el sueño de ser Marino. Lo imaginaba joven y feliz a pesar de su pobreza él si tuvo una familia que lo amó.
Luego la oscuridad, el engaño, matrimonio, el descubrimiento de la infidelidad y la muerte terrible de sus hijos.
Me confidencio que sus hijos no eran de él. Aunque siempre lo sospecho. Pero los amaba, eran suyos.
Finalmente, se sentó y me miró.
--No tengo nada que ofrecerte Mercedes, ni siquiera un apellido decente.
--No necesito nada Ezequiel. Solo un compañero a mi lado, que se siente a mi lado y miremos las estrellas en las noches despejadas. Que me tome la mano cuando caigan rayos y calme mis nervios.
--No quiero dinero, no quiero una posición social. --Eso yo lo viví y lo tuve.
--¿Pero de que me sirvió? Con dinero fue la época más triste de mi vida.
--Quiero verte trabajar y yo hacer pan a tu lado y que los tres comamos pan caliente saliendo del horno de leña.
--¿Eres real o estoy soñando? Te escucho y creo que en cualquier momento despertaré y esto solo será un sueño.
--¿Eres un ángel?
--Tú me dices tantas cosas bonitas, que no sé ni que contestarte
--Solo quiero ser Feliz a tu lado Ezequiel.
--¿Y si te desilusiono?
--¿Y si no lo logro ?
--¿Si te aburres de esta vida de soledad?
--Que quieres que te diga Ezequiel, tienes frente a ti a una mujer que se atrevió a dejar todo por seguir un sueño.
Estuvo callado un buen rato.
--Mercedes, quiero que me enseñes a ser feliz.
--Quiero dejar atrás mi pasado y a pesar de mi edad, quiero tomarte la mano cuando tengas miedo.
--Y quiero que envejezcamos juntos. Que estos años que no quedan pueda aprender a reír.
--¿Mercedes, quieres casarte conmigo?
--No tengo un anillo en estos momentos, pero si puedo prometer que lo tendrás.
Me levanté y lo abracé.
--Acepto. Grité como una muchachita
--¿Se van a casar?
La voz de Catalina interrumpió nuestra pedida de mano.
--Si Catita, y Mercedes aceptó.
Ella se quedó en la puerta inmóvil. Sin saber qué decir.
--¿Crees que estamos locos? Le pregunté
--Ustedes se aman? Preguntó nerviosa
--¿No es por obligación? ¿O por mi culpa?
--No cariño, yo me enamoré de tu abuelo. Y descubrí que no quiero seguir viviendo sola.
--¿Estás molesta? le pregunté dulcemente
--Se que ustedes están acostumbrados a ser solo los dos.
--Pero yo quiero una familia, sé que es atrevido de mí parte aparecer así.
--Pero siempre soñé con una familia así.
--Por favor, no quiero que te enojes.
Caminó hacia mi y me abrazó. Comenzó a llorar levantó su brazo y llamó a su abuelo.
Los tres nos abrazamos, no sé cuánto rato estuvimos así.
--Gracias, observo a mi abuelo y por primera vez lo veo feliz. Y si él es feliz yo también lo soy.
Cocinamos entre los tres. Los días de lluvia y sol habían hecho que las callampas asomaran.
Catalina traía un balde lleno de ellas.
Yo cocinaba y ellos ayudaban. Reíamos al competir quien era el más rápido limpiándolas.
El tiempo pasó rápido y el almuerzo estuvo preparado y listo para servirse.
Comimos y conversamos, jugamos cartas. Nunca lo había hecho, pero como me divertí cuando me enseñaban. Perdía y ganaba.
La calidez del ambiente era lo que yo siempre busqué.
En un momento cuando gritábamos riéndonos por una carta.
Me puse a llorar.
Los dos me miraron sorprendidos.
¿Que habían hecho mal para que yo llorara así? Se preguntaban
--No lo entienden. Éstas lágrimas no son de pena. Son de felicidad. Nunca supe que se sentía.
--Soy feliz. Gracias a ambos, por cumplir mi sueño. Tener un hogar.
¿Le pregunté a Catalina, si podía dormir con ella?
Aceptó de inmediato.
Se notaba cohibida, y yo también.
Comenzamos a conversar, ella me preguntó por mis hijos y mi primer marido. Traté de suavizar todo, pero tampoco quise engañarla como si el amor fuera perfecto. Porque no lo era.
Me hizo mil preguntas y yo se las respondí todas.
Con su mano me hizo cariño.
--Mercedes, cómo me hubiera gustado que tú fueras mi Madre.
Lo dijo así, de corazón.
--Y a mí me hubiera gustado ser tu madre.
-- Pero veámoslo desde otro punto. Ahora no solo seremos familia, también compañeras, confidentes y amigas.
Sus ojos brillaron en la oscuridad.
--La vida cambió para nosotros Mercedes.
--Si alguna vez tengo que irme, ya no me iré triste. Ahora sé que mi abuelito no estará solo. Te tendrá a ti.
-- Catalina, no digas eso.
--Ahora somos familia y estaremos juntos, hasta que Dios lo diga.
Me miró con esos ojos, con esa mirada tan profunda y triste.
Me tomó las manos.
--Hoy dormiré tranquila, porque sé que estás aquí.
Se quedó dormida y en toda la noche nunca me soltó.
Gutiérrez lo arregló todo.
Se alegró como un muchacho y se ofreció de Padrino, en una semana arreglo todo.
Trajo a un Oficial Civil para que nos casara, a mi amiga María y su hija para que nos acompañaran.
Trajo un vestido para Catalina, yo le arreglé su bonito pelo negro en una trenza. Estaba preciosa
Se veía contenta y un poco más nerviosa que yo
Yo traía entre mis cosas un vestido color crema. Era el indicado para mi matrimonio.
El anillo llegó. Pero lo más importante fue una corona de flores que me hizo Ezequiel.
Mis ojos derramaron lágrimas de emoción de ver algo tan perfecto y delicado, hecho con sus manos de artesano.
Me sentía como una novia juvenil, y mi corazón rebozaba de alegría y de amor.
Ezequiel, se recortó la barba y su pelo. Se veía hermoso, el novio perfecto para mí
Mientras leía mis votos, pensaba que terminaría mis días sola y triste como fue toda mi vida.
Pero ahora a mi lado y en mi madurez, conocí el amor. No importa que fuera un mes, un año o una década. Solo sé que era feliz.
Tenía una familia y era amada.
Gracias Mi Dios.
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Entre tú y yo, ¡qué mucho echaba de menos tus letras!