Estela tiene veinticinco años y la vida rota. Tras perder a su padre y cuidar a su madre enferma, se refugia en sus musicales favoritos. Es una soñadora que espera un amor de película, sin saber que el destino aguarda en la primera fila de un teatro.
David es el barítono del momento, una estrella internacional cansada de la soledad. Al salir al escenario para encarnar al Fantasma de la Ópera, una mirada inocente y húmeda entre el público lo hechiza por completo.
Decidido a conocerla sin el ruido de su fama, David inicia un juego desde el anonimato. Mediante rosas, notas y llamadas de madrugada con una voz que la derrite, reconstruye el mundo de Estela. Pero cuando los secretos se vuelven pesados, la realidad de la fama, los chantajes de una actriz y un embarazo en el exilio amenazan con destruir su paraíso.
¿Sobrevivirá el amor cuando caigan las máscaras? Descubre una historia profunda donde él fue salvado por sus ojos; y ella, arrullada por su voz.
NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPITULO 12. CANTOS DESDE EL ABISMO
Desde el instante en que el majestuoso telón de terciopelo terminó de alzarse, Estela sintió que el aire del teatro se cargaba de una electricidad casi tangible. Oculta en la penumbra del Palco 5, con el satén rojo de su vestido brillando sutilmente bajo la luz residual, se inclinó hacia el frente, apoyando las manos en la barandilla de madera noble. A su lado, Laura permanecía en absoluto silencio, conteniendo el aliento ante el despliegue escenográfico. Sin embargo, toda la fastuosidad de la producción se desvaneció de la mente de Estela en cuanto la figura del Fantasma hizo su aparición estelar sobre las tablas.
El actor principal avanzó entre las sombras artificiales del escenario con una majestuosidad depredadora. Vestía la impecable capa negra que ondeaba a su alrededor como un ala nocturna y la emblemática máscara blanca que cubría la mitad de su rostro. Pero lo que verdaderamente sacudió los cimientos del mundo de Estela fue el sonido de su voz. Cuando el barítono comenzó a cantar los primeros versos, la potencia y el terciopelo de su timbre inundaron el recinto entero, provocando que a la joven se le erizara la piel de inmediato. Había una intensidad febril en su interpretación, una pasión desbordante que superaba con creces la función de la semana anterior.
Fue durante el desarrollo de la famosa escena de la guarida cuando Estela experimentó un vuelco salvaje en el corazón. El actor, en mitad de un desgarrador monólogo musical sobre el amor incondicional y el sufrimiento, giró lentamente el cuerpo hacia el lado izquierdo del teatro. Alzó el rostro enmascarado y fijó sus intensos ojos directamente en la altura del Palco 5. No fue una mirada fugaz ni un movimiento coreografiado al azar. El hombre permaneció varios segundos estático, cantando con una fuerza sobrehumana con la vista clavada en la silueta roja de Estela.
Estela contuvo el aliento, sintiendo que la respiración se le atascaba en la garganta. La conexión era tan brutal que tuvo que retrasar ligeramente el cuerpo contra el respaldo de su butaca, abrumada por la intensidad de esos ojos que parecían taladrar la oscuridad.
—Laura... —susurró Estela con voz temblorosa, sin apartar la vista de las tablas—. El actor... el Fantasma... no para de mirar hacia nuestro palco. Es una locura, juraría que me está cantando a mí.
Laura se inclinó hacia ella, con los ojos muy abiertos por la sorpresa, observando cómo el protagonista realizaba un elegante ademán con la capa en dirección al palco antes de continuar con la escena.
—¡Madre mía, Estela, tienes toda la razón! —exclamó Laura en un murmullo emocionado—. Esto tiene que ser parte del plan de tu admirador secreto. Como te dije que debía de ser alguien muy importante de la producción, seguro que le ha pedido al mismísimo actor principal que dirija sus canciones hacia el Palco 5 para hacerte un homenaje. ¡Tu misterioso compositor está tirando la casa por la ventana para impresionarte!
Estela asintió con lentitud, aceptando la lógica explicación de su amiga con una sonrisa maravillada. «Claro», pensó, sintiendo una oleada de profunda gratitud y fascinación hacia su anónimo de las sombras. «Él debe de estar en el foso de la orquesta o dirigiendo las luces, mirándome en este instante, y ha coordinado este momento con el protagonista para demostrarme lo real que es su amor». La idea de que un hombre moviera los hilos de una gran producción teatral solo para hacerla sonreír le parecía el gesto más elevado y poético del mundo. Lo que Estela no podía sospechar, ni en sus fantasías más audaces, era que la hermosa voz barítona que la hacía vibrar desde el escenario era la misma que la arrullaba por teléfono cada noche.
Abajo, sobre las tablas, David cantaba con el alma al desnudo. Ver la mancha roja de Estela custodiando el palco VIP le inyectaba una descarga de adrenalina pura. Cada nota alta, cada matiz de desesperación y cada declaración de amor que salía de sus labios iba dirigida, en un secreto absoluto y sagrado, hacia ella. Se sentía poderoso oculto tras la máscara, bendecido por la confianza ciega que la joven le había entregado al cumplir su condición.
Cuando el primer acto llegó a su fin y el gran telón cayó para dar paso al intermedio de veinte minutos, los aplausos estallaron en la sala como un trueno. Estela se dejó caer en la butaca, con el pecho agitado y las manos temblorosas de tanto aplaudir. Las luces generales del teatro comenzaron a encenderse lentamente, devolviendo la realidad al recinto.
—Voy a salir un momento al vestíbulo a por un poco de agua, Estela —anunció Laura, levantándose de la butaca mientras se retocaba el lápiz de labios—. ¿Quieres que te traiga algo? Estás en una especie de trance romántico.
—No, gracias, Laura. Prefiero quedarme aquí un momento a respirar —respondió Estela con una sonrisa suave.
Apenas dos minutos después de que Laura abandonara el palco, un suave y educado golpe sonó en la puerta de madera noble. Estela se sobresaltó levemente, acomodándose los tirantes de satén rojo de su vestido antes de ponerse en pie. Caminó hacia la entrada del palco y abrió la puerta con cautela.
Frente a ella se encontraba un joven acomodador vestido con el uniforme de gala del teatro. Sostenía entre sus manos una pequeña bandeja de plata sobre la cual descansaba una sola copa de cristal fino con champán rosado y, al lado, una nueva tarjeta de papel de hilo grueso atada con una cinta de satén negro.
—Para la señorita del Palco 5, de parte de la dirección —dijo el empleado con una respetuosa inclinación de cabeza, ofreciéndole la bandeja.
Estela sintió que el pulso se le aceleraba de golpe. Tomó la copa y la tarjeta con dedos temblorosos.
—Muchas gracias —alcanzó a decir antes de que el joven se retirara por el pasillo alfombrado.
Entró de nuevo en la privacidad del palco y dejó la copa sobre la pequeña mesa auxiliar. Con el corazón latiéndole en la garganta, desató la cinta negra y abrió la tarjeta. La elegante y familiar caligrafía en tinta negra inundó sus ojos:
«Tu belleza vestida de rojo ha iluminado cada rincón de mis sombras esta noche, Estela. Desde mi posición, he podido contemplar tus ojos brillando en la penumbra del palco, y te aseguro que no ha habido música más perfecta en todo el teatro que el reflejo de tu mirada. Espero que estés disfrutando de la función. El segundo acto es el desenlace de nuestra tragedia, pero recuerda que fuera de este escenario, mi historia contigo solo está comenzando. Sigue brillando para mí. Tu admirador desde las sombras».
Estela apretó la nota contra su pecho, sintiendo una calidez abrasadora recorrerle todo el cuerpo. Miró la copa de champán rosado y luego dirigió la vista hacia el escenario vacío detrás del foso de la orquesta. La confirmación de que él la estaba observando activamente en ese mismo instante la llenó de una electrizante mezcla de timidez y deseo. Anhelaba con todas sus fuerzas que la música volviera a sonar, lista para ofrecerle su presencia en rojo al hombre sin rostro que estaba transformando su dolor en la más hermosa de las poesías.