Ella reencarna en un nuevo mundo y está decidida a cambiar el futuro de un duque.. que además, le encanta.
*Todas las novelas son independientes*
**Esta novela pertenece a un mundo mágico**
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Socios 1
La siguiente reunión comercial se hizó unos días después.
Catarina llegó con varios documentos, una lista de observaciones y una sonrisa tan radiante como siempre.
—Buenos días, Su Excelencia.
Enzo levantó la cabeza.
—Buenos días, lady Catarina.
La invitó a tomar asiento.
Durante los primeros minutos, hablaron de los negocios. Revisaron las condiciones preliminares del acuerdo, discutieron algunas cifras y evaluaron las modificaciones que debían realizarse antes de avanzar.
Todo parecía normal.
Sin embargo, cuando terminaron de revisar el último documento, Enzo dejó la pluma sobre el escritorio.
—Lady Catarina, ¿puedo hacerle una pregunta?
Ella levantó la mirada.
—Por supuesto.
El duque vaciló un instante.
No estaba acostumbrado a hacer preguntas sobre asuntos personales durante las reuniones comerciales, pero aquella cuestión llevaba varios días rondándole la cabeza.
—En la celebración de su primo, usted mantuvo una distancia considerable conmigo.
Catarina parpadeó.
Después comprendió.
[¡Ah!].
Sonrió con naturalidad.
—Sí. Supongo que así fue.
Enzo la observó.
—No pensé que lo haría.
La joven ladeó ligeramente la cabeza.
—¿Por qué no?
El duque tardó un instante en responder.
—Porque nuestras conversaciones suelen ser más... informales.
Catarina contuvo una sonrisa.
[¿Me echaste de menos haciendo bromas sobre tus documentos, excelencia?].
No dijo nada de eso, naturalmente.
En lugar de ello, apoyó las manos sobre el regazo y respondió con serenidad.
—Su Excelencia, en una reunión comercial podemos conversar con cierta familiaridad porque estamos trabajando juntos. Pero una fiesta es diferente.
Enzo permaneció atento.
—¿Diferente en qué sentido?
—En una fiesta, las personas observan. Interpretan. A veces inventan historias a partir de cosas que no significan nada.
Ella sonrió suavemente.
—Usted es un hombre casado. Yo soy una mujer soltera con una familia que se preocupa por mí. No quiero hacer nada que pueda perjudicar su reputación ni la mía.
El duque guardó silencio.
Catarina continuó..
—Podemos ser amigos, si con el tiempo surge una amistad. Podemos mantener una buena relación comercial y disfrutar de una conversación agradable. Pero no haré nada que pueda ponerlo en una situación incómoda ni que dé motivos para cuestionar su matrimonio.
Hizo una pequeña pausa.
—Tampoco quiero que mi familia crea que estoy intentando interferir en su vida personal.
Enzo la miró con atención.
Había esperado muchas respuestas.
Quizá que Catarina dijera que estaba molesta.
Quizá que admitiera haber querido evitarlo.
Pero no esperaba aquella explicación.
Era sensata.
Clara.
Y no dejaba espacio para interpretaciones equivocadas.
—Comprendo..
Catarina sonrió.
—Me alegra.
Después tomó uno de los documentos.
—Ahora, si Su Excelencia está de acuerdo, creo que deberíamos revisar el costo de las escoltas antes de que la cuarta columna vuelva a intentar arruinarme la vida.
Enzo la miró.
Y, sin poder evitarlo, sonrió.
—Me temo que la cuarta columna seguirá siendo necesaria.
Catarina suspiró con dramatismo.
—Entonces tendré que aprender a convivir con ella.
El duque soltó una breve risa.
Y la reunión continuó.
Sin embargo, algo había cambiado.
Enzo había descubierto una faceta de Catarina que no había considerado con suficiente atención.
No era solamente inteligente.
No era solamente hermosa.
Tampoco era únicamente una mujer con una personalidad divertida y una habilidad extraordinaria para transformar una conversación comercial en algo agradable.
Era sensata.
Sabía cuándo acercarse y cuándo mantener la distancia.
Comprendía que la amabilidad no equivalía a una promesa romántica y que una relación cordial no justificaba cruzar límites.
Y, a diferencia de muchas personas que había conocido, no parecía interesada en utilizar su posición para obtener algo de él.
Enzo sintió una inesperada admiración.
[Es una mujer extraordinaria].
El pensamiento apareció antes de que pudiera detenerlo.
Y, apenas lo reconoció, se mortificó.
[¿Qué estoy pensando?].
Bajó la mirada hacia los documentos.
[Estoy casado].
Apretó los labios.
[Aunque mi matrimonio no sea lo que esperaba, sigo teniendo obligaciones].
Volvió a mirar la hoja.
[Es una socia comercial. Nada más].
Catarina, completamente ajena a aquella batalla interior, estaba intentando descifrar una cifra que le parecía sospechosamente elevada.
—Su Excelencia...
—¿Sí?
—¿Está seguro de que esta hoja es correcta?
Enzo miró el documento.
Después la miró a ella.
Y sonrió nuevamente.
—Estoy seguro, lady Catarina.
Ella dejó escapar un suspiro.
—Entonces, definitivamente, esta hoja me odia.
El duque volvió a reírse.
Y se reprendió por ello una segunda vez.
Aquello iba a convertirse en un problema.
Solo Catarina al natural