El día de su boda, frente a cientos de invitados, el novio de Alena Balcázar no aparece: prefiere quedarse junto a su hermana, que "se desmayó" en el momento más oportuno. Otra vez. Pero esta vez Alena no llora ni suplica. Toma el micrófono, cancela ella misma la boda ante todos y se marcha con la cabeza en alto... dispuesta a no volver a mendigar amor nunca más.
Repudiada por su familia y sin un centavo, su caída dura poco. Un encuentro inesperado la lleva al lado de Nathan Villanueva, el heredero más frío, poderoso y codiciado del país, justo el hombre que su hermana siempre soñó con conquistar. Un contrato de cinco años, un jefe imposible y una regla no escrita: hacerla suya. Si ellos le robaron al prometido, ella seducirá a quien más desean.
Lo que empieza como una venganza perfecta se convierte en un juego de tensión, orgullo y deseo contenido. Y mientras Alena reconstruye su vida y devuelve cada golpe con elegancia letal, un secreto enterrado sobre su verdadero origen amenaza con cambiarlo todo: hay quienes destruyeron a su familia para robarle lo que le pertenece, y ahora tendrán que rendir cuentas.
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Selena leyó una y otra vez el mensaje que Renzo acababa de enviarle, queriendo asegurarse de si el nombre escrito estaba bien o mal.
¿No te estás equivocando? ¿Alena trabaja en el Grupo Villanueva? ¿Te refieres a la empresa del señor Nathan? —Selena quiso confirmarlo una vez más.
Sí, así es. Y Alena ahora es la asistente personal del señor Nathan.
Los dedos de Selena, que se disponían a teclear la respuesta, se quedaron quietos. Sus ojos recorrían apagados cada una de las letras que le había enviado Renzo. ¿Alena? ¿Asistente personal del señor Nathan? Selena se dejó caer, desmadejada, contra el respaldo de la silla.
Nathan Villanueva, el hombre que ella admiraba en secreto desde hacía tanto, al que había intentado acercarse una y otra vez sin conseguirlo jamás. El hombre del que se decía que siempre mantenía distancia con las mujeres. ¿Y ahora Alena trabajaba como su asistente personal?
¿Cómo era posible? ¿Por qué Alena siempre tenía una suerte tan grande? Incluso después de haberla separado de Renzo, de haber logrado que su boda se cancelara y que Alena cargara con la humillación, ¿ahora esa hermana a la que más odiaba estaba al lado del señor Nathan? ¿Por qué el mundo parecía querer burlarse de ella?
Selena soltó un gruñido, con el rostro enrojecido de la rabia contenida. Apretó el puño con tanta fuerza que los nudillos se le pusieron blancos. ¿Entonces de qué le había servido arrebatarle a Renzo? ¿De qué le había servido lograr que la echaran de la casa? En lugar de sufrir, Alena había conseguido acercarse al señor Nathan.
—¿Por qué siempre me quitas lo que quiero? Antes, de niñas, me quitaste el cariño de mamá y papá, ¿y ahora me quitas al señor Nathan? ¿Con qué derecho estás siempre por encima de mí? No lo soporto, quiero verte sufrir —gruñó Selena.
De pronto, los recuerdos de sus encuentros con el señor Nathan empezaron a dar vueltas en su cabeza.
Tres años atrás, Selena había acudido con el señor Gustavo a un evento de negocios donde coincidieron con el señor Nathan. Selena quedó prendada de aquel hombre a primera vista. Hasta le había pedido permiso a su padre para ir al baño y asegurarse de que su apariencia estuviera perfecta y así poder cautivarlo. Pero, cuando por fin consiguió la oportunidad de hablar con Nathan, él solo le dio una respuesta de compromiso.
—Buenas noches, señor Nathan. Es un gusto enorme conocerlo —dijo Selena con una voz melosa y unos gestos de manos lánguidos y delicados.
Sin embargo, Nathan se limitó a un leve asentimiento.
—Disfrute del evento, que la pase bien.
Y, dicho esto, el hombre se marchó sin más.
En otra ocasión, Selena le pidió a un conocido que le organizara un encuentro "casual" con el señor Nathan en un restaurante. Incluso se había sentado en una mesa cercana a la de él.
Cuando Nathan se levantó para irse, Selena fue a su encuentro a propósito y fingió tropezar con él por accidente. Pero, para su desgracia, Nathan la esquivó, de modo que quien la atajó fue su guardaespaldas.
—Señor Nathan, qué casualidad encontrarnos —dijo la muchacha, con el rostro encendido de vergüenza por no haber logrado el choque de telenovela que tenía planeado.
Pero Nathan solo le dedicó una mirada fugaz.
—Disculpe, tengo mucha prisa —dijo, y se apresuró a marcharse seguido de su guardaespaldas.
Incluso cuando Selena intentó alcanzarlo para caminar a su lado, fingiendo preguntarle algo, Nathan mantuvo la distancia con firmeza.
Lo mismo ocurrió cuando el Grupo Balcázar logró establecer una alianza con el Grupo Villanueva. Nunca consiguió atraer la atención de aquel hombre. El señor Nathan era el único hombre imposible de conquistar. Ella, que por entonces estaba tan segura de que lograría cautivarlo, terminó con las manos vacías.
Pero ahora resultaba que Alena podía estar a su lado todos los días. Y encima como su asistente personal. ¿Cómo podía ser? ¿Qué método habría usado Alena para seducir al hombre de sus sueños?
—A menos que... —Selena entornó los ojos, con toda clase de pensamientos oscuros bailándole en la mente—. ¿Será que Alena le hizo brujería?
Selena apretó la mandíbula. La envidia de imaginar a Alena cerca del señor Nathan cada día le abrasaba el alma.
—¿O será que se acercó al señor Nathan a propósito, porque sabe que a mí me gusta? ¿Querrá Alena vengarse de mí por haberle quitado a Renzo? —toda suerte de conjeturas surgían en la mente de la muchacha.
—¡No! —Selena negó con la cabeza una y otra vez—. No voy a permitir que eso pase. Solo yo puedo tener al señor Nathan. Solo yo merezco ser su compañera.
—Pero ¿cómo? —Selena se dio unos golpecitos en la barbilla. Y un segundo después dio con un plan certero.
—Renzo. Mejor hago que Alena vuelva con Renzo; así todavía tengo una oportunidad de acercarme al señor Nathan.
Selena abrió de nuevo el celular y tecleó un mensaje de respuesta para Renzo.
Renzo, creo que Alena solo está enojada contigo y conmigo. Fue culpa mía por desmayarme cuando iban a casarse. Pero la verdad es que estoy segura de que Alena todavía te ama. Así que tienes que seguir intentando reconquistarla.
Renzo frunció el ceño al leer el mensaje de Selena.
¿Tú crees?
Selena tomó aire y tecleó el siguiente mensaje.
Si de verdad quieres que vuelva, no te rindas. Sobre todo porque también tienes que conservar tu posición como heredero de los Sebastián. Convéncela. Pídele perdón. Demuéstrale que estás verdaderamente arrepentido.
En su asiento, Renzo se quedó callado leyendo la respuesta de Selena. Hasta ahora, si se había aferrado a Alena, era en efecto por su posición como heredero de los Sebastián. Pero, no sabía por qué, esta vez su corazón negaba todo eso. Había una parte de él que dolía al ver a Alena de pie junto a Nathan Villanueva. Y no era únicamente por la herencia que podía perder.
Lo sé. Y no voy a dejarla ir.
En su oficina, Selena sonrió apenas al leer la respuesta de Renzo. Pero, en cuanto la pantalla del celular volvió a apagarse, la sonrisa de la muchacha se esfumó también. El aura de rabia volvió a cubrirle el rostro.
—Alena... —gruñó por lo bajo—. ¡Te lo voy a quitar todo!
Entonces se levantó de su asiento y se dirigió a la oficina de su padre. Incluso entró de golpe sin llamar a la puerta.
El señor Gustavo, que estaba leyendo unos informes, se sobresaltó al oír que la puerta de su oficina se abría de repente. El hombre de mediana edad levantó la cara de inmediato. Y al instante frunció el ceño al ver a Selena.
—¿Qué vienes a hacer aquí? ¿Ya terminaste la tarea que te encargué?
Sin responder una sola palabra, Selena se acercó y se sentó frente al escritorio de su padre.
—Papá... yo sé dónde está mi hermana ahora.
—¿En serio? —El rostro del señor Gustavo, antes frío, se iluminó de entusiasmo—. ¿Y dónde está tu hermana?
Ver la reacción de su padre solo enfureció más a Selena. Pero la muchacha se contuvo por un único objetivo: apartar de nuevo a Alena del lado del señor Nathan.
—Trabaja en el Grupo Villanueva.
—¿Qué?
—Sí, papá. Ahora es la asistente personal de Nathan Villanueva.
Al instante, el rostro del señor Gustavo cambió.
—¿Cómo es posible?
Selena apretó los puños sobre los muslos, pero, en la medida de lo posible, compuso un gesto de tristeza.
—Eso es lo que a mí no me entra en la cabeza, papá. Estamos pasando por un mal momento y Alena, en cambio, se pone a trabajar para otra empresa. ¿Le parece correcto? ¿Cómo va a ver la gente de afuera a nuestra familia después de esto? —preguntó la muchacha como si de verdad le importara.
El señor Gustavo se quedó callado, pensando en todo lo que había ocurrido en el Grupo Balcázar tras la partida de Alena. Muchas de las gestiones que antes marchaban sobre ruedas ahora eran un caos. Varias decisiones importantes se habían postergado. Incluso algunos clientes empezaban a cuestionar la capacidad de gestión de la empresa.
El señor Gustavo suspiró.
—Voy a ir a verla y la traeré de vuelta.
El rostro de Selena se endureció al oír las palabras de su padre. Aunque quería que él hiciera volver a Alena, también detestaba imaginarla recibiendo su cariño. Sobre todo desde que su padre se había enterado de que todo lo que ella había presumido y de lo que tanto se enorgullecía delante de él era en realidad fruto del esfuerzo de Alena; desde entonces, la actitud de su padre hacia ella había cambiado un poco.
Selena agachó la cabeza, ocultando la mirada cargada de odio.
—¡No! No voy a permitir que Alena sea más feliz que yo.