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PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

PUDRETE, APOLO… RENUNCIÓ A TI, AHORA AMARÉ A HADES

Status: Terminada
Genre:Romance / Reencarnación / Mundo mágico / Completas
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Perséfone renació con un único propósito: corregir el error que destruyó su vida anterior. Pero no esperaba que la misma familia que juró protegerla volviera a condenarla.

Una mentira de Afrodita despierta la furia de Apolo, el dios del sol. Ciego de rabia, la golpea hasta dejarla al borde de la muerte, mientras Zeus y Deméter permanecen en silencio.

Cuando Perséfone cree que volverá a morir, alguien detiene el golpe.

Hades.

El temido dios del inframundo desafía a los olímpicos, descubre la mentira y salva a la mujer que todos abandonaron. Herida y desesperada, Perséfone toma una decisión que cambiará su destino: seguirlo voluntariamente al reino de la muerte.

Allí descubrirá que el monstruo que todos temen puede convertirse en su refugio, mientras ella devuelve flores a su oscuridad y vida a su corazón.

Pero Apolo descubrirá demasiado tarde a quién perdió.

Y esta vez, Perséfone no piensa regresar, porque allí encontró el amor que siempre mereció de verdad.

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Despertar entre los brazos de la vida

El grito murió en su garganta, ahogado por el sol que se apagaba y el peso de dos muertes que no debían ser suyas. Perséfone sintió el frío de la piedra contra su espalda, vio la mano de Apolo caer inerte a su lado, y luego… la oscuridad lo devoró todo. No fue la nada. Fue el eco de una elección: ¿Y si hubiera sido así? ¿Y si me hubiera quedado? ¿Y si hubiera seguido amando a quien no sabía amarme?

La voz de Hades la trajo de vuelta. No con fuerza, sino con un murmullo suave, un roce en su frente, un calor que la atravesó hasta los huesos y rompió el hechizo de siglos de dolor.

—Perséfone… despierta. Estás aquí. Conmigo.

Abrió los ojos de golpe, y el aire entró en sus pulmones como si fuera la primera vez que respiraba. El corazón le golpeaba tan fuerte que dolía, y el sudor frío le recorría la piel, pero no estaba en el suelo frío del palacio de Apolo. No había sangre, ni veneno, ni el brillo cegador de un rayo traicionero. Estaba en su habitación, en el Inframundo, bajo mantas suaves de tonos morados y grises, y la luz tenue y cálida del brasero de llamas azules iluminaba el rostro del hombre que la sostenía entre sus brazos, mirándola con profunda preocupación.

—Respira —le dijo Hades, acariciándole la espalda con movimientos lentos y firmes—. Estás a salvo. Nada de eso es real. No pasó.

Ella lo miró, y por un instante sus ojos se llenaron de lágrimas que no eran de tristeza, sino de un alivio tan grande que casi dolía. Pasó la mano por su rostro, por su cabello oscuro, por su pecho, como si necesitara confirmar que él estaba ahí, que era real, que no era una sombra de un sueño.

—¿Tú… viniste por mí? —preguntó con voz temblorosa—. ¿Yo no me quedé?

—No te quedaste —respondió él con suavidad—. Viniste conmigo. Elegiste mi mano. Y yo te llevo esperando toda la eternidad.

Perséfone soltó un sollozo y se lanzó a sus brazos, abrazándolo con toda su fuerza, apretándose contra él como si quisiera fundirse en su piel, borrar para siempre la sensación de frialdad y soledad que aquella otra vida le había dejado. Hades la rodeó con sus brazos con la misma ternura de siempre, pero ahora con una firmeza nueva, como si entendiera que ella acababa de regresar de un lugar donde el amor era sinónimo de muerte.

—Vi… vi lo que hubiera pasado —susurró ella contra su pecho, con la voz quebrada—. Si me hubiera quedado… si hubiera seguido esperándolo… él me habría matado. Me habría matado creyendo una mentira. Y cuando supo la verdad… fue demasiado tarde. Demasiado para los dos.

Hades la abrazó más fuerte, apoyando la barbilla en su cabeza, dejándola llorar, dejándola sacar todo el dolor de una vida que no vivió pero que le había dolido como si fuera suya.

—Lo vi —dijo él en voz baja—. A veces, los destinos que no tomamos nos visitan para recordarnos por qué elegimos el camino correcto. Aquella Perséfone murió esperando lo que nunca le darían. Tú… tú vives. Y vives por elección. Por amor. No por esperanza vana, sino por certeza.

Ella levantó la vista y lo miró a los ojos, esos ojos oscuros que la miraban siempre con verdad, sin sombras, sin dobleces.

—Casi me equivoco —confesó con sinceridad—. Casi me quedo. Casi creo que el amor debía ser sufrimiento, paciencia, sacrificio. Casi creí que debía merecer ser amada.

—El amor no se merece —corrigió él suavemente, acariciando su mejilla—. Se recibe. Y tú no tuviste que merecer nada para que yo te eligiera. Solo tuviste que ser tú.

Perséfone lo besó entonces, despacio, con gratitud infinita, con la certeza de que cada segundo que estaba a su lado era un regalo que aquella otra Perséfone nunca llegó a tener. No fue un beso de pasión. Fue un beso de vida. De agradecimiento por estar aquí, ahora, con él.

Se recostaron de nuevo, y ella se acurrucó contra su pecho, escuchando su corazón latir, fuerte y sano, libre de la enfermedad que ella había ayudado a curar. Pasó la mano por su torso, sintiendo su calor, su solidez, la realidad de todo lo que habían construido. Y mientras Hades la abrazaba, entrelazando sus dedos con los suyos, ella cerró los ojos sin miedo, sabiendo que los recuerdos de aquella vida trágica ya no podían hacerle daño. Eran solo una advertencia, un espejo de lo que el orgullo y la ceguera pueden destruir, y una confirmación de lo que el amor verdadero puede construir.

—Nunca me arrepentiré —susurró ella, ya medio dormida—. De haberte elegido. De haberme venido contigo. De haber dejado el sol por tu oscuridad.

—Y yo nunca dejaré que te arrepientas —respondió él, besando su frente—. Aquí no hay esperas sin fruto. Aquí no hay mentiras que maten. Aquí solo hay nosotros. Y eso es suficiente para toda la eternidad.

Esa noche, por primera vez desde que empezaron los sueños, durmió sin pesadillas. Y cuando despertó a la mañana siguiente, la luz suave del Inframundo bañaba la habitación, y él seguía ahí, mirándola, esperándola, amándola. Y ella sonrió, sabiendo que el destino que casi tomó ya no tenía poder sobre ella. Porque había elegido bien. Había elegido la vida. Había elegido a Hades. Y eso, era más que suficiente.

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EspirituCreativo
Gracias lectora
Beatris Avalos
los amó 🥰🥰🥰
Cliente anónimo
Muy linda historia!!! Me encanto…👏👏👏👏
EspirituCreativo: Gracias por tu apoyo 🥰
total 1 replies
Cliente anónimo
Autora repitió el capítulo, aunque la novela está preciosa!!!!!
EspirituCreativo: Horror gracias lo borro
total 1 replies
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