Sariel portador del séptimo rayo, es elegido por el dios del amor para ser su guardián en la tierra humana, mientras trata de ser el observador cósmico del creador , conocerá la fragilidad de su esencia al conocer el sentimiento que solo los mortales estaban condenados a sentir , él amor , acompaña al guerrero de amatista a encontrar su verdadera misión entre él cielo, la tierra y el infierno en ese extensa línea de la Eternidad
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capítulo 24. Victoria en los confines
Capitulo 24. Victoria en los confines
Los confines se estremecían, no por el viento, sino por los rugidos de la oscuridad primordial, un enemigo milenario que no poseía forma, sino mil fauces que intentaban devorar la realidad misma. Sariel lanzaba tajos de luz blanca, su respiración era un silbido errático mientras sus alas sangraban plumas de plata.
Él y su legión se movían como un relámpago de obsidiana. Luzbel aun queriendo engañar al creador , luchaba al par de Sariel.
Aunque ambos luchaban contra el mismo horror, la diferencia era clara, Sariel luchaba para proteger, Luzbel, para dominar.
En un breve respiro entre las oleadas de sombras, Luzbel se posicionó a espaldas de Sariel. Mientras el enemigo se replegaba para un ataque masivo, Luzbel habló con una calma gélida que cortaba más que el acero.
- ¿Cuánto más crees que resistirá tu esencia, Sariel?preguntó Luzbel, desviando un proyectil de sombra sin esfuerzo
- Este ser nos superará. Tu luz se apaga, y cuando caigas, no habrá nada más que el vacío. Se burló Luzbel
Sariel no respondió, concentrado en canalizar su energía para el siguiente asalto.
- No tiene por qué ser así , insistió Luzbel, acercándose a su oído, mientras el enemigo milenario bramaba en la distancia
- Conozco el secreto para sellar este lugar para siempre. Pero requiere una fuerza que tú te niegas a tocar. Únete a mi legión . Deja atrás el dogma que te debilita y reclama el poder que te pertenece por derecho. Insistió Luzbel
La batalla en los confines alcanzó un punto de ruptura.
La Oscuridad Primordial no solo atacaba el cuerpo, sino que devoraba el tiempo y el espacio. Sariel sentía sus músculos arder, cada fibra de su ser gritaba bajo la presión de un vacío que quería borrar su existencia.
Luzbel, observando desde la periferia del caos, no intervino de inmediato. Disfrutaba el espectáculo de la agonía del ángel.
- Mírate, Sariel , gritó Luzbel sobre el estruendo de los mundos colapsando. Estás sangrando luz por una causa que no te ama has abandonado a Zadquiel a su suerte todo por Alanis.
- ¿De verdad vas a dejar que Zadquiel se desvanezca mientras juegas al héroe mártir?
Sariel clavó su espada en el suelo de cristal negro para no ser arrastrado por un remolino de sombras. Sus alas, antes majestuosas, ahora eran jirones de plata manchada.
- ¡Cállate! , bramó Sariel. Su sudor corría por su frente, mezclándose con la sangre dorada de su sien.
- Tú no sabes nada del amor. Para ti y Miguel , Alanis es solo una pieza en un tablero. Para mí… ella es la razón por la que este mundo aún merece ser salvado. Y no vuelvas a pronunciar el nombre de Zadquiel con tu lengua envenenada.
- Entonces sálvala a ella , dijo Luzbel, apareciendo frente a él en un parpadeo, ignorando a la criatura milenaria que se alzaba detrás.
- Olvida al resto Sariel. El universo es vasto y cruel , a nadie le importará si un ángel y su amada se pierden en la eternidad. Solo dame tu mano, júrame lealtad , y te juro por mi propia esencia que en diez segundos estarás con ella, haré que te ame y olvide para siempre a Miguel , dijo luzbel
El enemigo milenario lanzó un rugido que agrietó la realidad. Una zarpa de sombra absoluta descendió sobre ellos.
Sariel miró la mano extendida de Luzbel. Por un instante, el silencio fue total. Sariel podía oler el perfume de Alanis en sus recuerdos, podía sentir la suavidad de su voz llamándolo desde el otro lado del velo. Era tan fácil. Solo un “sí” y el dolor terminaría.
Pero entonces, Sariel recordó el brillo en los ojos de Alanis cuando hablaban de la justicia y el deber. Recordó que ella nunca aceptaría una libertad comprada con traición.
- Mi respuesta no ha cambiado, Luzbel ,susurró Sariel, mientras una nueva fuerza, nacida no del poder sino del sacrificio, comenzaba a emanar de su pecho. Alanis no es un objeto que puedas entregar. Y yo… yo no soy un esclavo de mis deseos.
Con un movimiento fluido, Sariel no tomó la mano de Luzbel. En su lugar, arrancó su espada del suelo y la alzó hacia el infinito. La hoja comenzó a vibrar, absorbiendo la oscuridad circundante y convirtiéndola en un fuego blanco cegador.
-Si algún día el amor por mí nace en su corazón , yo mismo iré a buscarla cuando este mal sea derrotado , sentenció Sariel. Pero no será por tu gracia, sino por mi propia voluntad. ¡Ahora, apártate o sé consumido por la luz que tanto desprecias!, gritó Sariel
El estallido de energía fue tan violento que incluso Luzbel tuvo que cubrirse el rostro. Sariel se lanzó al corazón de la oscuridad primordial, transformado en un meteoro de voluntad inquebrantable, dejando atrás la tentación para abrazar su destino.
El estruendo finalmente cesó. El enemigo milenario, aquella masa de vacío que parecía infinita, se disolvió en partículas de nada tras el último embate de Sariel.
El silencio que siguió fue casi doloroso, roto solo por la respiración pesada y errática del ángel, quien se mantenía en pie apoyado en su espada mellada. Su luz parpadeaba como una vela a punto de extinguirse, pero sus ojos seguían fijos en el horizonte de los confines... Continuará