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Reencarné Como La Esposa Del Emperador Que Quiere Matarme

Reencarné Como La Esposa Del Emperador Que Quiere Matarme

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Darcalie

Morir fue inesperado.

Despertar dentro de una novela fue absurdo.

Pero reencarnar como Serena Valmont, la villana destinada a morir a manos de su propio esposo, fue una completa pesadilla.

Conozco esta historia.

Sé que el emperador Kael Draven jamás amará a Serena. Sé que muy pronto conocerá a la verdadera protagonista. Y sé que, cegada por los celos, Serena cometerá una serie de crímenes que terminarán llevándola al cadalso.

Pero yo no soy Serena.

Y no pienso seguir su destino.

Mi plan es simple: alejarme de la protagonista, pedirle el divorcio al emperador y desaparecer antes de que la historia comience.

Solo hay un problema.

—Quiero el divorcio.

Kael alzó la mirada hacia mí.

—No.

...¿Cómo que no?

Se suponía que esta historia ya estaba escrita.

Entonces, ¿por qué está empezando a cambiar?

NovelToon tiene autorización de Darcalie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14: La villana estaba intentando salvarlo.

Había descubierto tres cosas sobre Serena Valmont.

La primera: tenía demasiadas joyas.

La segunda: había conservado durante tres años una nota de Kael que decía «Recibido» y la había enmarcado.

Seguía sin superar aquello.

Y la tercera...

La tercera era bastante más preocupante.

La Serena original estaba investigando a alguien.

Miré los documentos extendidos sobre el escritorio.

Nombres.

Fechas.

Pagos.

Turnos de guardia.

Rutas del carruaje imperial.

Cambios de personal.

Informes médicos.

Y, por alguna razón, el nombre de Elena Rosenthal aparecía varias veces.

Salem estaba sentado encima de una de las hojas.

—Muévete.

Miau.

—Estoy investigando una conspiración.

Miau.

—Exactamente. Es importante.

Salem se acostó.

Encima de los documentos.

—Gracias por tu colaboración.

Lo levanté.

Pesaba más de lo que recordaba.

—¿Qué comes cuando no estoy mirando?

Protestó.

—No me amenaces.

Lo dejé en el suelo.

Volví a los documentos.

Había encontrado todo aquello ayer en el compartimento secreto del escritorio de Serena.

Y desde entonces tenía una pregunta:

¿Qué demonios estaba haciendo?

Porque aquello no tenía nada que ver con Elena robándole al marido.

Nada.

La Serena que yo recordaba del libro dedicaba aproximadamente el ochenta por ciento de su tiempo a odiar a Elena y el otro veinte por ciento a recordarle a Kael que estaban casados.

No investigaba movimientos de guardias.

No revisaba rutas imperiales.

No anotaba nombres de médicos.

Y definitivamente no escribía cosas como:

Cambio de guardia solicitado por V. tres días antes del accidente.

Debajo:

Investigar.

Tomé otra hoja.

Caballo imperial reemplazado sin autorización.

Otra.

Cocinero despedido después del banquete de invierno. ¿Por qué?

Otra.

Segundo intento. No fue casualidad.

Me quedé inmóvil.

Segundo intento.

—¿Segundo intento de qué?

Naturalmente, el papel no respondió.

Cada día echaba más de menos Google.

Revisé los documentos otra vez.

Entonces encontré uno que no había visto.

Estaba doblado dentro de un pequeño libro de cuentas.

Lo abrí.

La letra era la misma.

La de Serena.

Kael.

Solo eso.

Debajo había fechas.

Muchas.

La primera correspondía a casi ocho meses atrás.

Fiebre después de la cena con el Consejo.

Médico: intoxicación alimentaria.

Otra fecha.

Caída durante la cacería. Montura cortada.

Otra.

Carruaje. Rueda izquierda manipulada.

Mi sonrisa desapareció.

Seguí leyendo.

No son accidentes.

Sentí frío.

Oh.

—No.

Pasé la página.

Alguien está intentando matarlo.

Me quedé mirando aquellas palabras.

Eso... no estaba en la novela.

No recordaba absolutamente nada parecido.

Kael había tenido accidentes, sí. Pero eran detalles.

La fiebre se mencionaba en una conversación.

La caída del caballo aparecía como una anécdota.

El carruaje...

Fruncí el ceño.

Sí.

Lo recordaba.

Kael había dicho que había tenido suerte.

Eso era todo.

Nunca se había tratado como algo importante.

Pero Serena había unido los puntos.

La Serena original.

La mujer supuestamente demasiado ocupada persiguiendo a su marido para tener dos pensamientos consecutivos.

—Tú sabías.

Continué leyendo.

Intenté advertirle.

La siguiente línea estaba tachada.

Aun así podía distinguirla.

No me creyó.

Auch.

No necesitaba conocer el contexto para imaginar cómo había salido aquella conversación.

Kael no confiaba en Serena.

Probablemente si ella le hubiese dicho que el palacio estaba incendiándose, él habría comprobado primero si no había sido ella quien comenzó el fuego.

Pasé la página.

No importa.

No necesito que me crea.

Y después:

Solo necesito encontrar al responsable antes de que vuelva a intentarlo.

Me quedé quieta.

Algo extraño me apretó el pecho.

No por Kael.

Bueno.

Un poco por Kael.

Pero principalmente por ella.

Por Serena.

La verdadera.

Había amado a ese hombre de una manera que parecía bastante poco saludable, si tenía que ser sincera.

Pero lo había amado.

Muchísimo.

Y mientras todo el mundo pensaba que estaba organizando fiestas, comprando vestidos y persiguiendo a cualquier mujer que respirara demasiado cerca del Emperador... estaba intentando descubrir quién quería matarlo.

—Eras complicada, ¿eh?

Salem maulló.

—No la estoy defendiendo. Arruinó un compromiso porque una mujer bailó dos veces con Kael.

Pausa.

—Eso sigue siendo psicótico.

Miau.

—Exacto.

Serena podía haber sido una persona horrible en algunas cosas y tener razón en otras.

Ambas podían ser ciertas.

Volví a revisar los documentos.

Entonces encontré el nombre que me interesaba.

Elena Rosenthal.

Había un informe completo sobre ella.

Nada particularmente extraño.

Hasta el final.

No es el objetivo.

Y otra anotación:

Entonces ¿por qué necesitan que esté cerca de Kael?

Mi estómago se hundió.

—¿Necesitan?

¿Quiénes?

Leí nuevamente.

No es el objetivo.

Eso significaba que Serena original no creía que Elena estuviera involucrada.

Bien.

Al menos no tenía que empezar a sospechar de la adorable mujer que ayer había decidido que debía terminar con Lucien.

Traición que todavía no olvidaba.

Pero alguien quería a Elena cerca de Kael.

¿Por qué?

Y más importante... ¿era eso lo que yo conocía como la historia principal?

La idea me hizo sentir incómoda.

En el libro:

1. Elena llegaba a la capital.

2. Conocía a Kael.

3. Se enamoraban.

4. Serena se convertía progresivamente en una lunática.

Fin.

Bueno.

Fin para Serena.

Pero si alguien dentro de este mundo estaba intentando acercarlos... ¿Cuántos de los acontecimientos que yo recordaba habían sido realmente coincidencias?

Me quedé mirando las hojas.

—No.

No iba a hacer esto.

No.

Ya habíamos tenido suficiente.

Mi objetivo era muy sencillo.

Divorcio.

Supervivencia.

Quizá una pequeña casa en algún lugar donde nadie tuviera corona ni tendencia a ejecutar esposas.

Eso era todo.

Los intentos de asesinato de Kael eran...

Problema de Kael.

Sí.

Me levanté.

—No es asunto mío.

Salem me miró.

—No.

Miau.

—Estoy hablando en serio.

Guardé una hoja.

—No voy a involucrarme.

Guardé otra.

—Kael tiene un ejército.

Otra.

—Tiene guardias.

Otra.

—Tiene a Lucien.

Otra.

—Puede protegerse perfectamente solo.

Cerré el compartimento.

Me quedé mirándolo.

...

Lo abrí.

—Solo voy a investigar un poquito.

Salem bostezó.

—Cállate.

...****************...

La investigación duró aproximadamente treinta minutos.

Porque alguien llamó a la puerta.

Escondí los documentos tan rápido que casi metí a Salem dentro del cajón.

—¡Su Majestad!

Margaret entró.

Me apoyé casualmente sobre el escritorio.

—Hola.

Me miró.

—¿Qué está haciendo?

—Nada.

—¿Por qué está respirando así?

—Ejercicio.

—Está sentada.

—Ejercicio mental.

Margaret miró hacia el escritorio.

Me moví.

Ella se movió.

Yo también.

Sus ojos se estrecharon.

—¿Está escondiendo algo?

—No.

—Su Majestad.

—Margaret.

—¿Qué rompió?

Me ofendí.

—¿Por qué asumes que rompí algo?

—Experiencia.

Justo.

—No rompí nada.

—Entonces ¿qué ocurre?

—Nada.

Margaret suspiró.

—El emperador está aquí.

Me enderecé.

—¿Qué?

—Solicita verla.

—Dile que estoy muerta.

Silencio.

—Enferma. Quise decir que estoy enferma.

—Demasiado tarde.

La voz de Kael llegó desde la puerta.

—Escuché la primera versión.

Cerré los ojos.

—¿Nunca llamas?

—Esta es tu oficina.

—Exactamente.

—La puerta estaba abierta.

Miré a Margaret.

Ella levantó las manos.

—No fui yo.

Traición colectiva.

Kael entró.

Margaret hizo una reverencia.

—Los dejaré solos.

—No.

—Gracias —dijo Kael.

—¡Margaret!

La puerta se cerró.

Lo miré.

—Cada día me respetan menos en este palacio.

—Me pregunto por qué.

—¿Qué quieres?

Kael dejó unos documentos sobre la mesa.

—Necesito tu firma.

—¿Para qué?

—La cabalgata imperial de mañana.

Mi cerebro se detuvo.

Cabalgata.

Mañana.

Cabalgata.

Bosque.

Tormenta.

Elena.

Kael.

Oh.

No.

Había olvidado completamente aquel capítulo.

—¿Qué día es mañana?

Kael me miró.

—Viernes.

Mi estómago cayó.

Era esa.

La cabalgata imperial.

El evento donde Kael y Elena quedarían separados del grupo durante una tormenta.

Pasarían horas solos en una vieja cabaña.

Hablarían.

Kael descubriría que Elena no era la noble superficial que había imaginado.

Ella curaría una herida de su mano.

Él le prestaría su abrigo.

Había una chimenea.

Por supuesto que había una chimenea.

Toda novela romántica tenía una cabaña con una chimenea estratégicamente colocada.

Y esa noche...

Kael empezaría a sentir algo por Elena.

El principio.

El verdadero principio.

Lo miré.

—Perfecto.

Kael frunció el ceño.

—¿Perfecto?

—Sí.

—Hace una semana intentabas impedir que Elena se acercara a mí.

—He madurado.

—En una semana.

—Ha sido una semana muy educativa.

Kael no parecía convencido.

—¿Vas a asistir?

Abrí la boca.

Mi primer instinto fue:

No.

Definitivamente no.

Entonces recordé los documentos.

Alguien está intentando matarlo.

Y la cabalgata ocurría fuera del palacio.

En un bosque.

Con caballos.

Kael ya había tenido un accidente a caballo.

Maldita sea.

—Sí.

Kael levantó una ceja.

—¿Sí?

—¿Por qué te sorprende?

—Porque odias montar.

No sabía eso.

—Ya no.

—Serena.

—¿Qué?

—La última vez que montaste un caballo dijiste que era una criatura infernal enviada para destruir tu columna.

Eso sonaba bastante razonable.

—He cambiado de opinión.

—Claro.

Firmé.

Kael no se movió.

—¿Algo más?

—Sí.

—¿Qué?

—¿Por qué estás tan feliz de que Elena vaya?

Maldito hombre observador.

—Porque me agrada.

—Eso sigue siendo extraño.

—Supéralo.

Kael tomó los papeles.

Después miró el escritorio.

Uno de los documentos secretos sobresalía ligeramente del cajón.

No.

Me moví delante.

—¿Qué haces?

—Nada.

—Otra vez esa palabra.

—Es muy útil.

Intentó mirar.

Me moví.

Kael se detuvo.

—Serena.

—Kael.

—Muévete.

—No.

—¿Qué escondes?

—Nada.

—Entonces muévete.

—No quiero.

—Eso significa que escondes algo.

—Eso significa que valoro mi espacio personal.

Kael dio un paso hacia la derecha.

Yo también.

Izquierda.

Lo seguí.

Derecha.

Otra vez.

Nos quedamos mirando.

—¿Estamos bailando? —pregunté.

—Serena.

—Porque si estamos bailando, deberías haber pedido permiso.

Intentó pasar.

Extendí los brazos.

—¡No!

Kael se detuvo.

Estábamos demasiado cerca.

Muchísimo.

Mi espalda chocó contra el escritorio.

Él tenía una mano apoyada a cada lado.

No me tocaba.

Pero tampoco podía moverme.

—¿Qué escondes?

—¿Por qué te importa?

—Porque cada vez que escondes algo termino teniendo problemas.

—Eso es ofensivo.

—Es estadística.

—No sabes nada de estadísticas.

—Tú tampoco.

—Correcto, pero no estamos hablando de mí.

Su mirada bajó un instante.

A mi boca.

No.

Imaginación.

Definitivamente imaginación.

Después volvió a mis ojos.

—Serena.

—¿Qué?

—Estás roja.

—Estoy enfadada.

—Claro.

—Muchísimo.

Una pequeña sonrisa apareció.

Muy pequeña.

Pero la vi.

—¿Te estás riendo de mí? —rompí el hielo.

—No.

—¡Sí!

—No.

—Acabas de sonreír.

—Imaginación tuya.

—¡Kael!

Se apartó.

Cobarde.

Tomó sus documentos.

—Mañana a las nueve.

—Estaré allí.

Llegó a la puerta.

Recordé algo.

—Kael.

Se volvió.

—Ten cuidado mañana.

Su expresión cambió.

—¿Con qué?

Mierda.

—Con...

Piensa.

—Los caballos.

—¿Los caballos?

—Son sospechosos.

Silencio.

—¿Sospechosos?

—Nunca confíes completamente en algo que puede matarte de una patada.

Kael me miró durante varios segundos.

—Voy a fingir que esta conversación nunca ocurrió.

—Me parece perfecto.

Se marchó.

Esperé.

Cinco segundos.

Diez.

Corrí hacia la puerta.

—¡Y REVISA LA MONTURA ANTES DE SUBIR!

Kael se giró al final del corredor.

—¿Qué?

—¡LA MONTURA!

—¿Por qué?

—¡SEGURIDAD!

Varias sirvientas me miraron.

Cerré la puerta.

Perfecto.

Discreción absoluta.

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Georgetth Rosemary
Más
Laura Pérez
👏👏👏👏
Is Cantil
Será que lucien,está implicado….…¿
Darcalie: No podremos saberlo aún 🤭
total 1 replies
Laura Pérez
que bonito 🙂!!
Laura Pérez
👏👏👏
Laura Pérez
👏👏👏👏👏👏👏
Laura Pérez
El autor de está historia tiene un don , para escribir maravillosas historias 😊
Laura Pérez
👏👏👏😊
Laura Pérez
que lindo
Laura Pérez
👏👏👏👏
Laura Pérez
que emocionante!!
Laura Pérez
que fantástico 👏
Laura Pérez
me encanta!!😊
Laura Pérez
que interesante ☺️👏
Georgetth Rosemary
Más
Georgetth Rosemary
Más capitulos
Georgetth Rosemary
Maaaasss capitulo
Darcalie: Hola! Muchas gracias por tu apoyo 🥰 Seguiré subiendo capítulos diariamente. De verdad agradezco enormemente que te esté gustando
total 1 replies
Erika1999
QUEEEEEEEE, QUÉ QUIERE DECIR ESTO? OMG
Darcalie: Sorpresas que se vienen 🤭
total 1 replies
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