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BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

BAJO EL DOMINIO DEL DEMONIO

Status: Terminada
Genre:Mafia / Mujer poderosa / Villana / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

Hace quince años, la dejaron en la calle, hambrienta y sin esperanza, con dos niños pequeños y una madre agonizante. Hoy, es "La Tiburón" en los corporativos de alta alcurnia y "El Demonio", la implacable jefa de la mafia que controla el país desde las sombras. Cuando su despreciable exmarido regresa buscando destruirla con la complicidad de la esposa de un poderoso magnate industrial, descubrirán demasiado tarde que han despertado al monstruo equivocado. Una guerra de poder, finanzas y venganza donde el amor y la supervivencia bailan al filo de una navaja.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

LA TRAMPA DE CRISTAL

La paz del domingo se desvaneció al caer la tarde. Mientras el sol teñía el horizonte de un naranja sangriento, Amelia abandonó la calidez de su hogar para trasladarse a una base de operaciones oculta en el sector industrial de la ciudad. Allí, el ambiente era radicalmente opuesto al de su mansión: paredes de hormigón reforzado, servidores zumbando al unísono y el silencio absoluto de los hombres que sabían que una palabra fuera de lugar podía costarles la vida.

Bruno Ríos la esperaba junto a un mapa digital interactivo que mostraba los movimientos de Carlos Vargas y los intentos de intromisión en sus sistemas bancarios.

—Han intentado acceder a la cuenta de la sociedad pantalla de las refinerías tres veces en las últimas dos horas, jefa —informó Bruno, señalando un punto rojo en el mapa—. El origen del ataque viene de un servidor privado registrado a nombre de una empresa fachada de Patricia Montero. Carlos está desesperado; se le acaba el tiempo para cubrir las deudas de juego que contrajo en el extranjero.

Amelia observó la pantalla con frialdad. Carlos no solo era un traidor; se había convertido en un cabo suelto que amenazaba la estructura de su imperio.

—Déjalos entrar —ordenó ella, con una calma que erizaba la piel—. Dales acceso a una carpeta cifrada específicamente para ellos. Contiene datos bancarios reales, sí, pero mezclados con información falsa que apunta directamente a las refinerías de Sebastián Ferrer. Si quieren jugar a los espías, que se quemen las manos con la persona equivocada.

—¿Estás segura? Si Ferrer descubre que estamos desviando la atención hacia él, podría tomar represalias —advirtió Bruno, aunque conocía de sobra la implacable lógica de su jefa.

—Ese es precisamente el punto, Bruno. Sebastián está demasiado obsesionado con descubrir quién soy. Necesito que se distraiga con un enemigo común. Si cree que Carlos y Bárbara están conspirando contra su imperio financiero, dejará de mirar hacia mi pasado. Y cuando se dé cuenta de que Carlos es solo un títere, estaré lista para darle el golpe de gracia a ambos lados.

Mientras tanto, en una mansión alejada, la tensión alcanzaba niveles insostenibles. Sebastián Ferrer estaba sentado frente a su equipo de seguridad cibernética, observando las pruebas que habían "encontrado" en la red. Documentos que vinculaban a Carlos Vargas con una serie de desvíos de fondos dentro de su propio conglomerado.

—Señor, tenemos la confirmación —dijo el jefe de seguridad—. Alguien intentó hackear la cuenta de la sociedad de la señora Castañeda, pero el rastreo nos lleva directo a Vargas. Parece que él y su esposa están intentando sabotear su asociación con ella para quedarse con los contratos de las refinerías.

La mandíbula de Sebastián se tensó hasta el punto de que los músculos se le marcaron. Sentía una furia gélida, una que no había experimentado desde los días más duros de su carrera. No le importaba el dinero tanto como la traición. Y, sobre todo, no podía tolerar que Amelia, a quien comenzaba a ver como una aliada estratégica de un nivel superior, fuera el blanco de unos parásitos como los Vargas.

—Prepara una reunión con Carlos Vargas para mañana —ordenó Sebastián con una voz que era un susurro de muerte—. Dile que es para "negociar una alianza". Quiero ver cómo intenta mentirme en la cara.

Al día siguiente, la oficina de Sebastián era un campo minado. Carlos llegó con una sonrisa nerviosa y el traje impecable de alguien que cree haber ganado la lotería. Apenas se sentó, el silencio de Sebastián lo puso contra las cuerdas.

—Carlos, me pregunto qué te hace pensar que eres lo suficientemente inteligente como para intentar robarme —dijo Sebastián, sin siquiera mirarlo.

Carlos palideció, pero intentó sostener la fachada. —No sé de qué hablas, Sebastián. He venido a hablar de negocios...

—Sé perfectamente lo que has estado haciendo —lo interrumpió Sebastián, levantándose lentamente—. Has intentado vulnerar los sistemas de Castañeda Holdings. ¿Crees que no me daría cuenta? Amelia es una socia estratégica de mi empresa. Atacarla a ella es atacarme a mí.

—¡Ella no es lo que parece! —exclamó Carlos, perdiendo la compostura—. ¡Es una criminal, una estafadora! ¡Solo está esperando el momento para arruinarte!

Sebastián soltó una carcajada seca, carente de cualquier atisbo de humor. Se acercó a Carlos y lo tomó por el cuello del saco, arrinconándolo contra la pared de vidrio.

—Lo que ella sea o deje de ser es algo que resolveré yo. Pero tú, tú no vas a volver a acercarte a ella ni a mis contratos. Si vuelves a intentar algo, me encargaré personalmente de que no te quede ni el recuerdo de tu apellido.

Carlos fue expulsado de la torre, deshecho y humillado. Lo que no sabía, y lo que Sebastián tardaría en comprender, era que estaba siguiendo exactamente el guion que Amelia había escrito. Ella no necesitaba mover un dedo; había logrado que el hombre más peligroso de la ciudad fuera su escudo, sin que él siquiera sospechara que estaba siendo manipulado.

Más tarde esa misma tarde, Sebastián llamó a Amelia.

—He resuelto el problema con Vargas —dijo él, con el tono de voz todavía algo acelerado—. Ya no volverá a molestarte.

—Te lo agradezco, Sebastián —respondió Amelia, fingiendo una vulnerabilidad que no sentía—. Es un alivio saber que cuento con tu apoyo. Aunque, para ser sincera, estaba a punto de contarle un chiste para que se fuera solo.

—Ni se te ocurra —gruñó Sebastián, una nota de diversión colándose en su amargura—. Ahorra tus chistes malos para alguien que tenga paciencia de santo.

—Es una pena —rio ella—. ¿Sabes cuál es el colmo de un electricista?

—No me importa, Amelia. No me lo digas.

—¡Que su esposa se llame Luz y sus hijos le sigan la corriente! —remató ella, cortando la llamada inmediatamente antes de que él pudiera protestar.

En su oficina, Sebastián se quedó mirando el teléfono, conteniendo una sonrisa que amenazaba con romper su imagen de "Bestia". Amelia Castañeda no era solo una amenaza corporativa; era el único ser humano que se atrevía a desafiarlo, a usarlo y a hacerle perder la compostura, todo al mismo tiempo. Y, por primera vez en toda su vida, Sebastián Ferrer no estaba seguro de si quería destruirla o si, en el fondo, empezaba a temer que ella fuera la única persona capaz de destruirlo a él.

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