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Omega De Sangre Real

Omega De Sangre Real

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Vampiro / Posesivo
Popularitas:1.9k
Nilai: 5
nombre de autor: VICTOR CUETO

Su sangre puede coronar reyes... o enterrarlos.

Cuando un omega despierta con la marca de un alfa vampiro ardiendo en su cuello, descubre demasiado tarde que no es una víctima: es la última arma que todos quieren poseer.

Y el alfa que lo reclamó no piensa soltarlo... ni vivo, ni muerto.

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Capítulo 23: El tercer camino

El tercer camino

La luz blanca tembló.

No se apagó. No se cerró del todo. Vibró, como si algo dentro del sello que estaban tejiendo se hubiera negado a terminar de nacer. Kael sintió el tirón de la eternidad intentando tragarse su nombre, sus recuerdos, la sensación de la mano de Damien contra la suya. Al mismo tiempo, sintió la grieta que la voz de la reina había abierto: un espacio mínimo, casi imposible, donde todavía existía una elección.

Damien lo sintió también. A través del vínculo absoluto no había forma de esconderlo.

—Kael… —la voz del alfa era un gruñido de esfuerzo. Estaba conteniendo el sello con pura voluntad, impidiendo que se cerrara por completo mientras ambos decidían.

El Primero, a medio deshacer, soltó una carcajada rota y antigua.

—¿Todavía dudáis? Qué patético. La eternidad ya os tiene. Dejad de luchar y aceptad vuestro lugar como muro.

Kael apretó los dedos alrededor de los de Damien. El frío dentro de él ya no era solo poder. Era claridad. Y en medio de esa claridad, una certeza se abrió paso:

No quería ser solo un sello.

Tampoco quería entregarle el Nido al Primero.

Y tampoco quería perder a Damien en una eternidad sin forma.

Quería las dos cosas al mismo tiempo: cerrar el peligro… y quedarse con él.

—Damien —dijo con voz ronca, apenas audible sobre el rugido del poder—. La reina dijo que había un tercer camino. Uno que ella no se atrevió a tomar porque no tuvo un ancla dispuesto a llegar hasta el final.

Damien lo miró. La sangre le corría por la sien. Sus ojos, completamente veteados de ámbar, brillaban con una intensidad casi dolorosa.

—¿Qué necesitas de mí?

—Todo —respondió Kael—. No solo tu consentimiento para sellar. Tu voluntad de que ambos sigamos existiendo. No como muro… como algo más.

Damien no dudó ni un segundo.

—Entonces tómalo. Todo lo que soy es tuyo.

El vínculo se abrió hasta un punto que ninguno de los dos había tocado antes. Ya no era solo compartir dolor o poder. Era compartir la propia existencia. Kael empujó hacia el centro del sello no solo el veneno y la sangre real, sino la negativa rotunda a desaparecer. Damien hizo exactamente lo mismo. En lugar de ofrecerse como sacrificio, ambos se ofrecieron como ancla mutua.

La luz blanca cambió.

Se volvió más densa, más viva. Ya no intentaba borrar sus individualidades. Empezó a tejerlas juntas de una forma distinta. El Primero gritó. Por primera vez desde que había aparecido, su voz arrastró algo parecido al miedo.

—¡Eso no es posible! ¡El sello exige el final de los que lo crean!

—Ya no —dijo Kael, y su voz sonó doblada, como si la de la reina y la suya hablaran al mismo tiempo—. Ahora exige que sigamos vivos para mantenerlo.

La luz estalló hacia fuera.

Una onda de poder recorrió todo el Nido. Las formas menores que quedaban se deshicieron al instante. El lago negro se evaporó. Las grietas del suelo se cerraron de golpe. El Primero intentó aferrarse al trono, a la isla, a cualquier resto de poder antiguo, pero la nueva versión del sello lo arrancó de raíz. Su cuerpo de vacío y obsidiana se resquebrajó desde el centro. Antes de desaparecer por completo, sus ojos ámbar se clavaron en Kael.

—Esto… no es un final —susurró con odio—. Es solo un retraso. Algún día el sello sangrará. Y yo estaré esperando.

Luego se deshizo en una lluvia de ceniza negra que nunca tocó el suelo. Simplemente dejó de existir.

El silencio que siguió fue absoluto.

Kael y Damien cayeron de rodillas al mismo tiempo. La luz del sello se contrajo hasta convertirse en un único punto brillante que se hundió dentro de la gema unificada en el cuello de Kael. Por un momento ambos creyeron que se habían convertido en el muro después de todo. Pero luego sintieron el aire. Sintieron el peso de sus propios cuerpos. Sintieron la mano del otro todavía entrelazada con la suya.

Seguían siendo ellos.

Solo que… distintos.

Damien fue el primero en lograr hablar.

—¿Qué… nos hiciste?

Kael tocó la gema. Ya no ardía. Latía con un ritmo lento y constante, como un segundo corazón compartido.

—No nos convertimos en el sello —dijo con voz ronca—. Nos convertimos en sus guardianes vivos. El Nido está cerrado. Los Primeros que quedaban están atrapados otra vez. Pero el precio… somos nosotros dos manteniéndolo activo. Mientras sigamos unidos, el sello aguanta. Si el vínculo se rompe… todo se abre de nuevo.

Damien lo miró en silencio durante varios segundos. Luego soltó una risa baja, casi incrédula, y lo atrajo contra su pecho con fuerza.

—Entonces nunca voy a dejar que se rompa.

Kael cerró los ojos y se dejó sostener. El frío dentro de él seguía allí, pero ahora estaba entrelazado con la presencia constante de Damien. Ya no se sentía solo. Ya no se sentía incompleto.

A su alrededor, el Nido estaba cambiando. Las ruinas comenzaban a cubrirse de una fina capa de cristal negro. La oscuridad se volvía más quieta, más profunda, como si el propio lugar aceptara el nuevo sello. A lo lejos, las últimas luces ámbar de los antiguos se apagaron una por una.

Habían ganado.

Pero ambos sabían que no era una victoria limpia.

Después de un tiempo que ninguno midió, Damien ayudó a Kael a ponerse de pie. Estaban agotados, heridos, cubiertos de sangre y polvo. Aun así, el vínculo latía con una fuerza tranquila y absoluta.

—¿Puedes sentir el camino de salida? —preguntó Damien.

Kael asintió. La gema le mostraba una dirección clara. El Nido, ahora sellado, les estaba abriendo el único pasaje que quedaba hacia arriba.

—Sí. Nos está dejando ir.

Damien pasó un brazo alrededor de su cintura, sosteniéndolo.

—Entonces vámonos. Antes de que este lugar decida que todavía no hemos pagado suficiente.

Comenzaron a caminar.

El regreso fue silencioso y largo. Cada cierto tiempo uno de los dos cojeaba y el otro lo sostenía. No necesitaban palabras. El vínculo llevaba el cansancio, el alivio y la nueva certeza de que sus existencias estaban ahora atadas de una forma que ni siquiera la muerte podría deshacer fácilmente.

Cuando por fin vieron la primera grieta de luz real —no ámbar, no roja, sino la luz grisácea de un amanecer en el mundo de arriba—, ambos se detuvieron.

Damien miró a Kael.

—Una vez que crucemos… ya no habrá forma de fingir que nada de esto pasó. Las Casas lo habrán sentido. El mundo de arriba habrá cambiado. Y nosotros también.

Kael sostuvo su mirada. El frío dentro de él ya no le asustaba. Tampoco le asustaba el futuro.

—Entonces que cambie —respondió—. Mientras sea contigo, que cambie.

Damien inclinó la cabeza y lo besó. Fue un beso lento, profundo, con sabor a sangre y a victoria costosa. Cuando se separaron, el alfa apoyó la frente contra la de él una última vez.

—Juntos.

—Juntos —repitió Kael.

Dieron el último paso.

La luz del mundo de arriba los envolvió.

Detrás de ellos, el Nido de los Primeros se cerró por completo. El sello vivo, tejido con la existencia de un Omega de Sangre Real y su ancla, quedó latente… esperando.

Y en la superficie, bajo un cielo que ya no era el mismo, las Casas vampíricas alzaron la vista al mismo tiempo.

Porque algo antiguo y poderoso acababa de sellarse…

y algo igual de antiguo y poderoso acababa de regresar.

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Victor Cueto
Quiero saber más..mm😭
Victor Cueto
Se pone cada vez más interesante
Victor Cueto
Me encanta....
Victor Cueto
Buenas trama para solo tener 3 capítulos por favor publicar más.
Victor Cueto
para iniciar apenas, está buena la trama.
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