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La Debilidad Del Mafioso

La Debilidad Del Mafioso

Status: En proceso
Genre:Madre soltera / Malentendidos / Traiciones y engaños / Reencuentro / Matrimonio arreglado / Amor-odio
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Dane Benitez

Dasha Lincor es la joven y exitosa heredera de un imperio canadiense, una mujer que usa el trabajo para construir un muro contra el dolor de un pasado trágico. Su única luz son los gemelos, Kiara y Kael, de quienes asume la tutela tras la muerte inesperada de su mejor amiga y madre de los niños. Pero la estabilidad de Dasha es atacada: una batalla legal por la custodia, liderada por una abuela implacable, amenaza con arrebatarle a los niños, forzándola a buscar desesperadamente la imagen de "familia" que el tribunal exige

Azrael Smirnova, el millonario ruso y temido lider de una organización criminal, ve en la desesperación de Dasha su oportunidad. Dasha acepta el pacto de conveniencia, sin sospechar que su esposo no solo es un hombre peligroso, sino que el nexo de Azrael con su pasado es un secreto tan oscuro que podría costarle su " nueva familia"

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CAPITULO 14

Beso la frente de los niños, que se acaban de quedar dormidos después de una tarde agotadora en el centro comercial; por fin han caído profundo. Les pongo la sábana encima y dejo la luz encendida antes de salir.

Me recojo el cabello sin mucho esmero antes de llegar a la sala.

—¿Ahora sí, dime cómo es que has pasado la tarde con el hombre más sexi que he visto en los últimos tiempos? —suelta Tristán, sentándose en el sofá con la copa en mano.

—Te he dicho que no ha sido de gran importancia, solo salí con los niños y de casualidad lo encontramos allí —le repito una vez más, ya que desde que le llamé al llegar a casa no ha dejado de sacar teorías absurdas que solo tendrían lógica en su cabeza.

—Sí, claro, cómo no —pone los ojos en blanco antes de tender la copa hacia mí.

—Mejor deja el tema y dime qué tal todo en la empresa hoy —si no lo corto ya, seguirá en lo mismo.

—Querida, soy tu asistente allí, ¿qué esperas que salga mal? —suelta con superioridad.

Me sirvo una copa de vino y dejo que el líquido me refresque la garganta.

—Mañana iré luego de dejar a los niños, hay algunas ideas que quiero poner en marcha —le dejo saber, y este asiente.

—Los niños se ven contentos contigo —dice de repente con una sonrisa—. Lo estás haciendo bien.

—Hago lo mejor que puedo —soy sincera, aún tengo miedo de fallar.

—Siena debe estar súper feliz y tranquila por lo bien que están sus niños contigo.

La mención de Siena me hace posar la mirada rápido en el cuadro de ella que está en la pared del frente.

—El primer mes de aniversario de su muerte está cerca —recuerdo, sintiendo la opresión en mi pecho—. Le organizaré una misa.

—Me parece bien, sabes que te ayudaré en lo que me pidas —me deja saber.

Le lanzo un beso, agradeciéndole por su apoyo en todo esto.

Las dos horas siguientes nos las pasamos tirados allí en el sillón tomando algo de vino mientras lo escucho contarme cómo le está yendo con el nuevo chico con el que está intentando salir.

Por un rato logro distraer mi mente de la imagen del hombre jodidamente guapo con el que compartí parte de mi tarde de hoy. El mismo que me hace sobresaltar cuando sus ojos me recorren con escrutinio, como si quisiera arrancarme la piel para ver qué llevo abajo.

El sonido de la alarma me despierta, y cuando abro los ojos me encuentro sola en la cama; los mellizos no están por ningún lado. Salgo rápido de esta, me echo la bata encima y me apresuro a bajar.

El aroma a café recién hecho se me mete en la nariz y la boca se me vuelve agua al ver la mesa del desayuno repleta.

—Buenos días, bella durmiente —suelta Tristán mientras deja un tazón de fruta picada sobre la mesa.

—Hey, tú, no le digas bella a mi tía —resopla Kael apuntándole con un dedo y el entrecejo apretado.

—Ay, Dios santo, a veces se me olvida lo tóxico que es este pequeño —lo riñe él.

—Buenos días, amores míos —saludo a los niños besando sus mejillas y dejando que me rocen con sus bracitos regordetes.

—No debiste molestarte, Tris —le digo a mi amigo cuando me ofrece la taza de café humeante.

—No es ninguna molestia; además, a mí me apetecía desayunar hoy acompañado —dice encogiéndose de hombros—. ¿Y qué mejor compañía que tú y este par? —se ríe.

—¿Tía Dasha, jugaremos después del colegio a la pelota? —me pregunta Kael.

—No, cariño, hoy después del colegio irán conmigo a la empresa mientras vienen a preparar su nueva habitación —le dejo saber. Este asiente y Kiara no reprime su entusiasmo, ya que se pone de pie en su silla y alza los bracitos sin dejar de sonreír—. Así que el fin de semana hacemos eso, ¿te parece?

Kael asiente con una sonrisa.

..........

Mis dedos se mueven en el teclado del portátil revisando y enviando los correos pendientes para la nueva producción. Después del desayuno dejé a los niños en el colegio y volví a casa para recibir a los obreros que trabajarán en la habitación de los niños; quiero que cuando regresen a casa ya esté lista.

El intercomunicador suena y lo descuelgo.

—Señorita Lincor, el señor Smirnova está aquí —me deja saber.

—Hazlo pasar.

Al cabo de unos segundos la puerta se abre dejándome verlo. La saliva se me vuelve agua y un escalofrío me recorre la espalda.

Mis ojos se encuentran con los suyos.

—Buenos días, Dasha —suelta.

El tono grave de su voz es algo que, al mezclarlo con el acento ruso, hace que, joder, no pueda evitar cuestionarme el no poder controlar las hormonas revoloteando dentro de mí.

—Buen día, Azrael, te estaba esperando —le dejo saber—. Toma asiento.

Mis ojos siguen su figura hasta que se sienta frente a mí.

La camisa blanca la lleva arremangada hasta los codos; el cabello lo lleva sin fijador.

—Quería mostrarte esto —saco la carpeta con el nuevo proyecto en el que estoy trabajando—. Es una línea de productos para hombres —le dejo saber cuando miro sus cejas enarcarse al abrir la carpeta—. Podrías ser quien dé el visto bueno.

—¿Yo? —pregunta posando sus ojos sobre mí, volviendo a enviar ese jodido cosquilleo a mi sistema.

—Sería la primera vez que esta compañía lance una línea de hombres —digo—. Si está creciendo en cuanto a socios, lo más conveniente sería que lo hiciera también en el mercado, ¿o no?

Sin dejar de mirarme, medio sonríe y vuelve a posar sus ojos sobre lo que hay en la carpeta.

—Me gusta —suelta sin más—. Si la estás creando tú, no hay mucho que cuestionar —ignoro la punzada que me provoca lo que dice.

—Eso quiere decir que...

—Acepto la participación en este proyecto —me interrumpe sin más—. Solo dime cuándo y cuánto, y eso tendrás.

Vuelve a cerrar la carpeta y se pone de pie, encaminándose a la ventana que da vista a la ciudad.

—Puedo asegurarte que no te vas a arrepentir, Azrael —me levanto y voy detrás de él.

No lo digo porque haya sido una idea mía o para hacer una inversión en mi compañía; lo digo porque confío en mí en cuanto a negocios se refiere.

—Yo jamás me arrepiento de nada, Dasha Lincor —habla, y siento que las piernas me flaquean cuando se da la vuelta quedando a centímetros de mí. Sus ojos se clavan en los míos y, como una idiota, desvío la mirada de sus ojos a sus labios.

—Y espero que tú tampoco lo hagas —su voz ronca me acaricia la cara por la cercanía de ambos.

—Puedo asegurarte que en esto, no, no lo haría —soy sincera. Alzo la vista y recupero mi compostura ante él.

—Entonces tenemos un trato —dice con firmeza extendiendo su mano hacia mí, la cual tomo, evitando reaccionar muy obvia con el cosquilleo que me recorre la médula espinal.

No sé por cuánto tiempo permanecemos tomados de la mano; sin embargo, sí soy consciente de lo jodidamente atractivo que es.

—¿Interrumpo algo? —la pregunta que sueltan desde la puerta me hace volver a la realidad.

Suelto a Azrael y me doy la vuelta hacia el punto en donde él ha posado su mirada detrás de mí.

—Damián —hablo cuando veo al hombre de traje parado en la puerta de mi oficina con el traje azul hecho a medida. No sé cuánto había pasado desde la última vez que lo vi—. ¿Qué... qué haces aquí? —pregunto estática.

Sus ojos pasan de mí hacia la persona detrás de mí y vuelven a mí.

—¿Quién es él? —pregunta con recelo claro en su voz, y de inmediato la tensión se siente en el aire. Cuando voy a hablar—: ¿No nos presentas, querida? —enmarca una ceja y reacciono rápido antes de que alguno de los dos hable.

Me giro hacia Azrael, a quien parece habérsele oscurecido la mirada.

—Eh... sí, claro. Azrael, te presento a...

—Azrael Smirnova —suelta antes de que yo continúe—. Socio de Dasha.

Lo dice de forma seca pero sin extender la mano.

—Mm, socio —dice con fastidio Damián—. Soy Damián Adams, un íntimo amigo de Dasha, por no decir que su pareja.

No puedo evitar rodar los ojos con esto último que ha dicho.

—Venga ya, Damián, déjate de bromas —intento no parecer muy cortante—. Mejor dime en qué puedo ayudarte. Estoy algo ocupada.

—Venga, Dasha, acabo de llegar de viaje y ¿ahora me sales con que estás ocupada?

—Lo siento, Damián, pero es la verdad —hablo con firmeza. Creo que ya es hora de que hablemos con madurez; sin embargo, creo que ahora mismo no es lo indicado con Azrael acá.

—Bien, volveré después, cuando te desocupes de tus asuntos con los socios —enfatiza la palabra «socios» con sorna. Soy muy consciente de ello, pero espero que Azrael no lo note.

Por suerte se da la vuelta, no sin antes echarle una mirada a Azrael, quien permanece inerte a mi lado. La puerta de mi oficina se cierra y volvemos a quedar solos; me giro hacia él.

—Lo lamento, es un poco...

—Idiota —me interrumpe—. No es necesario decirlo para saberlo, desde que entró supe que era un gran idiota.

No puedo evitar reír por lo serio que lo dice.

—¿Por qué dices eso?

—Consideraría idiota a cualquier hombre que entrara en el lugar de una mujer sin avisar antes —dice encogiéndose de hombros.

—Creo que tienes toda la razón.

Es lo único coherente que logro decir.

El resto de la mañana, después de que Azrael se va, me dedico a sacar algunos pendientes hasta la hora de salida del colegio.

Apago el portátil y tomo mi abrigo saliendo rápido de la oficina. Me apresuro a revisar el móvil mientras camino hacia el ascensor. Entro y le envío un par de mensajes a Tristán y obtengo una rápida respuesta.

Llego al estacionamiento y voy hacia el auto, abro la puerta, entro y... joder, no prende. Qué suerte la mía. Los niños ya están por salir del colegio y el auto no quiere arrancar por más que lo intento.

—Necesito que me prestes tu auto —le digo a Tristán cuando me contesta la llamada que le hago.

—¿Todo bien? —pregunta.

—Necesito ir por los niños y esta cosa no quiere encender.

—Vale, cariño, ahora mismo te hago llegar las llaves —me dice.

—Eres un sol.

Guardo el móvil y bajo del auto, vuelvo a cerrarlo y espero a que me traigan la llave justo cuando una camioneta grande se estaciona frente a mí. Los vellos se me erizan cuando deduzco quién es. Bajan el vidrio y siento que las piernas me flaquean cuando al volante va Azrael, lleva unos lentes oscuros. Y es algo difícil de explicar, pero el aura de este hombre parece estar muy alejada de la realidad.

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ana rosa cobos torres
que hermoso espécimen
Nayeli Chab Rodriguez
Su hija a de ser Sienna
Vidash: Te invito a que no te pierdas de ningún capítulo 🥰🤭🤭
total 1 replies
ShaLop
Hermoso el protagonista 🤭🤭
Ana VR
yo siempre me pregunto, de donde salen estos dioses griegos 😍😍
alegra: loo mismo me preguntó yo🤔🥰
total 2 replies
Tere Jimenez
muy guapo gracias por compartir tu novela
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