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EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

EL AMOR NO SIEMPRE LLEGA CON PALABRAS BONITAS

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Amor de la infancia / Mafia
Popularitas:826
Nilai: 5
nombre de autor: miamartina

Soy Natalia Salazar. Tengo veintitrés años y jamás imaginé que una amistad de la infancia pudiera convertirse en algo más.

En Puerto Marina nadie pronunciaba el apellido Salazar sin bajar la voz. Mi padre era el hombre más temido de la ciudad, y crecer bajo su sombra significó vivir entre guardaespaldas, reglas y puertas cerradas. Mientras otros hacían amigos en la escuela o salían los fines de semana, yo aprendí a mirar el mundo desde lejos.

Pero no estaba completamente sola.

Tenía a Marcos y a Alex.

Nos conocíamos desde niños y, aunque rara vez podíamos vernos fuera de los eventos organizados por nuestras familias, ellos eran lo más parecido a una vida normal que había tenido.

Hasta aquella noche.

Lo vi entre la multitud y algo cambió.

No fue una mirada, ni una sonrisa, ni una palabra bonita. Fue algo peor: la sensación de que, por primera vez en mi vida, estaba a punto de desear algo que nunca debería haber querido.

NovelToon tiene autorización de miamartina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

que nadie se entere

natalia

Al rato, cuando me di cuenta, Alex ya no estaba en la sala.

Lo busqué disimuladamente con la mirada y ahí lo vi bajar por las escaleras con su bolso.

—¿Dónde vas?

preguntó mi padre.

Yo sabía que quería irse, pero pensé que después de todo lo que había pasado y de haber aclarado lo que sentíamos, no iba a hacerlo.

Y aunque no quería que se fuera, no podía demostrarlo.

Por suerte, mi padre y mis hermanos lo detuvieron.

—Señor… ya encontré un departamento donde quedarme.

—¿Te pensás ir justo cuando llegamos nosotros?

preguntó Gonzalo.

—No, no es eso. Solo no quiero estorbar.

—Para nada. Sabés que te queremos mucho en esta familia

dijo mi padre.

Nico pasó un brazo por sus hombros.

—Dale, no te vas a ir. Tenemos que salir a bailar y, de paso, encontrarte a alguien para que te distraiga un poco del trabajo.

Alex se quedó callado.

Yo sentí que se me helaba la sangre.

Respiré profundo y me fui hacia la cocina.

—Voy a preparar algo para cenar.

Escuché a Alex volver a subir las escaleras, esta vez acompañado por mis hermanos.

De repente, escuché a mi padre entrar a la cocina.

—¿Cómo estuviste estos días? Hace rato que no hablamos.

—Bien, pa. Ya aprendí casi todo.

—Me alegro mucho, hija. ¿Y Alex? ¿Cómo se comportó contigo?

—Bien. Me enseñó de todo.

Asintió satisfecho.

—Voy a ducharme y bajo.

—Está bien.

Me quedé cocinando.

Al rato sentí unos pasos detrás de mí.

No me molesté en mirar.

Hasta que sentí unas manos rodear mi cintura.

—Disculpá por lo que dijeron. Igual te prometo que no voy a buscar a nadie, ¿sí?

Su voz baja hizo que se me erizara la piel.

Me dio un beso en el cuello y volvió a susurrarme

—Te veo a la noche.

Se apartó y se sentó en la barra como si nada hubiera pasado.

Poco después llegaron mis hermanos.

—¿Pueden poner la mesa?

Sin decir una palabra, agarraron las cosas y comenzaron a preparar todo.

Llevé la comida, mi padre bajó y cenamos juntos.

Después, cada uno se fue a su habitación.

Habían pasado casi dos horas y no tenía noticias de Alex.

Por un momento pensé que se había quedado dormido.

Me puse mi pijama favorito y, cuando estaba a punto de meterme en la cama, escuché un golpe suave en la puerta.

Abrí.

Ahí estaba él, con esa mirada que todavía conseguía dejarme sin palabras.

—¿Puedo pasar?

preguntó en voz baja.

Me hice a un lado para dejarlo entrar.

Pasó rápidamente y cerró la puerta detrás de él, cuidando que nadie lo viera.

—¿Te molesta si me quedo un rato?

—No.

Sonrió.

—¿Sabés una cosa?

—¿Qué?

—Me encanta cómo te queda el rojo vino.

Lo miré y levanté una ceja.

—¿Pero sabés qué me gusta más?

—¿Qué?

Se acercó y me sostuvo de la cintura.

—Cuando te lo quito.

No pude evitarlo.

Lo besé.

me llevo hasta la cama y me quito el short

Me empezó a besar los muslos y subió hasta mis bragas

La corrió suavemente con un dedo y empezó a besarme el clitoris

mi cuerpo se estremecía con cada movimiento que hacía

luego metió su lengua

corría por mi cuerpo una sensación de placer inexplicable que me hacía moverme

Con cada movimiento que yo daba el más me agarraba de la cintura, me pegaba más hacia el y más fuerte lamía

Ya no aguantaba más

me vine

—me vuelves loco

se sacó el short y me penetro

Empezó a moverse suave

empecé a gemir bajo para que nadie escuchará

—¿dime de quién eres?

—tu...ya

Dije entrecortado

—dime, ¿de quién eres?

—tuya, soy tuya

—y dime ¿que quieres?

—que me hagas tuya

—eso mi preciosa

Empezó a aumentar la velocidad y yo me moría por gritar

Me beso fuerte

—¿así?

Me dijo bajo

—no

—¿cómo lo quieres mi Reyna

—mas fuerte

—¿y como se pide?

—mas fuerte por favor

Dije mientras se me escapaban gemidos suaves

Empezó a moverse más rápido y duro

Yo ya no podía aguantar más

quería gritar

Me alcanzó una almohada

La mordi

—ahora si gemi fuerte

No aguanté y gemi intentando que no se escuchará demasiado

—asi me gusta. ¿quieres más?

Asentí

—aah

Me puso en cuatro

Se sentía hasta el fondo, me dolía un poco pero me encantaba

No paro hasta que me vine otra vez

Se acostó

—veni, subite

Lo introdujo mientras yo bajaba despacio

Me guío para que me moviera

Me agarró los pechos y los apretaba cordinando cada movimiento que yo daba

Se terminó y yo caí rendida encima de su pecho

Me dió un besó en la frente y me acostó a su lado

Al otro día me desperté y lo busqué con la mirada.

No estaba.

Sobre la mesa de luz había una nota.

Alex:

Mi reina, me fui temprano a mi habitación. Nos vemos después

Sonreí al leerla.

Me levanté y bajé.

Ya estaban todos desayunando.

Alex también estaba sentado junto a mi padre y mis hermanos.

Cuando llegó la hora de irnos, él se fue en su auto, mis hermanos en el suyo y yo acompañé a mi padre.

Llegamos a Atlas y, apenas bajé, me crucé con Marcos.

Vino directamente hacia mí.

—Hola.

—Hola, Marcos.

—Hace rato que no nos vemos.

—Sí. Estuve muy ocupada con las prácticas de tiro, aprendiendo todo lo de Noctis y preparando algunos informes para mi padre.

—Sí, sí. Lo sé. Bueno, ¿nos vamos a la oficina?

—Claro.

Me tomó del brazo y no pude evitar soltar un pequeño quejido.

—¿Estás bien?

—Sí, sí. Solo que ayer me caí en el baño y me golpeé.

—Lo siento. Tendré más cuidado.

Subimos.

Él se fue hacia su oficina y yo entré a la mía.

Ya eran las tres y media.

Estaba completamente concentrada en mi trabajo cuando tocaron la puerta.

—Pase.

No levanté la mirada hasta notar que alguien estaba parado frente a mi escritorio.

Levanté la cabeza.

Era Alex.

Cerró la puerta detrás de él y bajó la cortina de la ventana.

—¿Pasó algo?

—Nada. Solo vine a estar un rato con mi novia secreta.

Negué con una sonrisa.

Se acercó y me dio un beso.

—¿Te molesta si me quedo un rato en el sillón?

—Para nada. Ponete cómodo.

Volví a concentrarme en los papeles.

Habían pasado unos minutos cuando volvieron a tocar la puerta.

Alex se incorporó de inmediato, por si se trataba de alguno de mis hermanos o de mi padre.

—Adelante.

Volví a mirar los documentos.

—Permiso.

Reconocí la voz antes de levantar la mirada.

Era Marcos.

Lo miré a él y después giré lentamente hacia Alex.

La expresión de Alex había cambiado por completo.

Marcos todavía no se había dado cuenta de que estaba ahí.

—Natalia…

Hizo una pequeña pausa.

—¿Querés ir a cenar hoy?

—Lo siento, pero tiene prácticas.

La voz de Alex hizo que Marcos se girara rápidamente.

—Hola, Alex. No me había dado cuenta de que estabas acá.

Intentó disimular.

—Pero no creo que se atrase demasiado si se pierde solo las prácticas de hoy. ¿Verdad?

Lo dijo con una sonrisa que claramente tenía algo de provocación.

—Sí. Me temo que sí se atrasa.

Marcos lo observó durante unos segundos.

—Por cierto… ¿necesitás algo? Porque estás ahí como si fueras un vigilante.

Alex no apartó la mirada.

—Justamente eso hago. Vigilo y controlo que haga bien su trabajo.

El silencio que quedó en la oficina fue incómodo.

Marcos finalmente sonrió.

—Bueno, entonces me voy. Nos vemos después.

Se dirigió hacia la puerta, pero antes de salir volvió a mirarme.

—Espero que mañana, si no te vigilan, podamos salir.

Asentí.

—Nos vemos, Marcos.

Cerró la puerta.

Durante unos segundos ninguno de los dos dijo nada.

Yo seguí mirando los papeles, fingiendo que estaba concentrada.

Pero podía sentir la mirada de Alex sobre mí.

Levanté lentamente la cabeza.

Seguía mirando la puerta por donde Marcos acababa de salir.

—Alex…

No respondió.

—¿Estás bien?

Finalmente me miró.

Tenía una expresión que nunca había visto antes.

No era enojo.

No exactamente.

Era algo mucho más difícil de descifrar.

Se levantó del sillón y caminó lentamente hacia mí.

—¿Qué?

pregunté.

Se detuvo frente a mi escritorio.

—Nada.

—No parece.

Me sostuvo la mirada durante unos segundos.

Después se inclinó hacia mí y me besó.

Esta vez no fue como los anteriores.

Fue un beso intenso, impulsivo, como si hubiera estado conteniéndose desde que Marcos entró por esa puerta.

Y por la forma en que me sostuvo contra él, entendí que aquella mirada que había visto unos segundos antes no había sido casualidad.

Alex estaba celoso.

Y, por primera vez, no estaba intentando ocultarlo.

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