Lena una joven moderna estudiante de primer año de la universidad, muere en su camino al centro universitario cuando una pared en construccion cayo sobre ella.
Abre sus ojos en un lugar que no conocía pero había estudiado a la perfección, la antigua china, justamente en una historia de amor que había leído hace poco.
fanática de dramas e historias relacionadas a esta cultura se vio inmersa en una de las historias que leía.
Pero el colmo era que reencarnó en una mendiga estafadora que aparecía y moría en medio capítulo. sabía su fin, aún así algo la llevo a querer continuar y no darse el tiempo de morir.
El secundario, aquel que amaba a la protagonista pero estaba destinado a no ser.
El duque Xi.
Lena tomo como misión conquistar a ese hombre, para hacerlo necesitaba algo.
Un nombre, edad, una familia que la respaldará y sabía exactamente como conseguirlo, lo había leído.
¿lograra conquistar a su secundario?
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Cap 20
Este capítulo en especial me costó un mundo, de por sí los capítulos de entrega son difícil cuando son vírgenes es peor 😅 lo escribí varias veces, espero les gustará tanto como a mí.
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Sean quedó atónito. Se supone que él era quien llevaba todo el control del juego y ahora se encontraba allí, bajo su esposa y con su boca siendo profanada una vez más.
Pese a ser un duque, un hombre de guerra y recibir la atención de una gran cantidad de mujeres, Sean aún era lo suficientemente inocente para sonrojarse con este tipo de cercanía. Sí, había leído uno que otro libro para supuestamente prepararse, pero al parecer no le sirvió de nada. Su cuerpo reaccionaba; sin embargo, su mente le jugaba en contra.
“¿Qué hago ahora?”
Solo se dejó llevar. Abrió la boca dejando entrar la lengua ajena que pedía paso y la abrazó por la espalda con ambos brazos, haciendo que sus cuerpos se unieran por completo.
Lena lo sintió y rompió el beso.
—No, Sean, así no es. Tú tienes que ser más duro, no seas tan fácil. Dejemos esto ya —le dio un golpecito en el pecho intentando en vano que la soltara.
Él la soltó de un lado solo para pasar su mano detrás de la cabeza de Lena.
—No —susurró, atrayéndola de nuevo hacia él para volver a unir sus labios.
Sean esta vez no pensaba reprimirse. Sinceramente, los labios de aquella mujer tenían un sabor exquisito; su lengua se abrió paso en la boca ajena. Lena tampoco sabía muy bien lo que hacía, pero solo se dejó llevar por la corriente. El aroma de Sean era divino, su toque hacía que su cuerpo hirviera, y cuando le hablaba como hacía un momento con ese “no”, todo empeoraba.
Aquel juego comenzó con inocencia y terminó en unos besos consumidores de alma; principiantes al fin, pero que aprendían a llevar el ritmo con mucha rapidez.
Ambos estaban rojos, no sabían qué hacer a continuación; sin embargo, sus manos comenzaron a guiarlos.
Sean le soltó la cabeza y llevó su mano al listón que cerraba la bata de dormir que Lena llevaba. Lo desató en un instante y, sin dejar que ella pudiera alejarse, abrió la prenda entre ellos. Sean rompió el beso; Lena estaba roja como un tomate.
—Estás tan caliente... —tras decir esto, Sean llevó su boca al cuello ajeno y su lengua dio un leve recorrido por él.
Sin poder evitarlo, Lena soltó un gemido, seguido de un escalofrío que recorrió su cuerpo al sentir cómo los dientes de Sean rozaban suavemente su piel hasta cerrarse por completo y dejar un beso en él.
—Sean… —dijo, perdida en la sensación que recibía en ese momento; era la primera vez de ambas vidas—. No deberíamos...
Sean miró a su esposa, sonrió y se giró, dejando a Lena debajo de él.
—Por supuesto que sí. —La besó, mientras su mano comenzaba a bajar entre la bata hasta llegar a la cadera ajena, apretándola un poco.
Lena se estremeció.
—Esposa —dijo Sean separándose—, tú… —Sus mejillas se enrojecieron al instante.
—¿Qué? —preguntó confundida, tratando de recuperar el aliento.
—No tienes… no tienes nada debajo de la bata. —Abrió un poco más la prenda y los pechos de Lena quedaron igual de libres que el resto.
—Son incómodos para dormir. —Las mejillas de Sean ya no podían enrojecerse más; su mirada se desvió a un lado y cerró un poco la bata.
Lena se frustró. Realmente sintió que no debería ser así; si bien nunca había estado con un hombre, tampoco era tan inocente: el internet no solo servía para estudiar.
—Sean… sigue. —Lo atrajo a ella uniendo sus labios nuevamente, lo que sirvió para encender al hombre de nuevo.
Lena, con sus manos libres y disfrutando las sensaciones del tacto de los dedos de Sean sobre su piel, comenzó a desatar el cinturón de la ropa del contrario. Poco a poco, las prendas de Sean fueron desapareciendo.
Sean quedó solo en su ropa interior. En este punto estaba sentado sobre Lena, abriendole la bata por completo. Fue así como Lena por fin pudo ver con sus propios ojos el hermoso cuerpo de su querido villano: brazos gruesos, pecho firme y bien marcado, espalda ancha.
“Los hermosos cuadritos”, se sonrojó al pensar esto último. Subió las manos y, sin poder detenerse, tocó y apretó el firme pecho de su hombre. “Divino.”
Sentir cómo su esposa lo tocaba eliminó por completo la restricción que tenía Sean. Quiso contenerse por un momento, pero no pudo.
Metió una de sus manos por la bata rodeando la espalda de Lena mientras volvía a adueñarse de sus labios, apretándola hacia él.
—Mi señora —dijo al romper el beso. La intención era clara y logró su cometido.
Lena se derritió por completo, el resto de sus ropas dejaron de ser necesarias y sus pieles por fin hicieron contacto directo.
La habitación se calentó al instante. Dos cuerpos se volvían uno, sus manos eran las herramientas más útiles tocando cada parte de la piel del otro y sus lenguas se entrelazaban sin querer despegarse.
El deseo de Sean amenazaba con desbordarse, aunque intentaba reprimirse; la calidez húmeda de Lena suplicaba por la unión.
—Hazlo, Sean —le dijo al oído mientras él besaba su cuello. Lena ya no podía contenerse más, quería sentirlo.
Sean la escuchó. Con sus piernas guio la apertura, dando el espacio para posicionarse entre su esposa.
Un gemido suave fue el aviso de que el encuentro comenzaba a darse.
—¿Duele? —preguntó con preocupación.
—No te preocupes… —dijo Lena, que ya casi ni podía hablar—. Sigue.
Poco a poco, Sean hizo lo que su esposa pedía. Entre el deseo, el dolor del momento y los gemidos contenidos por besos, se unió a ella por completo.
—Sean, sigue… —Lena había perdido su pureza de dos vidas con su villano; aún no lo creía, aunque lo disfrutaba enormemente.
Con movimientos suaves, ambos dieron inicio a la noche más maravillosa de sus vidas. Una noche cargada de pasión que crearía una adicción inimaginable en Sean, y una conexión mucho más profunda por parte de Lena.
Los besos que iniciaron torpes se perfeccionaron aquella noche. La inexperiencia de ambos fue clave para que el momento se volviera único; se amaban, aunque uno de ellos aún no lo supiera.