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20
Capítulo 20. La calma que no comprendía
La noche había caído sobre la residencia del Archiduque.
Lyra cerró con cuidado la puerta de su habitación y sacó el sobre que había comprado esa mañana.
Lo colocó sobre la mesa.
Respiró hondo.
Y rompió el sello de cera.
En su interior había varios documentos.
El primero llevaba un título que hizo que su corazón se detuviera por un instante.
"Informe sobre la muerte de Lady Elria."
Lyra comenzó a leer.
Cada palabra era como una puñalada.
"La joven noble falleció durante un asalto mientras paseaba con su prometido..."
—Mentiras...
Apretó los dientes.
Simon había inventado toda una historia para ocultar el asesinato.
Continuó leyendo.
Descubrió que, apenas unos días después de su muerte, Simon había heredado enormes propiedades gracias a contratos que ella había firmado antes de comprometerse.
También había conseguido el apoyo de varias familias nobles, alegando que había perdido al amor de su vida.
Incluso recibió una importante suma de dinero como compensación por la "trágica pérdida" de su prometida.
Lyra soltó una amarga risa.
—Lloraste frente a todos...
...después de mancharte las manos con mi sangre.
Siguió revisando los documentos.
Había nombres.
Socios comerciales.
Aliados políticos.
Empresas.
Terrenos.
Todo aquello que Simon había construido sobre su muerte.
Sus ojos recorrieron lentamente la lista.
Finalmente tomó una pluma.
Tachó uno de los nombres.
—Empezaremos por aquí.
No lo mataría de inmediato.
Primero destruiría todo aquello por lo que él la había asesinado.
Solo entonces...
Le arrebataría lo último que le quedara.
Tres suaves golpes sonaron en la puerta.
Lyra ocultó rápidamente los documentos.
—¿Quién es?
—Conrad.
Ella abrió.
Él permanecía de pie en el pasillo.
—¿La interrumpo?
—No.
Conrad la observó unos segundos.
—Solo quería saber si todo estaba bien.
Lyra sonrió con suavidad.
—Sí... gracias.
Hubo un breve silencio.
Entonces, sin entender por qué, decidió decir lo que llevaba varios días pensando.
—¿Puedo preguntarle algo?
—Claro.
Ella bajó un poco la mirada.
—¿Por qué... cuando usted está cerca me siento tan tranquila?
Conrad permaneció inmóvil.
Lyra continuó hablando.
—Es extraño.
Desde que llegué aquí...
Cuando estamos juntos siento una calma que nunca había sentido.
Y...
Soltó una pequeña risa avergonzada.
—También me da muchísimo sueño.
Conrad tuvo que contener una sonrisa.
Los antiguos textos Fae describían aquel fenómeno.
Las almas vinculadas encontraban paz en la presencia del otro.
Era un instinto tan antiguo como la propia magia.
Pero aún no podía decírselo.
No hasta que ella recuperara sus recuerdos.
—Quizá...
Respondió con calma.
—Porque, por alguna razón, siente que puede bajar la guardia conmigo.
Lyra reflexionó unos segundos.
—Tal vez tenga razón.
Conrad le deseó buenas noches y se marchó.
Ella cerró la puerta.
Cinco minutos después...
Se había quedado profundamente dormida sobre el sofá, con los documentos aún entre las manos.
A la mañana siguiente, un cálido rayo de sol acarició su rostro.
Lyra abrió lentamente los ojos.
Miró alrededor.
Estaba en su cama.
Se incorporó de golpe.
—¡Otra vez!
Se llevó ambas manos al rostro.
—No puede ser...
¿Me volví a quedar dormida...?
Recordó los documentos.
La conversación con Conrad.
Y nada más.
Suspiró.
—Seguro volvió a cargarme hasta aquí...
Qué vergüenza...
Durante el desayuno, Conrad ya la esperaba.
La señora Carmen servía el té mientras ambos conversaban.
Después de unos minutos de silencio, Lyra dejó la taza sobre la mesa.
—Conrad.
Él levantó la vista.
—¿Sí?
Ella habló con total sinceridad.
—Deseo pagarle su hospitalidad.
Él arqueó una ceja.
—¿Pagarme?
—Me ha dado alojamiento, comida... incluso ha cuidado de mí cuando me quedo dormida sin darme cuenta.
Sonrió con cierta pena.
—Siento que solo le causo molestias.
Conrad negó lentamente.
—Nunca ha sido una molestia.
—Aun así...
Quiero agradecerle.
Lo miró directamente a los ojos.
—¿Qué quiere a cambio por dejarme quedarme aquí?
Conrad permaneció en silencio.
La respuesta acudió a su mente de inmediato.
"Quédate a mi lado para siempre."
Pero sabía que aún no era el momento de pronunciar esas palabras.
Así que simplemente sonrió.
—Ya me ha dado algo que creía haber perdido hace mucho tiempo.
Lyra inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Y qué es?
Conrad sostuvo su mirada con una calidez que solo existía cuando estaba frente a ella.
—Paz.
Y esa respuesta dejó a Lyra completamente sin palabras.