¿Crees que el destino puede unir a dos personas en el peor momento de sus vidas?
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Capítulo 6: Una alianza inesperada
Valeria miró a Camila sin saber qué pensar.
—¿Eres hermana de Adrián?
Camila asintió.
—Sí. Y si quieres encontrar a tu hermano, tendrás que confiar en mí.
Valeria apretó entre sus manos el sobre que había logrado recuperar durante la huida.
—No sé si puedo confiar en nadie.
Camila la observó durante unos segundos.
—Después de lo que te ha ocurrido, entiendo que pienses así.
Se acercó a una mesa donde había un mapa extendido.
—Pero tenemos poco tiempo.
Señaló un punto marcado en rojo.
—Aquí es donde probablemente llevaron a Adrián.
Valeria sintió que el miedo volvía a apoderarse de ella.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque conozco a Sergio. Trabajó con mi hermano hace años. Cuando decidió ponerse del lado de Montenegro, comenzó a utilizar este lugar para interrogar a quienes podían representar un problema para la organización.
—¿Y tú cómo sabes todo eso?
Camila bajó la mirada.
—Porque nuestro padre estuvo involucrado.
Valeria guardó silencio.
Camila continuó:
—Hace quince años, mi padre trabajaba para Leonardo Montenegro. Era uno de sus principales asesores. Cuando descubrió lo que realmente hacía la organización, intentó alejarse.
—¿Qué ocurrió?
—Desapareció.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Como Daniel?
—Exactamente.
Aquella respuesta cambió la expresión de Valeria.
—Entonces esto viene de mucho antes…
—Mucho antes de que tú conocieras a Adrián.
Camila abrió un viejo cajón y sacó una fotografía.
En ella aparecían tres hombres frente a un edificio.
Uno era el padre de Valeria.
Otro era el padre de Adrián y Camila.
El tercero era Leonardo Montenegro.
Valeria sostuvo la fotografía con las manos temblorosas.
—Nuestros padres se conocían.
—Y tenían algo en común —respondió Camila—. Los dos descubrieron lo que Montenegro estaba haciendo.
Valeria recordó la carta de Daniel.
“Papá nunca murió por accidente.”
Ahora esas palabras tenían un significado completamente diferente.
—¿Adrián sabía todo esto?
Camila tardó en responder.
—Sabía una parte.
—¿Y por qué nunca me lo contó?
—Porque probablemente intentaba protegerte.
Valeria bajó la mirada.
Por primera vez comprendió que la relación con Adrián había comenzado bajo circunstancias mucho más complicadas de lo que imaginaba.
Pero había algo que no podía ignorar.
—Tenemos que encontrarlo.
Camila tomó las llaves de un automóvil.
—Entonces vamos.
⸻
Mientras tanto, Adrián despertó en una habitación oscura.
Estaba sentado en una silla. Frente a él había una mesa y una única lámpara encendida.
La puerta se abrió.
Leonardo Montenegro entró tranquilamente.
Era un hombre elegante, de unos cincuenta años, con una expresión serena que resultaba más inquietante que cualquier amenaza.
—Adrián.
—Leonardo.
Montenegro sonrió.
—Siempre fuiste demasiado curioso.
Adrián permaneció en silencio.
—¿Dónde está el sobre?
—No lo sé.
Montenegro caminó alrededor de la mesa.
—Sabes perfectamente que no puedes proteger a todos.
Adrián levantó la mirada.
—Daniel sigue vivo.
La sonrisa de Montenegro desapareció por un instante.
Adrián lo notó.
Había acertado.
—¿Dónde está? —preguntó.
Montenegro volvió a sonreír.
—Eso depende de ti.
—Déjalo ir.
—Entrégame lo que encontraste y hablaremos.
Adrián negó con la cabeza.
—Nunca tendrás ese sobre.
Montenegro se inclinó ligeramente hacia él.
—Entonces quizá deberíamos hablar de Valeria.
Adrián quedó completamente serio.
—No la metas en esto.
—Ya está dentro.
Montenegro sacó una fotografía de su bolsillo.
Era una imagen de Valeria entrando a la cafetería la noche en que conoció a Adrián.
—La has puesto en peligro desde el momento en que decidiste acercarte.
Adrián apretó los puños.
—Si le haces algo…
—No necesitas terminar la frase.
Montenegro guardó nuevamente la fotografía.
—Tienes hasta mañana por la noche.
Se dirigió hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo.
—Y dile a tu hermana que deje de buscar respuestas. Algunas verdades destruyen familias.
La puerta se cerró.
Adrián quedó solo.
Pero antes de que la habitación volviera a quedar completamente en silencio, escuchó un sonido proveniente de la pared.
Tres golpes.
Pausa.
Dos golpes.
Adrián reconoció inmediatamente aquella señal.
Era la que él y Daniel habían utilizado años atrás para comunicarse cuando eran niños.
Se acercó lentamente a la pared.
—¿Daniel?
Desde el otro lado llegó una voz apenas audible.
—Adrián…
Él cerró los ojos.
Daniel estaba allí.
Y había algo más.
Algo que todavía no sabía.
Porque Daniel susurró:
—No confíes en Camila.
Adrián abrió los ojos con sorpresa.
Al otro lado de la pared, Daniel añadió:
—Ella no te está contando toda la verdad.
Continuará…