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Fuera De Juego Y Negocios

Fuera De Juego Y Negocios

Status: En proceso
Genre:Romance de oficina / Romance / CEO
Popularitas:231
Nilai: 5
nombre de autor: Esme libros

Elena solo quería salvar su carrera con un prototipo de cáñamo, pero Aksel Larsson está acostumbrado a ganar cada partido que juega, y esta vez, su objetivo es ella. Una historia corporativa de cocción lenta, ambición y secretos a voces donde las reglas del juego están a punto de cambiar para siempre.

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Capítulo 14

Para el viernes por la tarde, el peso acumulado de toda la semana laboral se me cayó encima como una losa de concreto insoportable. Aunque habíamos logrado la hazaña de salvar la certificación técnica del cáñamo industrial en la madrugada anterior, el ambiente general dentro de Mega-Market Prime se había vuelto sumamente denso, casi respirable. Cuando subí al comedor de empleados al mediodía para intentar comer algo, noté de inmediato las miradas incisivas de reojo de dos asociadas del área de cajas y el silencio incómodo, casi hostil, que se formó de golpe en el pasillo principal al pasar junto a Marcus. Los rumores en el entorno corporativo eran exactamente como el humo: invisibles y sutiles al principio, pero pronto se expandían por los ductos hasta que empezaban a asfixiarte por completo.

Casi al final de la jornada, cuando el reloj marcaba el cambio de turno, me quedé completamente sola en la inmensidad del taller, terminando de archivar de manera minuciosa las bitácoras físicas de control. Estaba sentada en el banco de madera, apoyando los codos en la mesa de diseño con la cabeza metida entre las manos, experimentando un agotamiento mental que me nublaba la vista. De pronto, el eco rítmico de unos pasos conocidos resonó en la escalera. No necesité levantar la cabeza para saber perfectamente de quién se trataba; mi cuerpo reconoció su presencia antes que mis ojos.

Aksel entró al taller con una suavidad inusual para su tamaño. Llevaba una sudadera oscura de algodón y se había despojado por completo del saco estructurado de su traje formal, luciendo tan cansado y desgastado como yo, pero manteniendo esa atención absoluta y magnética fija exclusivamente en mí. Se acercó por detrás sin hacer el menor ruido en el suelo y colocó sus manos enormes y cálidas sobre mis hombros rígidos. Comenzó a darme un masaje lento, aplicando la presión justa, lo que me hizo soltar un largo suspiro de alivio mientras mis músculos comenzaban a ceder.

—Estás completamente agotada, ingeniera —dijo en voz baja, inclinándose un poco hacia mi oído, envolviéndome en su aroma familiar.

—Es mucho más que simple cansancio físico, Aksel —admití con un hilo de voz, girándome despacio en el banco para poder quedar de frente a él, aunque sus manos firmes permanecieron apoyadas sobre mis hombros, brindándome soporte—. Marcus me miró hoy de una forma sumamente extraña y cortante en el pasillo principal de la tienda. Y estoy segura de que escuché a las chicas de recursos humanos murmurar algo y callarse de golpe cuando pasé junto a su cubículo. Ya está empezando con fuerza, ¿verdad? Los típicos chismes destructivos de oficina.

Aksel apretó suavemente mis hombros en un gesto de apoyo y su mandíbula se tensó visiblemente, revelando esa chispa peligrosa de molestia contenida que siempre intentaba ocultar para no preocuparme más de la cuenta.

—Sé perfectamente lo que están diciendo en los pisos de arriba, Elena. Marcus intentó insinuar algo con una sonrisa hipócrita durante la junta de directores de esta tarde —confesó, clavando sus ojos azules en los míos con una honestidad total y brutal—. Piensan que esto es un juego de poder. Que eres un simple capricho pasajero o un amorío temporal del socio mayoritario. Me enfurece de una manera que no te imaginas que te pongan en esa posición tan injusta por mi culpa.

Sentí una punzada aguda de miedo real en el pecho y, de forma inconsciente, me abracé a mí misma buscando protegerme.

—Tengo miedo de lo que venga a partir de ahora, Aksel. Y no lo digo por mí o por lo que piensen de mí, sino por el futuro del proyecto... y por esto tan fuerte que siento contigo. Apenas estoy saliendo de un desastre personal absoluto y no tengo la menor certeza de si mi carrera o mi reputación profesional aguanten ser el blanco de las habladurías malintencionadas de todos en esta empresa. Es un riesgo enorme para los dos, una cuerda floja.

Aksel no se alejó ni un solo milímetro ante mis dudas; al contrario, dio un paso decidido hacia adelante, acortando por completo la distancia que nos separaba y obligándome a sostenerle la mirada. Sus ojos estaban cargados de una seriedad y un cariño tan puros, tan libres de segundas intenciones, que terminaron por desarmar cualquier defensa que me quedara.

—Escúchame bien, Elena —me dijo, tomándome las manos con una firmeza protectora que me transmitió su calor—. No me importa en lo más mínimo el riesgo corporativo. Lo que siento por ti es completamente real. No eres el capricho de una noche, ni una distracción, ni mucho menos un secreto del que me tenga que avergonzar ante la junta. Eres la mujer más brillante y valiente que he conocido en mi vida y quiero estar contigo en serio, frente a quien sea y contra quien sea. Si esos idiotas quieren hablar en los pasillos, que hablen todo lo que quieran, porque tarde o temprano me voy a encargar personalmente de callarlos a todos.

Escuchar su declaración formal, contemplar la honestidad cruda y la valentía implacable con la que me defendía incluso de mis propios temores internos, hizo que la última pizca de mi resistencia se desmoronara por completo. La vulnerabilidad absoluta del momento nos envolvió como una manta. Ya no existían las dudas racionales, ya no importaba el cansancio de la semana, los chismes de Marcus ni las cámaras de seguridad que parpadeaban en las esquinas del sótano. La necesidad imperiosa de refugiarme en su pecho y perderme en él fue muchísimo más fuerte que cualquier regla.

Me levanté del banco de diseño y busqué sus labios con decisión.

Fue un beso completamente diferente al que nos habíamos dado en el jardín del restaurante; este no tuvo la urgencia caótica de la desesperación o el alivio del éxito técnico, sino la profundidad serena de la entrega y el consuelo mutuo. Fue un beso lento, pausado, inmensamente dulce y romántico, donde el movimiento de su boca me transmitió toda la seguridad y la protección eterna que me había prometido minutos antes. Aksel me rodeó la cintura con una delicadeza conmovedora, apegándome por completo contra su pecho ancho y sólido, mientras mis manos subían por su sudadera hasta aferrarse a sus hombros, encontrando en la calidez de su abrazo el único lugar verdaderamente seguro en medio de la tormenta que se estaba cocinando en las plantas altas de la tienda.

Cuando finalmente nos separamos un poco para respirar, él me dio un tierno y prolongado beso en la frente, manteniéndome sujeta contra su cuerpo, permitiendo que mi barbilla quedara convenientemente apoyada en su pecho. Fue justo en ese instante de calma cuando noté un detalle extraño: Aksel no tenía la mirada fija en el suelo ni en mí; estaba observando detenidamente a nuestro alrededor por encima de mi cabeza.

—¿Qué estás mirando con tanta atención? —le pregunté en un susurro apenas audible, extrañada por su repentina distracción en un momento tan íntimo.

Aksel bajó la vista de inmediato hacia mí, y esa expresión calculadora y fría se transformó en un parpadeo en una sonrisa ligera, misteriosa y sumamente atractiva que no alcancé a descifrar del todo. Me acarició el cabello con suavidad, apartando un mechón de mi cara.

—Nada importante, ingeniera. Solo estaba pensando que a este lugar le hace falta un cambio radical —respondió, dándole un tono casual y juguetón a su voz que no me terminó de convencer en absoluto, aunque me sentía demasiado feliz y protegida como para ponerme a cuestionarlo en ese instante—. Anda, vamos a casa. Ya trabajaste más que suficiente por el día de hoy.

Le sonreí de lado, sintiendo cómo el peso asfixiante de los rumores de la oficina se aligeraba mágicamente al ir caminando a su lado. Subí al asiento de su camioneta sabiendo que, sin importar lo que dijeran en los pasillos de la empresa el próximo lunes por la mañana, por primera vez en mi vida estaba pisando el terreno más firme, real y seguro del mundo.

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