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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 20: El Último Amanecer

El universo estaba muriendo.

No era una metáfora.

Las estrellas desaparecían una tras otra.

Las tres lunas comenzaban a desintegrarse lentamente.

El Árbol del Origen perdía sus hojas de cristal, que caían como lluvia sobre el reino.

Cada hoja que tocaba el suelo se convertía en un recuerdo.

Un niño riendo.

Una madre abrazando a su hija.

Dos amigos prometiéndose lealtad.

Historias completas desaparecían para siempre.

Ayla observaba el cielo con lágrimas en los ojos.

No podía permitir que todo terminara así.

No después de descubrir la verdad.

No después de encontrar a Kael.

No después de recordar quién era.

El Devorador de Historias abrió los brazos.

Su voz resonó por encima del Eclipse.

—Toda historia debe terminar.

Toda luz se apaga.

Todo amor se olvida.

Ese es el destino del universo.

Ayla dio un paso al frente.

La corona brilló con fuerza.

—No.

El monstruo sonrió.

—¿No?

Ella levantó lentamente la cabeza.

Sus ojos violetas iluminaban la oscuridad.

—Las historias no terminan mientras alguien las recuerde.

El Devorador lanzó una inmensa ola de oscuridad.

Kael se interpuso sin dudarlo.

Su espada absorbió parte del impacto, pero la fuerza fue demasiado grande.

Salió despedido varios metros.

Su armadura comenzó a romperse.

Ayla sintió el dolor en su propio pecho.

El Pacto de las Almas compartía cada herida.

Corrió hasta él.

Lo sostuvo entre sus brazos.

—¡Kael!

Él sonrió con dificultad.

—Estoy bien...

Ella negó con lágrimas en los ojos.

—No me mientas.

Podía sentir que su corazón latía cada vez más despacio.

Y como sus almas estaban unidas...

El suyo también.

Elyon levantó la vista.

Por primera vez comprendió lo que debía suceder.

Miró a Aradia.

Ella asintió en silencio.

No hacían falta palabras.

Había llegado el momento.

El creador caminó hasta Ayla.

—Existe una última elección.

La joven levantó la mirada.

—¿Cuál?

—Puedes destruir al Devorador.

Pero el precio será enorme.

Kael intentó incorporarse.

—No...

Elyon continuó.

—Si utilizas todo el poder de la Luna Negra...

El tiempo dejará de repetirse.

Los ciclos terminarán.

La guerra acabará.

Pero nadie recordará a la mujer que salvó el mundo.

Ayla sintió que el aire desaparecía.

—¿Me olvidarán?

Aradia respondió con tristeza.

—Todos.

Kael.

El Primer Rey.

Los Noctarys.

Los Umbrarys.

Incluso nosotros.

Seguirán viviendo...

Pero tú desaparecerás de sus recuerdos.

El silencio fue absoluto.

Kael tomó la mano de Ayla.

La miró con lágrimas en los ojos.

—No lo hagas.

Ella acarició su rostro.

—¿Y dejar que todos mueran?

—Encontraremos otra forma.

Ella sonrió.

La misma sonrisa que él había visto en todos los ciclos.

Una sonrisa llena de amor.

Y de valentía.

—Siempre dices eso.

Kael comprendió.

Aquella conversación...

Ya la habían vivido.

En otro tiempo.

En otra vida.

Pero esta vez era diferente.

Esta vez Ayla recordaba todo.

Y aun así...

Elegía sacrificarse.

La joven caminó lentamente hacia el Árbol del Origen.

Cada paso hacía florecer la tierra.

Los soldados dejaron caer sus armas.

Noctarys y Umbrarys observaban en silencio.

Por primera vez en miles de años...

No existían enemigos.

Solo personas esperando un milagro.

Ayla apoyó ambas manos sobre el tronco del Árbol.

Cerró los ojos.

Y susurró:

—Que nunca vuelva a existir un mundo donde el miedo sea más fuerte que el amor.

La Luna Negra apareció frente a ella.

Ya no era una niña.

Era una joven de ojos brillantes.

Sonrió.

—Gracias...

Por no abandonarme.

Ayla la abrazó.

Y en ese instante...

La oscuridad comenzó a transformarse en luz.

Una explosión violeta atravesó el universo.

Las tres lunas recuperaron su brillo.

Las grietas del cielo desaparecieron.

El Devorador gritó por primera vez.

Su cuerpo comenzó a romperse en miles de fragmentos.

Intentó acercarse a Ayla.

Pero era demasiado tarde.

Las raíces del Árbol del Origen envolvieron toda la oscuridad.

Y la absorbieron.

El monstruo desapareció.

Para siempre.

El silencio volvió.

Después...

El viento.

Las flores.

Los pájaros.

La vida.

El reino había sido salvado.

Kael abrió lentamente los ojos.

Todo había terminado.

La guerra había desaparecido.

Los soldados se abrazaban.

Los Umbrarys y los Noctarys lloraban juntos.

El Primer Rey sonreía.

Aradia observaba el nuevo amanecer.

Pero algo no estaba bien.

Kael sintió un enorme vacío en el pecho.

Como si hubiera perdido algo muy importante.

Miró a su alrededor.

—¿Por qué siento que falta alguien?

Nadie respondió.

Nadie sabía la respuesta.

Porque todos la habían olvidado.

Todos...

Excepto una persona.

Sobre la rama más alta del Árbol del Origen estaba sentada una pequeña niña.

La misma niña que había sido la Luna Negra.

Observaba el amanecer con una sonrisa.

Y sostenía entre sus manos una flor violeta.

—Gracias, Ayla.

Susurró.

—Yo jamás te olvidaré.

La niña dejó la flor sobre una rama.

El viento la llevó hasta los pies de Kael.

Él la recogió lentamente.

No sabía por qué...

Pero una lágrima cayó por su mejilla.

Sintió que aquella flor pertenecía a alguien muy importante.

Alguien cuyo nombre ya no podía recordar.

En ese instante, muy lejos del reino, una joven despertó en un mundo desconocido.

Abrió los ojos.

No recordaba quién era.

No recordaba el reino.

No recordaba a Kael.

Solo llevaba una pequeña marca con forma de dos lunas unidas por una estrella en la muñeca.

Miró el cielo.

Y, sin saber por qué, sonrió.

Una voz suave susurró junto al viento:

—Toda historia que termina... también es el comienzo de otra.

Fin del Libro I: Los Noctarys – El Despertar de la Luna Negra

Continuará en el Libro II... 🌙🖤

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