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La Ciudad De La Mafia

La Ciudad De La Mafia

Status: En proceso
Genre:Mafia
Popularitas:226
Nilai: 5
nombre de autor: Arnold Alonso

una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?

NovelToon tiene autorización de Arnold Alonso para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La cuenta regresiva

El temporizador seguía avanzando.

53 minutos.

52 minutos.

51 minutos.

La enorme pantalla instalada en el hangar iluminaba los rostros tensos de Antonio Romano, Víctor Moretti y los hombres atrapados junto a ellos.

Nadie hablaba.

Nadie sonreía.

Todos comprendían que estaban dentro de una trampa cuidadosamente preparada.

Antonio observó la cuenta regresiva.

—Busquen todas las salidas.

—Jefe, ya revisamos las principales.

—Entonces revisen otra vez.

Los hombres se dispersaron inmediatamente.

Víctor se acercó.

—Si realmente colocó explosivos militares, estamos en problemas.

—Gracias por la noticia.

—Solo digo la verdad.

Antonio suspiró.

Por primera vez en años ambos estaban enfrentando algo más grande que sus propias organizaciones.

Más grande que cualquier guerra mafiosa anterior.

Mientras tanto, Gabriel conducía a toda velocidad bajo la lluvia.

Las gotas golpeaban el parabrisas mientras Sofía revisaba los planos de la base.

Verónica observaba en silencio.

Parecía estar recordando algo.

Finalmente habló.

—Hay una posibilidad.

Gabriel giró la cabeza brevemente.

—¿Cuál?

—Un centro de control.

—¿Qué tipo de centro de control?

—Cuando la base fue construida existía una sala desde donde podían activarse o desactivarse los sistemas de seguridad.

Sofía levantó la mirada.

—¿Incluyendo las puertas blindadas?

—Sí.

—¿Y los explosivos?

Verónica dudó.

—No lo sé.

Aquella respuesta no era suficiente.

Pero era mejor que nada.

En otra parte del complejo, oculto tras varias paredes de acero, un grupo de hombres observaba cámaras de seguridad.

Todos trabajaban para Mauricio.

Uno de ellos señaló una pantalla.

—Los túneles de mantenimiento.

—¿Qué ocurre?

—Detectamos movimiento.

El hombre sonrió.

—Gabriel Torres.

La noticia fue enviada inmediatamente.

Minutos después llegó la respuesta.

"Déjenlo entrar."

Antonio seguía recorriendo el hangar.

La cuenta regresiva continuaba.

46 minutos.

45 minutos.

Cada segundo parecía más rápido que el anterior.

Uno de sus hombres regresó corriendo.

—¡Jefe!

—¿Qué?

—Encontramos algo.

Antonio y Víctor lo siguieron.

El hombre los condujo hasta una zona oscura del hangar.

Detrás de unas cajas metálicas había una pequeña puerta.

Oxidada.

Casi invisible.

—¿A dónde lleva?

—No lo sabemos.

Antonio abrió lentamente.

Un túnel descendía hacia la oscuridad.

—Parece un acceso de mantenimiento.

Víctor sonrió.

—Al menos es algo.

A varios kilómetros de allí, Mauricio Varela observaba todo desde sus pantallas.

Uno de sus asistentes parecía preocupado.

—Encontraron el túnel.

—Lo sé.

—¿No deberíamos intervenir?

Mauricio negó.

—No.

—¿Por qué?

—Porque el túnel también forma parte del plan.

Aquella respuesta hizo que el hombre guardara silencio.

Mauricio parecía haber previsto cada movimiento.

Cada decisión.

Cada posibilidad.

Y eso era precisamente lo aterrador.

Gabriel, Sofía y Verónica finalmente llegaron a la instalación.

La lluvia seguía cayendo con fuerza.

Los tres descendieron del vehículo.

—¿Dónde está la entrada al túnel? —preguntó Gabriel.

Verónica observó el lugar.

Aunque habían pasado décadas, todavía recordaba parte de la estructura.

—Por aquí.

Comenzaron a avanzar.

El viento soplaba con violencia.

Las luces del complejo brillaban en la distancia.

Parecía una fortaleza.

Y quizás lo era.

Dentro del túnel, Antonio lideraba el avance.

Las linternas apenas iluminaban el camino.

Las paredes estaban cubiertas de humedad.

Algunos sectores parecían a punto de derrumbarse.

—Este lugar se cae a pedazos.

—Esperemos que aguante una hora más —respondió Víctor.

Nadie se rio.

Porque no había nada gracioso.

Mientras avanzaban, Gabriel y los demás encontraron la entrada al sistema de mantenimiento.

La puerta estaba abierta.

—Eso es extraño —dijo Sofía.

Verónica también lo notó.

—Demasiado extraño.

Gabriel observó la oscuridad.

—¿Creen que nos están esperando?

—Probablemente.

La respuesta llegó tan rápido que nadie discutió.

Al mismo tiempo, Ciudad Oscura seguía ardiendo.

Los ataques de Mauricio continuaban.

Varios negocios vinculados a las familias mafiosas habían sido destruidos.

Algunos capitanes importantes desaparecieron.

Otros cambiaron de bando.

La guerra se estaba extendiendo.

Y Mauricio parecía estar ganando.

En el túnel, Antonio encontró una bifurcación.

Dos caminos.

Dos direcciones.

Se detuvo.

—¿Ahora qué?

Víctor observó ambas rutas.

—Podemos dividirnos.

—Ni loco.

—¿Por qué?

Antonio señaló la cuenta regresiva.

38 minutos.

—Porque eso es exactamente lo que él quiere.

Víctor lo pensó.

Y terminó asintiendo.

Por una vez, estaba de acuerdo.

Gabriel y su grupo avanzaban por otro sector del complejo.

De repente encontraron algo inesperado.

Una sala llena de archivos.

Miles de documentos.

Computadoras.

Servidores.

Sofía observó todo aquello.

—¿Qué es esto?

Verónica tardó unos segundos en responder.

—El centro de información.

Gabriel sintió un escalofrío.

—¿Aquí guardaba sus secretos?

—Muchos de ellos.

—¿Podemos destruirlos?

Verónica negó.

—No.

—¿Por qué?

—Porque primero necesitamos saber qué contienen.

A varios kilómetros, Mauricio observó una de las cámaras.

Y sonrió.

—Llegaron.

—¿A la sala de archivos?

—Sí.

—¿Era parte del plan?

La sonrisa se amplió.

—Todo es parte del plan.

Mientras tanto, Antonio y Víctor llegaron finalmente a una enorme puerta metálica.

Parecía mucho más moderna que el resto del complejo.

—Esto no estaba en los planos que encontramos.

—Lo sé.

Antonio observó el panel electrónico.

Seguía funcionando.

—Interesante.

Uno de los hombres intentó abrirla.

Nada.

Bloqueada.

Entonces escucharon un ruido.

Pasos.

Al otro lado.

Muchos pasos.

Todos levantaron las armas.

El silencio regresó.

Y entonces la puerta comenzó a abrirse lentamente.

Gabriel examinaba uno de los servidores cuando encontró algo alarmante.

—Verónica.

—¿Qué?

—Creo que encontré las finanzas de Mauricio.

La mujer se acercó.

Observó la pantalla.

Y quedó inmóvil.

—Dios mío...

—¿Qué pasa?

Verónica señaló una cifra.

Gabriel tardó varios segundos en comprenderla.

Después palideció.

Mauricio no era simplemente rico.

Era absurdamente rico.

Había acumulado recursos durante décadas.

Fortunas ocultas.

Empresas.

Inversiones.

Propiedades.

Dinero suficiente para financiar ejércitos privados.

De repente, una alarma diferente comenzó a sonar.

Más aguda.

Más rápida.

Más urgente.

Sofía observó una pantalla cercana.

—No me gusta eso.

Verónica se acercó.

Y sintió que la sangre se congelaba.

—Gabriel...

—¿Qué?

—La cuenta regresiva no era para los explosivos.

El periodista levantó la mirada.

—¿Qué dices?

—Era para otra cosa.

—¿Qué cosa?

Verónica observó los datos.

Y comprendió la verdad.

—Una transferencia.

—¿Qué transferencia?

—Todo su dinero.

El silencio fue absoluto.

—No entiendo.

—Mauricio está moviendo toda su fortuna.

—¿A dónde?

Verónica observó la pantalla.

—Fuera del país.

Gabriel sintió un escalofrío.

La base.

La trampa.

Los explosivos.

Todo había sido una distracción.

Mauricio quería mantenerlos ocupados.

Mientras realizaba el movimiento financiero más grande de su vida.

En el otro extremo del complejo, la puerta terminó de abrirse.

Antonio y Víctor apuntaron inmediatamente.

Pero no encontraron soldados.

Ni asesinos.

Ni explosivos.

Solo una sala enorme.

Y en el centro había una gigantesca pantalla.

La imagen de Mauricio apareció nuevamente.

Sonriendo.

—Felicitaciones.

Antonio apretó el arma.

—Voy a matarte.

—Lo dudo.

La sonrisa permaneció intacta.

—Porque mientras ustedes perseguían fantasmas...

La pantalla mostró gráficos financieros.

Transferencias.

Cuentas.

Movimientos bancarios.

—Yo estaba construyendo el futuro.

Víctor observó los números.

Y comprendió algo terrible.

Mauricio no estaba escapando.

No estaba huyendo.

Estaba preparándose para algo mucho más grande.

Mucho más peligroso.

Y aquella guerra mafiosa apenas había sido el primer paso.

La verdadera amenaza todavía estaba por llegar.

Continuará en el Capítulo 21...

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STEEBAN VALBUENA
EPICO!!!🔥🔥🔥
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