Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 12 – La llave oculta
La primera luz del amanecer se filtró entre las cortinas de la habitación.
Valeria apenas había podido dormir.
Sobre la mesa de noche seguían el pañuelo con las iniciales V. R., la fotografía antigua y la pequeña llave de bronce que Lucía le había entregado la noche anterior.
No dejaba de preguntarse qué relación existía entre aquellos objetos.
Uno por separado no significaba nada.
Pero juntos parecían formar parte de un mismo rompecabezas.
Tomó la llave entre sus dedos.
Era antigua, pesada y estaba finamente trabajada. En uno de sus lados tenía grabada una pequeña rosa.
—¿Qué puerta abrís...? —susurró.
Un suave golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos.
—Señora, ¿puedo pasar? —preguntó Lucía desde el otro lado.
—Claro.
La joven entró con una bandeja de desayuno.
—Pensé que quizá prefería desayunar aquí después de todo lo que pasó anoche.
Valeria sonrió.
—Gracias, Lucía. Sos muy amable.
La muchacha dejó la bandeja sobre una pequeña mesa.
Antes de irse, dudó unos segundos.
—Señora...
—¿Sí?
—Anoche... no le conté toda la verdad.
Valeria levantó la vista.
—¿A qué te referís?
Lucía bajó la voz.
—La llave no estaba sola.
Había un papel escondido junto a ella.
—¿Dónde está?
La empleada sacó un pequeño papel doblado del bolsillo de su delantal.
—Tuve miedo de que alguien me lo quitara.
Por eso lo escondí.
Valeria lo abrió cuidadosamente.
Solo había una frase escrita con tinta ya descolorida:
"El primer secreto duerme donde nacen las rosas blancas."
Valeria sintió un escalofrío.
Otra pista.
Otro acertijo.
—¿Alguien más vio esto?
Lucía negó con rapidez.
—Nadie.
Y creo que es mejor que siga siendo así.
Valeria tomó las manos de la joven.
—Gracias por confiar en mí.
Lucía sonrió.
—Usted fue la primera persona de esta casa que me trató como a una igual.
Nunca lo voy a olvidar.
Cuando Lucía salió, Valeria escondió el papel y la llave dentro de un pequeño joyero.
Estaba decidida a investigar por su cuenta.
Sin embargo, apenas abrió la puerta de la habitación, encontró a Adrián esperándola en el pasillo.
Vestía un traje gris oscuro y sostenía una taza de café.
—Buenos días.
—Buenos días.
Él la observó durante unos segundos.
—Tenés cara de no haber dormido.
Ella sonrió con ironía.
—¿Y vos sí?
Adrián miró su taza.
—Dormí tres horas.
—Entonces estamos empatados.
Por primera vez desde que se conocían, ambos rieron al mismo tiempo.
Fue un instante breve.
Pero alcanzó para sorprenderlos a los dos.
—Necesito hablar con vos —dijo Adrián.
—¿Es grave?
—No lo sé.
Bajaron juntos al despacho.
Víctor ya los esperaba.
Sobre el escritorio había varios documentos y fotografías distribuidas cuidadosamente.
También estaba Ernesto.
El ambiente era mucho más serio de lo habitual.
—¿Qué pasó? —preguntó Valeria.
Víctor apoyó una carpeta frente a ella.
—Anoche revisamos nuevamente las cámaras de seguridad.
Encontramos algo que antes había pasado desapercibido.
Adrián tomó una de las fotografías.
Era una captura de las cámaras exteriores.
En ella podía verse claramente la silueta de una persona caminando por los jardines.
Llevaba un impermeable oscuro.
Y parecía sostener una linterna.
—¿La encontraron? —preguntó Valeria.
—No.
Pero descubrimos algo más.
Víctor deslizó otra fotografía sobre la mesa.
Esta vez la imagen mostraba a la misma persona detenida frente al rosal blanco del jardín.
Justo el lugar mencionado en la nota que Lucía acababa de entregarle.
Valeria hizo un enorme esfuerzo por no demostrar sorpresa.
—¿Qué tiene ese lugar? —preguntó fingiendo curiosidad.
Víctor negó lentamente.
—Eso mismo queremos averiguar.
Adrián levantó la vista.
—Vamos a revisar el jardín esta misma mañana.
Valeria asintió con tranquilidad.
Pero por dentro, su corazón latía cada vez más fuerte.
Porque ella ya conocía la pista.
Y estaba convencida de que, bajo aquellas rosas blancas...
La esperaba una nueva verdad.
Menos de media hora después, el jardín principal estaba rodeado por varios guardias.
Los rosales blancos se mecían con el viento de la mañana, desprendiendo un delicado perfume que llenaba el ambiente.
Valeria permanecía en silencio.
Intentaba que nadie notara la inquietud que sentía.
Aquella nota había sido clara.
"El primer secreto duerme donde nacen las rosas blancas."
Ahora solo faltaba descubrir qué significaba realmente.
—Comiencen desde el centro del rosal —ordenó Adrián.
Los jardineros y guardias empezaron a remover la tierra con mucho cuidado para no dañar las plantas.
Pasaban los minutos.
No encontraban absolutamente nada.
Camila observaba la escena desde la terraza con una copa de café en la mano.
Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.
—Van a perder toda la mañana...
Alessandro, que estaba junto a ella, la miró de reojo.
—Parecés muy segura de eso.
Camila disimuló enseguida.
—Solo digo que están cavando por una simple sospecha.
Alessandro no respondió.
Pero aquella actitud quedó grabada en su memoria.
Valeria caminó lentamente alrededor del jardín.
No observaba el suelo.
Observaba las flores.
Había algo extraño.
Todas las rosas eran completamente blancas...
Excepto una.
Una única rosa tenía un leve tono rosado en uno de sus pétalos.
Se acercó despacio.
Se agachó.
Tocó la tierra con la mano.
Era mucho más blanda que el resto.
—Adrián...
Él se acercó inmediatamente.
—¿Qué pasa?
—Creo que deberían cavar acá.
El jardinero comenzó a retirar la tierra con una pequeña pala.
Cinco minutos después...
La herramienta golpeó algo duro.
—¡Señor!
Todos rodearon el lugar.
Con muchísimo cuidado retiraron el resto de la tierra.
Apareció una pequeña caja metálica cubierta por el óxido.
No era grande.
Cabía perfectamente entre las manos.
Adrián la levantó.
—Está cerrada.
Valeria sintió un vuelco en el corazón.
Sacó discretamente la pequeña llave de bronce que llevaba escondida en el bolsillo.
La observó unos segundos.
Era del mismo tamaño que la cerradura.
—Probá con esta.
Todos la miraron sorprendidos.
—¿De dónde la sacaste? —preguntó Adrián.
Valeria dudó apenas un instante.
—La encontré hace unos días.
Prefirió no mencionar a Lucía.
No quería ponerla en problemas.
Adrián introdujo la llave lentamente.
Giró una vez.
Luego otra.
Un leve "clic" rompió el silencio.
La cerradura se abrió.
Dentro de la caja había tres objetos.
Un reloj de bolsillo completamente detenido.
Un pequeño medallón de plata.
Y una fotografía doblada por la mitad.
Valeria tomó primero el reloj.
Las agujas marcaban exactamente...
Las 8:17.
Todos permanecieron inmóviles.
Nadie dijo una palabra.
Adrián observó el reloj con atención.
—Otra vez esa hora...
Víctor respiró profundamente.
Era evidente que aquello lo había afectado más de lo que quería demostrar.
Valeria abrió el medallón.
Estaba vacío.
Pero en la tapa interior había una inscripción.
"El tiempo jamás podrá separar lo que el destino decidió unir."
Aquellas palabras despertaron una extraña emoción en su pecho.
Como si las hubiera escuchado alguna vez.
Muy lejos.
Mucho tiempo atrás.
Quedaba la fotografía.
Valeria la desdobló con cuidado.
Mostraba a dos familias reunidas en los jardines de la mansión.
Todos sonreían.
Había niños jugando.
Personas abrazándose.
No parecía una reunión de enemigos.
Parecía una celebración.
—¿Qué es esto...? —susurró Isabella.
Víctor tomó la fotografía.
Su rostro perdió completamente el color.
—No puede ser...
Adrián miró a su padre.
—¿La conocés?
Él tardó varios segundos en responder.
—Sí...
Porque yo estuve ese día.
Todos quedaron sorprendidos.
—¿Quiénes son? —preguntó Valeria.
Víctor observó la fotografía con tristeza.
—Hace muchos años...
Los Moretti no tenían enemigos.
El silencio volvió a instalarse.
Valeria sintió que estaba a punto de escuchar algo importante.
Pero, una vez más, Víctor guardó silencio.
Camila apretó los puños con fuerza.
No quería que aquella conversación continuara.
En ese momento, Ernesto llegó corriendo desde la entrada principal.
Respiraba con dificultad.
—¡Señor Víctor!
—¿Qué ocurrió?
—Hay una persona en el portón.
Insiste en ver a la señora Valeria.
Dice que viajó miles de kilómetros para entregarle algo que le pertenece.
—¿Quién es? —preguntó Adrián.
Ernesto tragó saliva antes de responder.
—No quiso decir su nombre...
Solo dejó este mensaje.
El mayordomo extendió un pequeño papel.
Valeria lo tomó.
Al leer la primera línea, sintió que el mundo se detenía.
"Si querés conocer la historia de tus verdaderos padres... vení sola."
La hoja cayó lentamente de sus manos.
Y por primera vez desde que llegó a la mansión Moretti...
Valeria sintió que el pasado estaba llamando directamente a su puerta.