Hola aaa aquie le straigo otra historia nueva, espero que les guste y que le den mucho amor como a las demás..
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22 El rostro del villano
La mañana había comenzado con una calma engañosa.
Alisa decidió salir sola al jardín del Palacio Imperial antes de la reunión entre los grandes aristócratas.
Necesitaba despejar su mente.
Sin embargo, aquella tranquilidad terminó cuando una joven de cabellos dorados se colocó frente a ella.
Era Elena.
Durante unos segundos ambas permanecieron en silencio.
Hasta que Elena habló.
—Así que tú eres Alisa Beaumont.
Alisa sonrió con educación.
—¿Nos conocemos?
La joven negó lentamente.
—No.
Pero conozco la historia que debería estar ocurriendo.
Aquellas palabras desconcertaron a Alisa.
—¿Qué quieres decir?
Elena respiró hondo.
—Ese lugar... a su lado...
Debería ser mío.
Alisa frunció el ceño.
—No entiendo.
—Arion nunca debió enamorarse de ti.
El destino cambió desde que apareciste.
Me robaste el lugar que me pertenecía.
Alisa permaneció completamente confundida.
No comprendía de qué estaba hablando aquella muchacha.
Antes de que pudiera responder, Elena dio media vuelta y se marchó.
Dejando únicamente preguntas detrás de ella.
Mientras regresaba al Palacio Negro...
Alisa comenzó a sentir una extraña sensación.
Era la misma que había experimentado el día que encontró el libro blanco.
Alguien...
La estaba observando.
Aceleró un poco el paso.
El sonido de otros pasos apareció detrás de ella.
Giró.
No había nadie.
Siguió caminando.
Otra vez.
Los pasos.
Más rápidos.
Más cerca.
Su corazón comenzó a acelerarse.
Entonces, una figura encapuchada salió de entre los árboles con una daga en la mano.
Antes de que el desconocido pudiera alcanzarla...
Una llamarada negra atravesó el jardín.
El agresor salió despedido varios metros.
Arion apareció entre el humo.
Sus ojos brillaban con un intenso color carmesí.
Su espada apuntaba directamente al atacante.
—Te atreviste...
A intentar tocarla.
Los guardias rodearon inmediatamente al encapuchado.
Pero este rompió una pequeña esfera de cristal.
Una nube de humo cubrió el lugar.
Cuando desapareció...
El hombre había escapado.
Arion permaneció inmóvil.
Su expresión era aterradora.
No era únicamente enojo.
Era miedo.
Habían intentado hacerle daño a Alisa.
Y eso significaba que el enemigo ya no atacaba negocios ni difundía rumores.
Ahora iba directamente contra ella.
Aquella misma tarde...
El príncipe heredero pidió reunirse en privado con Arion.
—Debemos hablar.
Arion aceptó.
Se encontraron en una sala alejada del resto del palacio.
El príncipe habló sin rodeos.
—Mi padre quiere separarlos.
Arion permaneció en silencio.
—Lo escuché personalmente.
Está convencido de que la profecía traerá una desgracia.
Y alguien está aprovechando ese miedo para manipularlo.
Arion entrecerró los ojos.
Aquella información explicaba demasiadas cosas.
Pero antes de que pudiera responder...
Las puertas del despacho se abrieron violentamente.
Un mensajero entró jadeando.
—¡Mi señor...!
¡Ha ocurrido una desgracia!
La residencia Beaumont estaba rodeada por soldados.
Varios carruajes médicos permanecían frente a la entrada.
Alisa descendió del carruaje casi sin respirar.
—¡Padre!
Entró corriendo.
Encontró al barón Harold recostado sobre una cama.
Su ropa estaba cubierta de sangre.
Había sufrido un terrible accidente cuando regresaba de investigar el sabotaje del barco.
Alisa cayó de rodillas junto a él.
—No...
No, por favor...
Harold sonrió con enorme esfuerzo.
—Mi niña...
Escúchame...
Sacó un sobre arrugado de debajo de la manta.
Lo colocó en las manos de su hija.
—Encontré...
La prueba...
Descubre... la verdad...
Su mano cayó lentamente.
Y su respiración se apagó para siempre.
—¡PADRE!
El grito de Alisa hizo estremecer toda la habitación.
Horas más tarde...
Ya en el Palacio Negro...
Alisa permanecía sola con el sobre.
Temblando.
Con lágrimas aún recorriendo su rostro.
Finalmente lo abrió.
Dentro había documentos comerciales.
Órdenes de pago.
Y una copia de un contrato.
En todos aparecía el mismo sello.
El emblema de la Casa Drakhar.
La residencia comenzó a dar vueltas ante sus ojos.
En ese instante entró Arion.
—Alisa...
Ella levantó lentamente la mirada.
Había dolor.
Pero también desconfianza.
Le mostró los documentos.
—¿Qué es esto?
Arion los tomó.
Su expresión cambió apenas un instante.
—¿Dónde los conseguiste?
—Mi padre murió intentando entregármelos.
El silencio fue absoluto.
—Respóndeme.
¿Tuviste algo que ver con el accidente del barco?
Arion cerró lentamente los ojos.
Sabía perfectamente que aquellos documentos estaban manipulados.
Pero también comprendió algo mucho peor.
Quien había preparado aquella trampa conocía los archivos de su propia familia.
Alisa volvió a preguntar.
Con la voz quebrada.
—¿Fuiste tú?
Él permaneció inmóvil.
Después respondió con una frialdad que jamás había mostrado frente a ella.
—¿Y si lo hubiera sido?
Alisa retrocedió un paso.
—¿Qué...?
Arion levantó lentamente la mirada.
Su rostro volvió a convertirse en el del temido Archiduque.
El hombre al que todo el Imperio llamaba "el villano".
—¿Olvidaste quién soy?
No soy un héroe.
Nunca lo fui.
Soy el hombre que hizo temblar reinos enteros.
El dragón al que todos aprendieron a temer.
Si algún día decidiera destruir una flota...
Nadie podría impedirlo.
Las lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Alisa.
—Entonces...
¿No vas a negarlo?
Arion desvió la mirada.
No podía revelar que alguien estaba utilizando el sello de su casa sin poner en riesgo una investigación que apenas comenzaba.
Pero su silencio...
Fue la peor respuesta posible.
Alisa retrocedió lentamente.
—Necesito estar sola.
Subió corriendo las escaleras.
Entró en su habitación.
Cerró la puerta con llave.
Y, por primera vez desde que se conocieron...
Lloró desconsoladamente.
Al otro lado de la puerta, Arion permaneció inmóvil.
Con el puño cerrado.
Escuchando cada uno de sus sollozos.
Y comprendiendo que el enemigo había conseguido algo que ninguna espada había logrado jamás.
Romper el corazón de la única mujer que había conseguido derretar el suyo.
Gracias autora /Heart//Rose//Heart/