Entre cadenas y cicatrices
Antes de convertirse en asesinos, estrategas o mafiosos... fueron niños que solo querían ser amados.
Siete hombres marcados por el abandono, el dolor y los secretos del pasado terminan reuniéndose en la poderosa Mafia Portuaria. Allí descubrirán que las cadenas más difíciles de romper no son las del crimen, sino las que nacen del miedo, la obsesión y la necesidad de pertenecer.
Mientras intentan sobrevivir en un mundo donde un solo error significa la muerte, un misterioso enemigo comienza a mover las piezas desde las sombras. Su nombre es Kaiser Himura, un hombre dispuesto a destruir todo con tal de obtener aquello que desea.
Traiciones, alianzas, violencia, romance, lealtades enfermizas y cicatrices que jamás terminaron de sanar se entrelazan en una historia donde el amor puede convertirse en la peor prisión.
Porque algunos nacen para ser héroes...
Ellos solo intentan sobrevivir.
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Capitulo 7 — La verdad detrás de las sonrisas
"Las personas más felices no siempre son las que menos sufrieron. A veces, las sonrisas más brillantes son las que esconden las heridas más profundas."
Desde que Yuki llegó a sus vidas, algo había cambiado.
El grupo ya no era solo un conjunto de personas que se habían encontrado por casualidad.
Ahora eran personas que empezaban a confiar entre ellas.
Pero confiar no significaba conocerlo todo.
Cada uno tenía una historia que todavía permanecía escondida.
Secretos que no habían sido contados.
Recuerdos que seguían esperando el momento correcto para salir a la luz.
Y entre ellos estaba Shuto.
A simple vista, parecía alguien seguro de sí mismo. Alguien que sabía qué hacer y cómo actuar en cualquier situación.
Siempre tenía una respuesta.
Siempre parecía tranquilo.
Pero nadie imaginaba que detrás de esa actitud existía una historia que había marcado su forma de ver el mundo.
Una noche, mientras hablaban entre ellos, la conversación llegó a un punto donde las personas comenzaron a hablar más de sí mismas.
Yuki observó a Shuto.
Había algo en su expresión que parecía diferente.
Como si una parte de él estuviera en otro lugar.
—¿Alguna vez has sentido que no quieres convertirte en alguien como tus padres? —preguntó Shuto de repente.
El grupo quedó en silencio.
No esperaban escuchar esa pregunta de él.
Shuto bajó la mirada.
—Mi familia no era como las demás.
Sus palabras fueron tranquilas, pero detrás de ellas había muchos años de recuerdos.
—Mis padres pertenecían a un mundo donde la confianza no significaba mucho. Ambos estaban relacionados con la mafia, y aunque ante los demás parecían una familia poderosa, dentro de casa todo era diferente.
Yuki escuchaba atentamente.
Shuto continuó.
—Mi padre engañaba a mi madre. Pero lo peor es que mi madre tampoco era diferente. Ella también buscaba fuera de la relación algo que nunca encontró en su matrimonio.
No había enojo en su voz.
Solo cansancio.
—Vivían juntos, pero en realidad estaban separados desde hacía mucho tiempo.
Para Shuto, crecer en ese ambiente significó aprender algo demasiado pronto.
Que las personas podían decir que se amaban y aun así destruirse mutuamente.
—Lo extraño es que, a pesar de todo, siempre me daban el mismo consejo.
Los demás lo miraron.
Shuto recordó aquellas palabras que escuchó durante años.
"Nunca te enamores."
"El amor es como una droga. Cuanto más lo pruebas, más delicioso se vuelve. Y cuando ya no puedes vivir sin él, es cuando más daño puede hacerte."
Aquella frase se quedó grabada en su mente desde niño.
Durante mucho tiempo pensó que tenían razón.
Que el amor solo era una debilidad.
Que entregar el corazón a alguien era darle el poder de destruirte.
—Por eso siempre pensé que mantener distancia era lo mejor —admitió Shuto—. Si nunca dejas que alguien se acerque demasiado, nunca podrán lastimarte.
El silencio volvió a aparecer.
Pero esta vez nadie lo miraba con lástima.
Lo miraban con comprensión.
Porque todos ellos sabían lo que era construir una barrera para protegerse.
Kento observó a Shuto con calma.
Sabía que una persona no se convierte en fría porque no tenga sentimientos.
A veces ocurre porque sintió demasiado y aprendió a protegerse.
Yuki pensó en algo.
Quizás todos ellos eran más parecidos de lo que imaginaban.
Todos tenían cicatrices.
Todos tenían miedo.
Todos habían aprendido a sobrevivir de diferentes maneras.
Pero tal vez, con el tiempo, también podrían aprender algo nuevo.
Que el pasado de sus familias no tenía que decidir quiénes serían en el futuro.
Porque aunque Shuto había crecido viendo un amor roto...
Eso no significaba que estuviera destinado a vivir una historia igual.
Y esa era una verdad que todavía tenía que descubrir.