Irene Blanch era una señorita proveniente de una familia tranquila, ella igual era alguien de muy bajo perfil, fue por eso por lo que Ezra Markov la eligió como su esposa luego de ser rechazada por su primer amor, Lina Lewel. Irene lo sabía, y acepto de todas formas, porque tampoco estaba enamorada de Ezra, solo vió los beneficios de ese matrimonio y los del divorcio en el que pensaba antes incluso de estar casada.
Irene nunca previo el cambio de actitud de su esposo ni tampoco los de ella misma. Menos aún que el primer amor de Ezra mostrara tanto interés en sus vidas.
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Capitulo 20
El beso fue suave… y cálido.
Una sensación inesperada recorrió a Irene, haciéndola estremecer levemente.
Sentir por primera vez los labios de alguien sobre los suyos resultó mucho más abrumador de lo que había imaginado. No era algo que hubiera previsto en absoluto.
Por un instante, su mente quedó en blanco.
Cuando Ezra finalmente se separó de ella, Irene seguía completamente sorprendida, incapaz de ocultarlo en su expresión. Sus ojos permanecieron abiertos, ligeramente aturdidos.
Ezra, en cambio, la observó con una sonrisa suave.
Sin decir nada más, entrelazó su mano con la de ella y la guio con naturalidad para descender los escalones del altar.
—Vamos, esposa… —susurró con una calidez inesperada.
Irene parpadeó.
Sacudió ligeramente la cabeza, apartando la sorpresa y aquella extraña sensación que aún le recorría el pecho.
No era el momento para perderse en pensamientos.
Volvió a concentrarse en su papel de recién casada.
Sonrió con delicadeza y asintió levemente mientras ambos se dirigían hacia la zona de la celebración.
Pronto comenzaron a acercarse los invitados.
Uno tras otro se aproximaban para ofrecer sus felicitaciones.
—¡Muchas felicidades, Duque y Duquesa!
—Duquesa, es un honor conocerla.
—Les deseamos una vida larga y feliz.
Ezra e Irene respondían con amabilidad, agradeciendo cada saludo con una sonrisa cortés.
Hasta que finalmente, frente a ellos, aparecieron la princesa heredera Lina y el príncipe heredero Eliott.
Irene noto algo de inmediato. Las sonrisas en sus rostros eran demasiado rígidas… demasiado frías para parecer sinceras. Sus palabras eran correctas, pero sus expresiones no reflejaban alegría alguna.
El primero en hablar fue Eliott.
—Realmente… que esto suceda me parece increíble —dijo con una sonrisa diplomática—. Pero estoy feliz por ustedes. De verdad deseo que puedan ser felices.
Ezra e Irene respondieron con un leve asentimiento.
Entonces, naturalmente, sus miradas se dirigieron hacia Lina.
Ella no los estaba mirando.
Su vista permanecía fija en el suelo.
Irene notó su puño cerrado con fuerza, la tensión marcada en su postura.
Finalmente, Lina levantó la mirada.
Sus ojos brillaban con una humedad evidente.
—Felicitaciones…
De pronto, una lágrima rodó por su mejilla.
La limpió con rapidez, como si se avergonzara de ello.
—Ah… disculpen… —dijo con voz temblorosa—. No puedo evitar llorar al ver a mi querido amigo dar un paso tan importante en su vida.
Alrededor de ellos algunos invitados murmuraron con simpatía.
—Qué sensible es la princesa heredera…
—Se nota cuánto aprecia al Duque.
Eliott rodeó suavemente el hombro de Lina.
—Cariño, siempre eres tan dulce… —dijo con tono afectuoso—. Me conmueves.
Sin embargo, la escena no pareció conmover en absoluto a Ezra.
Después de todo lo que había ocurrido entre ellos en los últimos meses, le resultaba difícil creer en la sinceridad de aquellas palabras.
Ni de Eliott.
Ni de Lina.
Con naturalidad, Ezra colocó su mano en la cintura de Irene y la atrajo ligeramente hacia él.
Irene se sorprendió apenas por el gesto.
—Mi esposa y yo agradecemos sus buenos deseos y su presencia —dijo Ezra con una sonrisa elegante—. Ahora, por favor, disfruten de la celebración.
Sus palabras fueron correctas.
Su tono, educado.
Pero la forma en que dio por terminada la conversación fue claramente cortante.
Lina y Eliott lo notaron de inmediato.
Irene también percibió aquella tensión.
— Tal vez…— pensó, — Ezra simplemente intenta evitar mirar demasiado a Lina. Debe ser difícil aceptar que no es ella quien está a su lado hoy...
Después de aquello continuaron recibiendo algunas felicitaciones más.
Hasta que finalmente llegó el momento del primer baile de los recién casados.
La música comenzó a sonar suavemente.
Ezra se giró hacia Irene y extendió su mano.
Ella la tomó.
Ambos caminaron hacia el centro de la pista mientras las conversaciones se apagaban a su alrededor. Durante la primera pieza, todos los invitados observarían únicamente a los novios.
La melodía comenzó.
Ezra colocó una mano en la espalda de Irene y la otra sostuvo la suya mientras comenzaban a moverse con elegancia.
Muchos invitados parecían sorprendidos.
Nadie esperaba ver al Duque tan… sonriente.
Incluso Irene lo notó.
—No sabía que el duque disfrutara tanto de bailar —comentó con una leve sonrisa.
Ezra la miró.
—Ezra.
Irene ladeó ligeramente la cabeza, confundida.
—¿Disculpe?
—Mi nombre —aclaró él, con una ligera tensión en la voz—. Ahora que estamos casados… deberías llamarme por mi nombre.
Irene parpadeó.
Tenía razón.
—Tienes razón… —respondió con una sonrisa suave—. Entonces tú también puedes llamarme cómodamente por mi nombre, Ezra.
Pronunció su nombre con naturalidad.
Pero para Ezra aquello resultó sorprendentemente… agradable.
Escuchar su nombre en labios de Irene le produjo una sensación extrañamente cálida.
—Lo haré… Irene —respondió.
Cerca de la pista, algunos invitados observaban el baile con interés.
—¿De qué estarán hablando?
—Se nota que se llevan realmente bien.
—No conocía a la novia, pero el Duque hizo una gran elección.
—Es absolutamente hermosa… y muy elegante.
—Digna de ser la Duquesa de Markov.
Un poco más atrás, Lina escuchaba cada una de esas palabras.
Y con cada elogio dirigido a Irene, algo en su interior hervía.
Desde su punto de vista, nada de aquello era real.
Ezra solo estaba cumpliendo con su obligación.
Porque en su corazón —estaba segura— no podía haber nadie más que ella.
— No pude impedir esta boda… pensó con rabia. Pero haré que te arrepientas cada día de tu vida, Irene Blanch, por atreverte a codiciar lo que no te corresponde...me encargaré de mostrarte a quien verdaderamente le pertenece Ezra Markov...— pensó, su mirada fija en ellos, llena de un odio que no podía controlar.
La música estaba llegando a su fin.
Pronto comenzaría la siguiente pieza, en la cual los invitados podían unirse al baile.
Y tradicionalmente, los novios dejaban de bailar entre ellos para compartir la pista con otros.
Una sonrisa segura apareció en los labios de Lina.
Era la oportunidad perfecta.
Cuando Ezra notó que la canción estaba por terminar, se inclinó ligeramente hacia Irene.
—Sigamos bailando juntos —susurró.
Pero apenas se separaron para realizar la reverencia final del baile…
Una mano tomó la de Ezra.
—Bailemos la siguiente pieza.
La voz era de Lina.
Al mismo tiempo, alguien se acercó a Irene.
El príncipe Eliott extendía su mano con elegancia.
—¿Me concede este baile, Duquesa?
En una situación así, ninguno de los dos podía negarse.
A los ojos de los invitados no había nada inapropiado en ello.
Para Irene tampoco era extraño.
El único que parecía realmente incómodo era Ezra.
La música comenzó nuevamente.
Lina sonrió.
—¿Olvidaste cómo bailar? —preguntó con ligereza.
Ezra se tensó.
Miró brevemente hacia el otro lado de la pista, donde Irene ya comenzaba a bailar con el príncipe.
Entonces, sin otra opción, empezó a moverse junto a Lina.
No quería provocar rumores ni tensiones… especialmente el día de su propia boda.
Hay Ezra m imagino tu cara de celos
estos celos me hacen daño me enloqueceeeen~🤣🤣
pobre ezra la cara que debe de tener