Una historia de amor y realeza 👑
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Capítulo 7: Un eco imposible de ignorar
La pieza estaba por terminar.
Los últimos acordes de la música llenaban el salón con una suavidad casi nostálgica, mientras las parejas giraban por última vez sobre el mármol pulido.
Pero Elliot…no podía dejar de pensar.
Polet.Su nombre resonaba en su mente una y otra vez.
Era… linda. Pero no solo eso.
Había algo más.
Algo que no lograba explicar.
Algo que lo inquietaba.
La música cesó.
El baile terminó. Y, sin soltarla de inmediato, Elliot sostuvo a Polet un segundo más de lo necesario.
Un instante breve… pero suficiente para que ambos lo notaran. Finalmente, la soltó.
—Gracias.— dijo él, con una voz más baja de lo habitual.
Polet hizo una pequeña reverencia.
—Gracias a usted… majestad.— respondió, aún nerviosa.
Caminaron juntos de regreso hacia donde se encontraba Aurora, quien los esperaba visiblemente emocionada, junto a los duques.
—¡Sabía que sería una buena idea!— susurró Aurora apenas llegaron, sonriendo de lado a Polet.
El duque Lancaster observaba en silencio, atento a cada gesto.
El duque Bourgeois, por su parte, parecía analizar la escena con más profundidad de la que dejaba ver.
Pero Elliot…ya no dijo nada más.
Ni una palabra. Ni una orden. Ni una mirada prolongada.
Simplemente hizo una leve inclinación de cabeza… y se retiró.
No era incomodidad, no era desinterés. Era todo lo contrario.
Su corazón no dejaba de latir con fuerza. Demasiada.
Como hacía años no ocurría.
Necesitaba aire.
Distancia.
Silencio.
Mientras caminaba por los largos pasillos del castillo, su mente no dejaba de repetir cada instante del baile.
Su voz. Su mirada. Sus palabras. "Incluso alguien tan fuerte como usted… puede verse triste."
Frunció el ceño levemente.
¿Cómo…? ¿Cómo alguien que apenas conocía… había visto eso en él?
En el salón, Polet permanecía en su lugar, intentando recuperar el aliento.
—Respira, por favor.— dijo Aurora divertida.
—Parece que acabas de sobrevivir a una guerra.—
—Creo que fue peor.— murmuró Polet, llevándose una mano al pecho.
—No puedo creer que… que bailé con él.—
Aurora sonrió.
—Y no te desmayaste. Estoy orgullosa.—
Polet la miró.
—Aurora… ¿por qué hiciste eso?—
—Porque alguien tenía que hacerlo.— respondió con naturalidad.
—Además…— bajó un poco la voz —nunca lo había visto así.—
—¿Así cómo?—
Aurora la observó con una pequeña sonrisa.
—Interesado.—
Polet negó de inmediato.
—No digas eso…—
Pero en el fondo… una pequeña duda comenzó a nacer.
La noche continuó.
Entre bailes, risas, conversaciones y miradas discretas.
Pero algo había cambiado. Y todos lo sentían.
Elliot no regresó al salón.
Ya en su habitación, el silencio lo envolvía por completo.
Se quitó lentamente los guantes. Luego la capa. Pero se detuvo. Algo llamó su atención. Su ropa. Cerró los ojos por un momento…y respiró. Ahí estaba.
Ese aroma.
Suave.
Dulce.
Inconfundible.
El aroma de Polet. Seguía impregnado en él.
Abrió los ojos lentamente, como si aquello lo hubiera tomado por sorpresa.
Caminó unos pasos, pensativo, inquieto.
—Esto no tiene sentido…— murmuró para sí mismo.
Pero no podía negarlo.
No podía ignorarlo.
Se acercó al ventanal.
La luna iluminaba tenuemente la habitación.
Y en ese silencio…su mente volvió a ella.
A sus ojos. Esos ojos color café, profundos, tranquilos, pero llenos de algo más.
Algo que lo había hecho detenerse, algo que lo había hecho…sentir.
—¿Quién eres… realmente?— susurró.
No esperaba respuesta.
Pero la pregunta quedó flotando en el aire.
Esa noche…
Elliot Varennes no durmió.
Y por primera vez en doce años…no fue el recuerdo de Rosetta lo que ocupó su mente.
Sino… una joven de vestido color café que apareció sin aviso y logró hacer temblar todo lo que creía inamovible.