📖 Sinopsis
Emma es una chica que siempre ha preferido el silencio. Desde niña, su timidez la mantuvo oculta tras las páginas de sus libros y las escenas de sus series románticas favoritas. Solo una vez fue valiente: cuando entregó una nota de papel preguntando: "¿Quieres ser mi novio?". Recibió un "Sí" de vuelta, pero el destino le arrebató ese amor el mismo día cuando sus padres la cambiaron de escuela sin previo aviso.
Años después, Emma trabaja en una fábrica de zapatos, atrapada en una rutina de cuero, máquinas y soledad, refugiándose en una cuenta de Instagram anónima donde escribe sus penas. Pero su mundo de cristal está a punto de romperse cuando recibe una notificación en su cuenta personal: “Hola, ¿tú eres Emma Rodríguez?”.
¿Es posible que el niño de la nota nunca la haya olvidado? ¿Podrá Emma superar su timidez antes de que el pasado se le escape de las manos otra vez?
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Capítulo 20: Entre el caos y el refugio (Continuación)
—No te rías, Julián, que casi me desmayo en ese bus —le reclamé, aunque una sonrisa empezaba a asomarse en la comisura de mis labios—. Sentía que el olor se me metía hasta en los poros. Creo que gasté medio bote de jabón y todavía me parece sentirlo.
Él seguía riendo, esa risa contagiosa que me hacía olvidar, aunque fuera por un segundo, la cara de amargura de mi jefe.
—Pobrecita mi princesa... —dijo recuperando el aliento, con los ojos brillando a través de la pantalla—. Pero mira el lado bueno: ya estás en tu sofá, hueles a flores y me tienes a mí para quitarte el mal humor.
Me quedé mirándolo un momento en silencio. A veces me asustaba lo mucho que lo necesitaba, lo fácil que era para él cambiarme el ánimo con solo una frase.
—Julián... ¿alguna vez nos vamos a ver de verdad? —solté la pregunta antes de que mi timidez me frenara.
El silencio se apoderó de la llamada. Vi cómo su expresión cambiaba, volviéndose más profunda, más seria. Se acomodó el cabello y suspiró.
—Sabes que es lo que más quiero en el mundo. Pero quiero que sea perfecto. No quiero que nos veamos con prisas o con el miedo de que mañana tienes que ir a esa fábrica a aguantar gritos. Quiero que cuando nos veamos, el mundo se detenga.
Sus palabras me dieron un vuelco al corazón, pero también me dejaron pensando. Había algo en su seguridad que a veces me hacía dudar, como si estuviera planeando algo que yo no sabía.
—Por cierto —continuó él, cambiando el tono para animarme—, tengo una sorpresa para ti. Pero no te la voy a dar por aquí.
—¿Qué sorpresa? ¡Dime! —insistí haciendo otro puchero, esta vez más exagerado.
—No, señorita. Los pucheros no funcionan esta vez. Solo te diré que tiene que ver con ese trabajo que tanto te agota. Tal vez las cosas cambien pronto, y no hablo de las amenazas de tu jefe.
Me quedé intrigada. ¿A qué se refería? Antes de que pudiera interrogarlo, escuché un ruido en la cocina de mi casa. Miré hacia la puerta, extrañada, pues se supone que estaba sola.
—¿Pasa algo? —preguntó Julián, notando mi distracción.
—No... creo que fue el gato. O quizás mis nervios por el día de hoy —respondí, aunque una sensación extraña me recorrió la espalda.
—Descansa, hermosa. Mañana será un día mejor, te lo prometo. Sueña conmigo.
Colgamos y me quedé mirando el techo, con el aroma de mi colonia envolviéndome. El silencio de la casa, que antes me daba paz, ahora se sentía diferente. Las palabras de Julián sobre "cambios" y ese ruido extraño en la cocina me dejaron una chispa de inquietud. ¿Era posible que mi vida diera un giro que no esperaba?
Cerré los ojos, tratando de invocar su imagen para dormir, pero en mi mente solo se repetía la voz de mi jefe: "Van a cambiar muchas cosas aquí".