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EL CACHORRO DEL ALFA

EL CACHORRO DEL ALFA

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Demonios / Brujas / Embarazo no planeado / Hombre lobo / Embarazada fugitiva / Completas
Popularitas:1.1M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Dayana, una loba nómada, se ve involucrada con un Alfa peligroso. Sin embargo un pequeño bribón hace temblar a la manadas del mundo. Daya desconcertada quiere huir, pero termina en... situaciones interesantes...

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 2 Dayana, querida.

El hechizo se rompió. Y con la luz del día, llegó el precio de haber danzado con el lobo más peligroso del bosque.

Un emisario de los Garfa Sanguina llegó, buscándola a ella para arrastrarla de vuelta, Dayana era hija de una loba de esa manada, pero ella nunca quiso ser parte, era nómada y no se había sometido. La tregua de la noche había terminado. Lycas, el Alfa, el protector de su manada, se puso frente a ella, pero su mirada ya había cambiado. La duda, la rabia de haber sido "engañado" por una loba de una manada deshonrosa, nubló el recuerdo de lo que habían compartido.

—¿Una Garfa Sanguina? —escupió alguien de su manada, y las palabras cayeron como un latigazo.

Lycas no la repudió, pero el daño estaba hecho. El hechizo se rompió. El hombre, que horas antes la había mirado como a un tesoro, ahora la veía como una amenaza, un error estratégico, una debilidad.

Dayana no esperó a oír la sentencia de sus labios. Con el corazón destrozado y su orgullo herido, huyó. Huyó más lejos de lo que nunca había estado, llevando consigo dos secretos: uno, el nombre de un hombre al que maldecía y anhelaba en igual medida; y otro, la semilla de su hijo, que comenzaba a crecer en su vientre.

En el presente.

La paz fue efímera. Mientras su pequeño, ahora calmado y sonriente, mordisqueaba una galleta en la cocina, una ráfaga de viento entró por la ventana entreabierta.

Dayana se quedó paralizada. El vaso que estaba lavando se le resbaló de la mano y estalló en mil pedazos en el fregadero, pero el sonido ni siquiera la hizo pestañear.

Su loba se erizó de golpe dentro de ella, gruñendo una alerta silenciosa y visceral.

Era un olor.

Una mezcla inconfundible y letal de pino negro, lluvia de montaña y poder alfa crudo. Un aroma que estaba grabado a fuego en su memoria, en su piel, en lo más profundo de su instinto. El aroma que había inhalado esa noche bajo el eclipse, el aroma que pertenecía a un solo hombre en el mundo.

—Lycas —murmuró sin siquiera pensarlo.

No. No es posible. Está a kilómetros de aquí. En sus tierras. Esto es solo… nostalgia, miedo. Se obligó a respirar hondo, tratando de calmar los latidos desbocados de su corazón. El viento juega conmigo. Trae aromas lejanos.

Pero su loba no se calmaba. Al contrario, se agitaba, inquieta y asustada. Era un olor demasiado cercano, demasiado presente.

Al día siguiente, la señal se hizo más tangible. En la única tienda del pueblo, la señora Eulalia, la comadre local cuyo hobby era saberlo todo de todos, le sujetó del brazo con urgencia dramática.

—Dayana, querida, ¿estás bien? —preguntó, sus ojos brillando con la emoción de tener noticias jugosas.

—Claro, señora Eulalia. ¿Por qué lo pregunta?

—Es que anoche llegaron forasteros al motel de la carretera. ¡Pocos, pero con un aire! Dígase lo que se diga, no son gente normal. Hombres grandes, de mirada… intensa. —Bajó la voz a un susurro conspirativo.

—Uno de ellos, el que parece mandar, preguntó por las casas abandonadas de los viejos leñadores, las que están al borde del bosque profundo. Justo por donde tú vives, ¿no? —dijo mirándola con curiosidad, podría ser que Dayana sepa más de ese chisme.

Dayana sintió que la sangre se helaba en sus venas. Las cabañas de los leñadores. El lugar perfecto para una manada de lobos establecerse de manera temporal y discreta. Lejos de miradas curiosas, pero lo suficientemente cerca para rastrear.

—¿Y… y cómo era ese? ¿El que mandaba? —logró articular con la garganta seca.

—¡Altísimo! Moreno, con una cicatriz aquí —la señora se pasó un dedo por el cuello, cerca de su clavícula.

—Y una presencia que… bueno, ¡hacía que a una se le olvidara hasta cómo se llama! Aunque parecía de mal humor, preguntando con esa voz ronca si alguien había visto por aquí a una mujer extraña.

Dayana no oyó el resto. El mundo perdió el sonido. Solo el latido frenético de su propio corazón resonaba en sus oídos. No era su imaginación. No era el viento.

Era él. Lycas estaba aquí. En su territorio. Preguntando por ella. Preguntando por su hijo. El pasado no solo las estaba alcanzando. Ya estaba en el pueblo, y olía su rastro.

Esa noche, Dayana abrazó a su hijo con una fuerza desesperada, sus ojos fijos en la ventana oscura, viendo sombras moverse entre los árboles donde antes solo había paz. Cada crujido de una rama, cada aullido lejano de un lobo real, le erizaba la piel.

La complicada situación había dejado de ser un secreto del pasado para convertirse en una amenaza tangible que olía a pino y tormenta, y que se cernía sobre su pequeña y feliz mentira.

Al día siguiente, una recelosa y nerviosa Dayana fue a su trabajo con un solo objetivo: renunciar e irse inmediatamente. Cada sombra le parecía moverse de forma extraña, cada susurro del viento sonaba como unos pasos acechantes. El aroma a pino y tormenta parecía haberse impregnado en el aire para ella sola.

Su amiga Caterina, que era nada más y nada menos que su amiga más querida, la vio cruzar la puerta e inmediatamente supo que algo andaba muy mal. Caterina era una loba, una Omega al igual que Dayana. Ella también había escapado de su manada, no dispuesta a someterse a los abusos y las humillaciones que su rango conllevaba. Su conexión era un hilo de complicidad y trauma compartido.

En cuanto la vio pálida y con los ojos desorbitados por el miedo, se acercó a ella, rodeándola con un brazo protector.

—Amiga, estás blanca como la cal —susurró, arrastrándola hacia un rincón vacío de la oficina.

—Parece que has visto un fantasma. ¿Qué pasa?

Dayana la miró con los ojos vidriosos, al borde del llanto.

—Cati... —su voz era un hilo quebrado

—Creo que él está aquí. El padre de mi hijo. Nos está rastreando. Debo irme, ¡rápido! —agarró el brazo de su amiga con fuerza desesperada.

—¿Me haces el favor? Préstame tu coche. Iré a tomar un bus al pueblo siguiente. Lo dejaré parqueado ahí con las llaves debajo de la llanta. Por favor, Cati, necesito huir antes del mediodía.

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Franciis Rios
excelente
Gladis Chavez Obregon
el imbecil se llena la boca diciendo mi hijo
y sin embargo no sabe cómo ser padre
Lisetty Acosta
PERFECTO T FELICITO 👍👏👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Monica Torti
Muchas felicidades 🥰🥰🥰
Monica Torti
EXELENTE HISTORIA TE FELICITO , ME GUSTÓ MUCHO , GRACIAS 👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Monica Torti
Muy emocionante historia 👏👏👏
Monica Torti
Daiana y Lucas por fin lograrán ser felices ❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️
Gladis Chavez Obregon
siiii a la yugular
Monica Torti
que tristeza pero se lo merecen , una muerte lenta
Monica Torti
Ahora es tarde para lamentos
Gladis Chavez Obregon
Dayana arranca la yugular a esa loba
Monica Torti
Está bien no se quedarán solos
Monica Torti
Que capitulo
Monica Torti
Qué Lycas no pierda su manada el no es malo
Monica Torti
que castigos hay para lastres malditas y pobre madre
Monica Torti
Ahora que vas hacer con tus hermanas inútil
Monica Torti
Cómo 4 meses en la novela renacer del alfa ella tuvo 9 mes
Monica Torti
Oscar es tremendo creía de Lycas era un insulto que su mamá decía 🤪🤪🤪
Monica Torti
estás hermanas son un dolor de huevo
Monica Torti
Pobre Miguel que en shock y toda la manada estaba atenta a lo que pasaba 🤭🤭🤭🤭🤭
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