Renace en un mundo mágico, dispuesta a cambiar su destino, recuperar lo que le pertenece y vengarse de quienes la lastimaron.
*Esta novela pertenece a un mundo*
**Todas las novelas son independientes**
NovelToon tiene autorización de LunaDeMandala para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Viaje 1
Una hora después…
Las puertas de la mansión Wright se abrieron por última vez para Ophelia.
El aire de la tarde estaba frío, pero limpio.
Libre.
El gran carruaje del duque esperaba al frente, imponente, oscuro, con detalles que hablaban de riqueza y poder sin necesidad de exageración.
A un lado, otro carruaje más cómodo estaba preparado para los asistentes.
Nanny ya estaba ahí, aún murmurando para sí misma:
—Una locura… todo esto es una locura…
Pero no se movía.
No se iba.
Se quedaba.
Como siempre.
Ophelia salió con paso ligero, sin mirar atrás.
Ni a su padre.
Ni a Ivy.
Ni a nadie.
Porque ya no importaba.
Subió al carruaje principal sin dudar.
El duque la siguió.
Y en cuanto la puerta se cerró…
El carruaje comenzó a moverse.
Por dentro, el espacio era amplio, cómodo… cálido.
Pero lo que más destacaba era ella.
Ophelia.
Que no podía quedarse quieta.
Sus ojos brillaban.
Miraba por la ventana.
Luego al duque.
Luego otra vez afuera.
Ansiosa.
Expectante.
Feliz.
Y él…
No pudo evitar sonreír.
Esa energía.
Esa emoción tan poco contenida…
Era contagiosa.
Le hizo un pequeño gesto con la mano.
—Venga.
No dijo más.
No necesitaba hacerlo.
Ophelia no dudó.
Literalmente saltó hacia él.
El duque parpadeó apenas.
Sorprendido.
Porque sí, esperaba que se acercara…
Pero no que se lanzara de esa forma.
[Definitivamente es un conejito]
Uno sin miedo.
O sin sentido del peligro.
Pero ya era tarde.
La tenía encima.
Y sin perder la compostura, la sostuvo con firmeza y la acomodó sobre su regazo, ajustándola con naturalidad, como si ese fuera su lugar desde siempre.
Ophelia sonrió.
Cómoda.
Como si no hubiera nada extraño en la situación.
Se inclinó un poco y dejó un beso suave en su mejilla.
—¿El viaje es largo?
El duque asintió.
—Lo suficiente.
—Entonces… aprovecharé de dormir.
No hubo ceremonia.
No hubo duda.
Solo unos minutos.
Y su respiración se volvió lenta.
Profunda.
Se quedó dormida.
Completamente.
En sus brazos.
El duque la miró.
En silencio.
Esa misma joven que lo había desafiado, besado, provocado… ahora dormía con total confianza.
Sin defensas.
Sin cuidado.
Y algo en eso…
Le resultó extraño.
Pero no desagradable.
Al contrario.
Bajó la mirada hacia su rostro tranquilo.
Y una leve sonrisa apareció.
—Nunca pensé… llevarme nada de Bernicia…
Sus dedos se ajustaron ligeramente alrededor de ella.
Protector.
Firme.
—Y ahora llevo una esposa pequeña… traviesa…
Sus ojos se entrecerraron levemente.
—…y de sabor dulce.
El carruaje avanzaba en silencio.
Pero dentro…
Algo más se movió.
Sutil.
Casi imperceptible.
El duque apenas movió una mano.
Y una fina bruma oscura, como humo negro, se deslizó suavemente por el interior, disipándose sin tocarla.
Como si respondiera a él.
Como si fuera parte de él.
Y aun así…
Ophelia no se movió.
Siguió durmiendo.
Ajena a todo.
Segura.
Mientras el carruaje se alejaba cada vez más de la mansión Wright…
Y la historia que dejaba atrás.
Horas después, el traqueteo constante del carruaje cambió.
Se volvió más lento.
Más irregular.
Ophelia abrió los ojos lentamente, desorientada al principio, hasta que recordó.
El viaje.
El duque.
Sunderland.
Se movió apenas y sintió el brazo firme que aún la rodeaba.
El duque bajó la mirada hacia ella.
—Pararemos en una posada.. Comeremos y luego continuaremos.
Ophelia asintió, aún un poco adormilada, pero en cuanto el carruaje se detuvo, su energía volvió casi de inmediato.
Bajó primero.
El aire fresco le golpeó el rostro y estiró los brazos con un pequeño suspiro.
—Ah… necesitaba eso…
No tuvo que esperar mucho.
—¡Mi niña!
Nanny apareció casi de inmediato, como si hubiera estado contando los segundos.
—Vamos a comer —dijo, tomándola suavemente del brazo.
Ophelia giró el rostro hacia el duque, buscando aprobación.
Él asintió.
Suficiente.
—Vamos —respondió ella con una sonrisa.
Dentro de la posada, el ambiente era cálido.
Lleno de voces.
Movimiento.
Ophelia comió con ganas.
De verdad.
Como alguien que no había tenido un momento tranquilo en días.
Habló.
Sonrió.
Incluso intercambió algunas palabras con personas cercanas.
Natural.
Ligera.
Como si no fuera una futura duquesa… ni una joven que acababa de huir de su casa.
Pero no todos compartían esa ligereza.
Los hombres del duque la observaban.
Con atención.
Con cierta desconfianza.
Y un recelo apenas disimulado.
Ella lo notó.
Claro que lo notó.
Pero no le importó.
No realmente.
Nanny, en cambio…
Sí.
Miraba de reojo.
Tensa.
Como si temiera que en cualquier momento alguien dijera algo.
Pero nada ocurrió.
Cuando Ophelia terminó de cenar, limpió sus manos con cuidado y sonrió.
—Gracias, Nanny.. por todo.
La mujer suspiró.
—Siempre, mi niña.
Ophelia se levantó.
Y entonces lo buscó.
No fue difícil encontrarlo.
El duque estaba de pie, hablando con varios de sus hombres.
Serio.
Concentrado.
Dando indicaciones.
Mapas sobre la mesa.
Rutas.
Seguridad.
Estrategia.
Ophelia se detuvo a cierta distancia.
Dudó.
No quería interrumpir.
No en ese momento.
Pero entonces..
Él la vio.
Y su expresión cambió.
Levemente.
Pero lo suficiente.
Sonrió.
Y eso…
No pasó desapercibido.
Sus hombres se miraron entre sí.
Sorprendidos.
Porque no era una sonrisa cualquiera.
Era… genuina.
El duque extendió un brazo hacia ella.
Sin palabras.
Una invitación clara.
Ophelia no dudó.
Se acercó de inmediato.
Como si ese gesto fuera suficiente.
Como si perteneciera ahí.
Se colocó a su lado.
Cerca.
Muy cerca.
Y alzó el rostro hacia él con una expresión suave.
Casi infantil.
—¿Ya comió?
Su voz fue dulce.
Cálida.
El duque asintió.
—Sí.
Ophelia sonrió.
Satisfecha.
—Qué bueno…
Y comenzó a apartarse.
Pensando que estaba ocupado.
Que no debía quedarse.
Pero no llegó lejos.
Porque él no retiró la mano de su cintura.
Al contrario.
La sostuvo.
Con firmeza.
Acercándola ligeramente más.
Su brazo prácticamente la rodeaba por completo.
Como si fuera lo más natural del mundo.
Los hombres del duque dudaron.
Se miraron.
No sabían si continuar hablando.
Si callar.
Si fingir que nada pasaba.
Pero el duque…
No cambió en absoluto.
—Seguiremos por la ruta del norte.. Evitaremos el paso principal.
Su voz volvió a ser firme.
Estratega.
—Refuercen la vigilancia en el segundo carruaje.
Los hombres reaccionaron de inmediato.
—Sí, mi señor.
Pero el ambiente ya no era el mismo.
Porque ahora…
Mientras hablaba de rutas y seguridad…
Sostenía a Ophelia contra él.
Como si fuera parte de su mundo.
Como si ya no hubiera separación entre sus decisiones… y ella.
Y Ophelia…
No dijo nada.
No se apartó.
Solo se quedó ahí.
Observando.
Escuchando.
Aprendiendo.
Con una pequeña sonrisa… que no desaparecía.